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MUNDIARIO

De esos locos bajitos a estos locos altitos

Yo acuso a un Estado paternalista, a una sociedad maternalista, a la envejecida y paradójica generación del 68, ¡prohibido prohibir!, de haber creado un “mundo feliz” huxleysiano de niños-viejos asilvestrados y viejos-niños domesticados: “¡eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca!”
De esos locos bajitos a estos locos altitos
Un slogan de Mayo del 68, la generación que gritó al mundo: "¡Prohibido prohibir!".
Un slogan de Mayo del 68, la generación que gritó al mundo: "¡Prohibido prohibir!".

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Javier González Méndez

Javier González Méndez

El autor, JAVIER GONZÁLEZ MÉNDEZ, es columnista de MUNDIARIO, donde hizo popular la serie de artículos titulada Suspiros de Expaña, que dio paso a Crónicas desde Babia y ahora a DIARIO DE PEREIRA. Es periodista y analista político. Tiene amplia experiencia como corresponsal político de importantes diarios y tertuliano de radio y televisión. @mundiario

Hemos pasado de un mundo de Reyes Soles, de superpresidentes de repúblicas que osaban y podían proclamar impunemente: L´Etat c´est moi, Francia soy yo y cosas así, a un mundo en el que los Estados son Consejos de Ministros y Ministras, Agencias Tributarias, Direcciones Generales de Tráfico y todo tipo de sucursales autonómicas que, por cuenta propia en muchas ocasiones y al rebufo de todo tipo de “protectoras” asociaciones civiles de vez en cuando, nos marcan las pautas de cómo debemos vivir con convincentes argumentos sancionadores. Es posible que lo hagan con la sanísima intención de aportar sus granitos de arena para construir un mundo feliz, oye. Pero pasa el tiempo, se alternan los gobernantes, se derogan, se reforman o se aprueban sucesivas y a veces contradictorias leyes y, a mis escasas luces, esto se va pareciendo cada vez más al claustrofóbico y deprimente “Mundo feliz” de Aldous Huxley.

La verdad es que nunca pensé que, al borde de cumplir mis sesenta y diez veranos, iba a sentir tanta nostalgia de aquella dictadura blanda de mis padres desde que alcancé la mayoría de edad con el sencillo trámite de apagar 18 velitas. Jamás imaginé, la verdad, que seguiría cargando con dioses, idiomas, ideologías, rencores, frustraciones y obsesiones de otros y que, en realidad, solo iba a dejar de ser uno de Esos locos bajitos: “¡Niño, deja ya de joder con la pelota!, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca”, para empezar a ser uno más de esos locos altitos bajo la Patria Potestad de gobernantes de paso, de legisladores sumisos, de asociaciones sectarias, de BOEs arrastrados por las corrientes y de asociaciones de gobernados que nos siguen repitiendo: “eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca”.

Por lo menos mis padres biológicos solo intentaban persuadirme, hombre: “¡no fumes, no bebas, no corras, hijo!” Pero es que estos, esa pléyade de padres y madres elegidos en las urnas, nombrados a dedo, aupados por los medios de comunicación, legitimados por notarios sociológicos del bien y del mal, no es que intenten llevarnos a su buen redil, oye, es que o entras por el aro o te enteras de lo que vale un peine. Si fumas donde puedes, ¡caca, nene!, te fríen a impuestos que, curiosamente, recauda el benefactor Papá Estado. Pero ¡hay de ti si cometes el crimen de lesa humanidad de profanar un sagrado espacio libre de humo, eh! Si bebes, asunto que, como todo el mundo sabe, es una mala costumbre que no forma parte de nuestra cultura, salvo algún desliz del mismísimo Velázquez, je, expuesto al mundo nada menos que en el inadvertido Museo de El Prado, te permiten elegir entre dos opciones: dormir en casa sin subirte al coche, o subirte a un coche de la Benemérita para acabar durmiendo en un cuartelillo. Y, bueno, si vas deprisa, en un automóvil fabricado sin limitaciones oficiales de velocidad y por paradójicas y costosas autopistas por las que hay que circular a cámara lenta, te vacían la cartera, te sacan puntos del carné e incluso pueden llegar a retirártelo, a ver si me entiendes, al margen de la insignificante eventualidad de que, casualmente, te llames, por ejemplo, Fernando Alonso.

Este es el Papá Estado, la mamá sociedad, la tutela mediática, el supremacismo de las minorías con voz que prevalece sobre mayorías de locos altitos que solo disponemos de voto. Este es el mundo feliz en el que nuestros salvadores elegidos y distintos y distantes salvadores espontáneos, con sus cámaras ocultas, sus cuerpos y fuerzas de seguridad, sus helicópteros, sus drones, sus campañas publicitarias e intimidativas, sus multas, sus leyes, sus códigos civiles y penales y sus jaurías humanas siempre dispuestas a los linchamientos on line, han reducido el libre albedrío, el hermoso riesgo de la libertad del ser humano, la ventura de la educación y la formación personal de fondo, o sea, la vida, a una sutil reclusión de los llamados homo sapiens en reprimidas y represivas guardería infantiles que dirigen los que mandan, los que influyen, y pagan los mandados y los que no tienen más remedio que dejarse influenciar.

Precisamente, aquella generación de jóvenes del 68 que le gritaron al mundo: ¡prohibido prohibir!,, en un claro proceso de involución de la especie, se han convertido en yonquis irrecuperables de la prohibición. @mundiario