Los recortes de derechos,el paro y la corrupción dibujan el más sonalesco de los paisajes

El tejido social español se encuentra gravemente deteriorado por políticas irresponsables impulsadas desde instancias percibidas cada vez más como algo lejano y despótico.
Los recortes de derechos,el paro y la corrupción dibujan el más sonalesco de los paisajes

Sol17-A

Manifestación en Madrid

Con los dramáticos tonos de fondo que la crisis extiende, prolongando el sufrimiento social, mientras se despiezan en la carnicería financiera aquellos derechos que se socializaron para extender el acceso a la sanidad, la educación, el trabajo y la vivienda a los sectores sociales más desamparados, la devastación de la democracia y el Estado de Derecho se extiende por la degeneración política que corroe el sistema de partidos en España y tiene en la corrupción uno de sus síntomas más evidentes. El marco social creado por los recortes de derechos impuestos desde BruselasBerlín mediante la asfixia financiera, en combinación con la opaca atmósfera diseminada por los casos de corrupción, que difumina y borra la vitalidad ética y política del sistema, propician un recelo y una desconfianza crecientes de la ciudadanía hacia la llamada clase política, que puede llegar a la ruptura y el divorcio, propiciando situaciones que sólo pueden llevar a una crisis de las instituciones democráticas sin precedente alguno.

Esta sociedad, brutalmente castigada por el paro, a la que se ha sometido, más que a la liberalización del mercado laboral, a su encorsetamiento en unos parámetros de supuesto beneficio empresarial, que la mala política de un Gobierno a estas alturas tocado por la corrupción del partido que lo sostiene, no ha hecho más que empeorar, puede entrar en crisis de forma precipitada y súbita. En ese caso, no habrá condiciones adecuadas para invertir y crear trabajo porque la conflictividad se puede convertir en un factor erosivo de difícil gestión, sin perjuicio del aumento de la actividad delictiva, que tensará las relaciones sociales y retroalimentará la violencia.

Nuevamente se alzan el feo rostro de una España depauperada, lastrada por la corrupción política y la descomposición moral, frente a unas élites distantes que habitan el mundo de la política oficial, manejan el presupuesto gracias a la información privilegiada y la posición ventajosa lograda mediante el medro y el sometimiento de las instituciones a sus propósitos de disfrute de un poder sin fundamentación ética sólida ni arropamiento realmente democrático. Los políticos aparecen como las facciones enfrentadas en un motín naval, peleando con artimañas poco edificantes al objeto de apropiarse del timón de una nave a la deriva donde el pasaje, entregado sin esperanza al fatum, observa atónito, paralizado y amargado cómo la gobierne quien la gobierne los modos y el destino son los mismos, perecer bajo el vientre hosco de la tormenta o astillarse en pedazos sin encontrar la paz de una segura ensenada.

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