De las luces de Navidad al cambio de paradigma por la Covid-19

Diez millones de luces led componen el alumbrado navideño de Vigo. / RTVE
Diez millones de luces led compusieron el alumbrado navideño de Vigo. / RTVE
Lo que no ha comprendido el alcalde de Vigo es que el cambio de paradigma que vivimos con la Covid-19 también le alcanza.
De las luces de Navidad al cambio de paradigma por la Covid-19

Es de sabiduría popular los excesos y derroches que desde hace años los alcaldes de nuestro país llevan como insignia en sus administraciones. En la gran mayoría de los casos, los famosos “compromisos de campaña” comprenden también transformar la nómina de los ayuntamientos en agencias de colocación y en el cumplimiento de gastos fastuosos. Si se trata de gastos superfluos, en Vigo se ha hecho norma competir por quien trae las mejores y más numerosas lucecitas navideñas y las instala antes en el mundo. En pleno mes de agosto Abel Caballero con el inicio de la instalación de las luces navideñas ha convertido la ciudad en DisneyWorld, como bien señala El Correo Gallego.

Qué importa que en la ciudad agonice su tejido industrial, no importa que necesitemos más escuelas para nuestros niños, que los miles de autónomos hayan perdido toda esperanza de recuperar sus negocios o que el ingreso vital mínimo no haya llegado a casi nadie... ¡Qué va!, esas pequeñeces pueden esperar, lo importante es darle al pueblo pan y circo. Claro, todo el glamour y despilfarro de la fiesta de las luces de Navidad es con cargo a los contribuyentes, cientos de miles de euros gastados a través de las arcas municipales, para que no se pierda la tradición.

Lo que no ha comprendido el alcalde de Vigo es que el cambio de paradigma que vivimos con la Covid-19 también le alcanza. En el ayuntamiento se tiene que comprender que para poder llevar a cabo una política de compromiso con los vecinos infectados y con todos los que vayan a serlo, de ahora en adelante tendrán que dar un giro de 180 grados, comenzando por eliminar los gastos superfluos que se volvieron tradición durante años y continuando con ingenierías administrativas en sus acciones, austeridad, responsabilidad en el gasto y sobre todo aprender a recaudar de una mejor manera las contribuciones de las que el municipio es responsable.

Ha terminado el tiempo del populachero municipalista para trabajar con rigor y eficiencia en esta crisis permanente de la pandemia. @mundiario

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