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MUNDIARIO

Maduro fracasó en Rusia

No hay que ser un genio del análisis para darse cuenta de que el respaldo de sesenta de las democracias más importantes del planeta a la Asamblea Nacional, además del Informe Bachelet y sus consecuencias, han replanteado el tablero.
Maduro fracasó en Rusia
Nicolás Maduro y Vladimir Putin. / RRSS
Nicolás Maduro y Vladimir Putin. / RRSS

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Henrique Capriles

Henrique Capriles

El autor, HENRIQUE CAPRILES, es abogado. Pertenece al partido Primero Justicia y fue candidato a la Presidencia de Venezuela. Tras ser gobernador de Miranda es uno de los líderes de la oposición democrática de Venezuela. @mundiario

La reciente visita de Nicolás Maduro a Rusia fue un rotundo fracaso. Así mismo. Sin matices. Sin mentiras. Sin evasiones. Es necesario decirlo con todas las letras, porque ya el aparato de propaganda roja está repitiendo mentiras por ahí, con la intención de hacerle creer a la gente que un fraude como él tiene la capacidad política de ofrecer, de negociar, de pedir.

Hoy todo el mundo sabe que Nicolás Maduro lo único que puede pedir es cacao y lo único que puede ofrecer es su renuncia, porque su salida del Poder es inevitable. Empecemos por las verdades que más dolieron en Miraflores.

La primera es que ya se supo que lo que en VTV insisten en llamar “una visita provechosa” no fue otra cosa que un jalón de orejas. A Maduro le aceptaron recibirlo en Moscú pero para regañarlo como a un muchacho y lo mandaron a buscar la manera de conseguir un acuerdo nacional pero real. Y la segunda es que no le prestaron ni un dólar o euro.

El asunto es que desde hace rato el usurpador y su combo quieren hacer ver eso que llaman el Caso Venezuela como un conflicto entre Rusia y Estados Unidos. ¡Imagínense ese desespero! Tener que apelar a la retórica de la Guerra Fría de hace casi cuarenta años, con la única intención de lucir como unas víctimas, cuando ya el Informe Bachelet dejó ver al planeta entero que su inoperancia y su indolencia están matando a los venezolanos.

Cabe preguntarse por qué hacen esto. Y para eso tenemos que hacer memoria y no quedarnos en el análisis básico de buenos y malos, porque hoy la Política nos demanda ver más allá y así entender qué hay detrás de todo esto. Así que vayamos dos años atrás, como recuerda este artículo de The New York Times.

A finales de 2017, con el país encendido en protestas de punta a punta y lo que le quedaba de popularidad a Maduro en estrepitoso descenso. Más allá de las protestas, en Miraflores estaban más que asustados porque no iban a poder cubrir los pagos de la deuda.

Le tocaron la puerta a Rusia y Putin le lanzó la tercera «ayudaíta» en ese mismo año, cuando reestructuraron una nueva deuda de tres mil millones de dólares. Sé que dicho así suena a mucho, pero no es así cuando se considera que en ese momento la deuda de Venezuela con Rusia se calculaba en ciento veinte mil millones de dólares. Una vainita, ¿no?

En resumen: hace dos años los problemas que tenía Maduro sumaban un país con protestas en cada esquina y el pago de un bono de PDVSA 2017 que no tenía prórroga. Es decir: sus fuerzas de seguridad asesinando a manifestantes en las calles y acreedores esperando mil doscientos millones de dólares por sus bonos.

Y aun así, en un contexto tan difícil y comprometido ante la opinión pública, al Kremlin no le tembló el pulso y sacaron la chequera, para prestarle al moroso y maula de Nicolás Maduro la plata que necesitaba para resolver. ¿Qué pasó esta vez, dos años después, cuando desde Miraflores quieren fingir que todo está bajo control? En el momento en que todas las excusas de la dictadura se basan en las sanciones y en que «el imperio» no los deja mover la plata, van hasta Moscú y no les prestan ni medio partido por la mitad.

¿Cuál es la diferencia entre 2017 y ahora, como para que hayan hecho que el usurpador se devolviera, como dice la canción, arrastrando la cobija y ensuciando el apellido? Tanto han cambiado las cosas que Nicolás Maduro no había terminado de aterrizar en Moscú cuando ya los voceros del gobierno ruso estaban desmintiendo la firma de cualquier acuerdo, de cualquier negocio, de cualquier préstamo.

Y mientras el avión volvía a Maiquetía, el propio Vladimir Putin declaraba sobre una negociación que al parecer desconoce, al mismo tiempo que advertía que de ayudas económicas nada: cuando mucho unas vacunas contra la gripe como parte de una ayuda humanitaria que durante años negaron.

¿Es por países como Rusia que estamos dejando de fomentar vínculos y programas comerciales con Colombia o Brasil, nuestros socios naturales? ¿Por Turquía, Siria, Corea del Norte? ¿Son esos totalitarismos los «socios comerciales» de Venezuela?

A mí, al menos en el caso de Rusia, me suena más bien como un acreedor que se negó a seguir financiando la sinvergüenzura de unos incapaces a quienes sólo le quedan como “aliados” Corea del Norte, Turquía, Siria, Nicaragua y Cuba, la infaltable en la ecuación. En Bolivia ya ni los nombran, en Uruguay salvan el voto y en Argentina el kirchnerismo parece estar rompiendo todas las fotos en las que salen juntos. De resto, no les queda sino puro terrorismo y malandreo.

Así que repito la pregunta: ¿cuál es la diferencia entre el Nicolás Maduro de 2017, al que le prestaban plata y le daban apoyo, y el de ahora? No hay que ser un genio del análisis para darse cuenta de que el respaldo de sesenta de las democracias más importantes del planeta a la Asamblea Nacional, además del Informe Bachelet y sus consecuencias, han replanteado el tablero.

Todo esto, sumado a las sanciones, ponen en evidencia que nunca quisieron hacer una revolución: lo único que querían era montar un negocio para forrarse de plata a expensas del Pueblo. Un negocio enorme, caníbal, insostenible.

Ahora que no tienen plata y, para más, destrozaron la industria petrolera, se dan cuenta de que nunca tuvieron un piso político serio, sino un caldo de cultivo para mafias.

Así que no nos quedemos en el jueguito de la Guerra Fría, creyendo que todo es un asunto de Estados Unidos versus Rusia. Un capricho de Trump y Putin. No. Esto es más complejo que eso y el fracaso del viaje de Maduro a Rusia lo ha puesto en evidencia.

Rusia ya no es un monstruo económico. Eso cambió, porque después de que cayó la cortina de hierro el mundo entero cambió. Hay países de Europa que, como resultado natural de las alianzas, tienen un impacto comercial mayor que el Kremlin, que hoy es un área de importante impacto político donde saben muy bien dónde está el dinero.

Y la situación de China con la «revolución bolivariana» no está muy lejos de lo que acabo de describir de Rusia: ya no sueltan plata porque un modelo político capaz de quebrar a un gigante como PDVSA no es negocio para nadie. Además, la relación comercial de Rusia con América Latina y con Estados Unidos mueve una cantidad de dólares tan grande que no se pondrá en riesgo por la irresponsabilidad de un usurpador.

¿Qué está esperando Rusia para ponerse del lado de la solución? Aquí caben muchas conjeturas, que van desde los negocios pendientes hasta la soberbia, pasando por la real politik. Sin embargo, igual habrá que recordarle a Putin que en su mensaje dirigido a la oposición venezolana debe empezar a considerar que quien se paró de la mesa fue Nicolás Maduro, el mismo que acaba de pasar por su patio pidiendo cacao.

Tanto Putin como Trump, tanto en la Casa Blanca como en el Kremlin, tienen que entender que lo que queremos los venezolanos es elegir libremente y en democracia. Y para eso es urgente generar unas condiciones mínimas que han sido definidas claramente desde enero de este año. Ahí hay una ruta que, con sus tropiezos, hemos seguido con la esperanza de que aquí no se está jugando el futuro de Moscú ni de Washington, sino el de los venezolanos. Y ese futuro tendrá una incidencia directa en toda la región, de modo que no estamos para guachafitas.

Y por eso debemos interpretar el fracaso del viaje de Nicolás Maduro como una demostración de que seguimos avanzando hacia la recuperación de nuestra Libertad y nuestra Democracia, porque incluso los aliados históricos de la dictadura se han dado cuenta de que ya no tiene sentido mantenerlos ahí. En la historia queda claro: las dictaduras siempre empiezan a caer por su propio peso, así que este fracaso de Maduro en Moscú no es sino un síntoma de que avanzamos. ¡Qué Dios bendiga a nuestra Venezuela! @mundiario