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MUNDIARIO

Hay logros pero también retos pendientes de la presidencia alemana en la Unión Europea

La canciller Angela Merkel asumió el 1 de julio pasado la presidencia semestral rotatoria de la Unión Europea. Después de la primera mitad de su mandato: ¿con qué resultados? El tema político y económico que quizás más apremia a estas alturas es el del Brexit.
Hay logros pero también retos pendientes de la presidencia alemana en la Unión Europea
Angela Merkel, segundo premio en caricatura personal en el XIV World Press Cartoon, / Joaquín Aldeguer, España
Angela Merkel, segundo premio en caricatura personal en el XIV World Press Cartoon, / Joaquín Aldeguer, España

Carsten Moser

Periodista y economista.

La maldita pandemia no deja de trastornar todos nuestros planes. También la reunión extraordinaria del Consejo Europeo, que estaba prevista para los días 24 y 25 de septiembre y acaba de ser aplazada al 1 y 2 de octubre, por un caso de coronavirus en el entorno de su presidente Charles Michel. 

En Bruselas una semana más tarde, y después de tres meses de presidencia alemana, será el momento pues que los jefes de Gobierno hagan balance de los logros y retos pendientes. Recordemos qué grandes expectativas despertó la muy ambiciosa agenda de Berlín. Como apuntaba El País, incluía en primer lugar “fraguar el consenso en favor del gigantesco plan de recuperación económica continental lanzado por la Comisión Europea, por un total de 750.000 millones de euros, financiado por emisiones de deuda mancomunada y destinado a relanzar las economías de los 27, especialmente de los socios más perjudicados por la pandemia, como Italia y España”. 

En opinión del diario madrileño, si Merkel sacaba adelante en la cumbre europea del julio el plan de recuperación europea, se aseguraría un lugar preeminente en la historia europea y sería recordada por un legado histórico que nada tendría que envidiar al de sus antecesores Adenauer, Brandt, Schmidt y Kohl. Aunque le costó, al final la canciller, en el pasado opositora del endeudamiento común, logró convencer a los países todavía reticentes que la puesta en marcha del fondo de recuperación era el proyecto más urgente de Europa para salir de la brutal recesión.

Pero la agenda de la canciller contenía más retos: avanzar a nivel europeo en las políticas de migración, digitalización y cambio climático, así como mejorar las relaciones con China a nivel político y económico, desatascar las negociaciones con Mercosur, poner en marcha la idea de Macron de una Convención Europea para marcar pautas futuras de la Unión, no echar demasiado leña al fuego a las relaciones de Bruselas tanto con los Estados Unidos como con Rusia, llegar a un buen acuerdo con el Reino Unido en cuanto al Brexit… Para Frankfurter Allgemeine Zeitung, un programa que había levantado demasiadas expectativas en Europa y que parecía sobrepasar la capacidad del Gobierno alemán. 

Tres meses después, parece que el diario alemán de Fráncfort acertó con sus previsiones. En el tema migratorio – hoy más actual que nunca– no se vislumbran ni diálogo ni consensos, la cumbre virtual con Pekín tampoco trajo grandes avances, el tratado con Mercosur sigue en el aire, las relaciones con Washington y Moscú se mantienen a nivel de frigorífico, las negociaciones con el Reino Unido estancadas...

El tema político y económico que quizás más apremia es el del Brexit. Después de tantas voces pesimistas sobre las negociaciones entre Bruselas y Londres, un acercamiento de posturas parecía factible antes del verano. Por lo menos eso es lo que insinuaba el Frankfurter Allgemeine Zeitung en un artículo que tituló “Optimismo ante la nueva ronda del Brexit”. En él se hacía eco de una propuesta del Gobierno británico, detallada en la revista conservadora The Spectator, de la que Boris Johnson fue director: un acuerdo comercial sobre la base de que ambas partes aceptarían los estándares marcados por la UE para asegurar una competencia leal, pero con la opción para el Reino Unido de desmarcarse de ellos en casos excepcionales. A lo que la UE podría responder levantando automáticamente aranceles sobre esos productos y servicios. Un tribunal de arbitraje tendría la labor de juzgar si las medidas son proporcionadas. 

En ese momento, la reacción de Bruselas fue más bien tibia, porque todavía creía que había tiempo suficiente para soluciones más ambiciosas. Quizás un error, dado que después el primer ministro británico ha tensado la cuerda con su propuesta de ley que intenta anular unilateralmente lo acordado en su día entre Londres y Bruselas sobre la cuestión irlandesa. El tiempo dirá si las negociaciones acabarán en un fracaso, por la irresponsabilidad de Johnson, que ha tenido que escuchar durísimas críticas de sus antecesores Mayor, Blair, Cameron y May. 

En cuanto a los otros dos temas pendientes de solución, las posiciones siguen alejadas. En la pesca, Londres demanda un acuerdo en línea con el existente entre la UE y Noruega, con negociaciones anuales, mientras que Bruselas persiste en mantener vigente el actual sistema de cuotas. Y en el control institucional de las nuevas relaciones (gobernanza), también sigue el rifirrafe, aunque el negociador de la UE Michel Barnier indicara que compromisos son posibles. A las negociaciones les queda margen hasta mediados de octubre, si se quiere remediar un Brexit no deal. No solo para la Comisión, también para Merkel y Macron un reto que necesita de todos sus dotes de persuasión diplomática para evitar el desastre.

Igualmente, el presidente francés y la canciller van a tener que seguir cooperando estrechamente en la Unión Europea, si quieren que la presidencia alemana termine con una nota notable. Persiste Macron que ha “llegado el momento de la verdad para Europa. Podemos convertir el momento de la verdad en un éxito”, transformando el continente en un proyecto más digital, más social y más verde. Ideas parecidas han sido postuladas por Merkel en el pasado. Y por la presidenta de la Comisión Ursula von der Leyen en el presente.

El presidente francés redobla la apuesta por la modernización de Europa y su país, también porque las elecciones municipales del pasado 28 de junio arrojaron una participación del electorado muy por debajo del 50%, además de un mal resultado para su partido La República en Marcha. A la vista del auge de los partidos verdes, el presidente cambió a su primer ministro y prometió 15.000 millones de euros para la transición a una economía sostenible: “Debemos colocar la ambición ecológica en el centro del modelo productivo “. 

Un proyecto por el cual viene luchando toda su vida Daniel Cohn-Bendit, ex eurodiputado por Alemania y Francia y conocido en la opinión pública por sus apodos Dany el Rojo o Dany el Verde. En una entrevista con los corresponsales de la red de diarios europeos LENA, Cohn-Bendit celebró que Macron, del cual es consejero oficioso, presentara una agenda medioambiental tan ambiciosa: “Se parece enormemente al programa de los ecologistas”. Espera que su Verdes estén “a la altura de las esperanzas y abandonen las pequeñas guerras internas para decidir quién es su candidato en las presidenciales” de 2022. 

Ya lo explicó el alemán Thomas Mann, uno de los escritores europeos de máxima relevancia a nivel intelectual que falleció hace 75 años: “Sabemos perfectamente que introducir cambios y nuevas costumbres es el único medio del que disponemos para mantenernos vivos”. @mundiario