Liderazgos sostenibles en tiempos de cambio

Una imagen relativa al liderazgo. / Pixabay
Una imagen relativa al liderazgo. / Pixabay

Necesitamos liderazgos personales, en todos los estamentos, públicos y privados, según la tesis central de este artículo que comparte la Fundación Euroamérica, Ramón Jáuregui, publicado en la revista Uno.

Liderazgos sostenibles en tiempos de cambio

¿Por qué será que en el siglo en el que más se ha escrito y enseñado sobre el liderazgo, tengamos tan pocos líderes, (buenos)? Las librerías de aeropuerto, llenan sus estanterías de manuales del éxito que concentran sus consejos en el liderazgo. Es normal. Las habilidades necesarias para gestionar equipos, para emprender iniciativas, para resolver problemas y crisis, para aunar voluntades, convencer a propios y extraños, enfrentarse a enemigos y fuerzas antagónicas (y vencerlas), obtener lo mejor de la gente que te acompaña y conseguir victorias en tiempos o en situaciones difíciles, solo se producen con liderazgos fuertes, auténticos, probados.

Hay una expresión mexicana que refleja bien lo contrario al liderazgo: “nadar muertito”. Dejarse llevar por la ola, diríamos nosotros, hacer la plancha extendiendo los brazos y mecerse mansamente por la suavidad de un mar en calma. Pero, claro, el mar está siempre movido por el viento y las tormentas (últimamente perfectas) no permiten esos placeres.

Vivimos tiempos difíciles. La competencia es salvaje, el mercado es planetario, la velocidad de todo es endiablada, los cambios tecnológicos y sociales son profundos y los paradigmas sobre los que habíamos construido nuestros modelos de vivir y trabajar han desaparecido. Por eso, la primera condición del liderazgo es saber, conocer el mundo que vivimos y circular en él, siendo protagonista de esos cambios, no espectador. Saber que estamos en un cambio de época, no en una época de cambios y que la Covid-19 quizás represente el punto de inflexión y el verdadero comienzo del nuevo siglo.

Liderazgo es también la capacidad de comprender y compartir los sentimientos de la gente. Ser consciente de lo que acontece en la vida de los demás. Muchas de las grandes causas humanas, las que han caracterizado la civilización contemporánea, responden a sentimientos humanos profundos e irreversibles: la libertad, la justicia, la dignidad, la igualdad, los derechos humanos, etc..  Esos sentimientos siguen vivos en el corazón de las gentes. Todos aspiramos a ello, sufrimos su ausencia, lo que exige al líder la gestión de los sentimientos de quiénes le acompañan y la búsqueda constante de su conquista.

Liderazgo es decidir. Saber que la cadena de teléfonos y la jerarquía de consultas, acaban en tu despacho. No hay más llamadas, no hay más personas ni reuniones, a las que consultar. Toca decidir y elegir entre soluciones imperfectas, llenas de contradicciones y riesgos. Decidir es calcular, prever escenarios. Ser capaz de intuir cuál será el desenlace de tus medidas, cuáles serán las reacciones de sus destinatarios y cómo lograrás tus propósitos a su pesar.

Liderazgo es convencer. Hacer que tus colaboradores vivan el proyecto, comprendan el camino, entiendan y compartan el destino. Tener la capacidad de transformar una idea en realidad. Se necesita una base común sobre la que construir juntos. El líder orienta, propone, sugiere y construye sobre la base de un convencimiento común, de unas razones compartidas. Liderazgo es convencer a tu entorno (pequeño o grande) de la racionalidad de tus propuestas, de la necesidad de hacer lo que propones, aunque sea costoso, aunque sea difícil, aunque no resulte lo más popular. Por eso el liderazgo es lo contrario al populismo, aunque muchos lo confunden. Los líderes populistas no son líderes, son populistas.

Liderazgo es ejemplaridad. Nadie puede sostener su jerarquía y su capacidad de mando, sin la credibilidad de su ejemplo, es honestidad con los demás y con uno mismo. Liderazgo es compromiso, búsqueda del acuerdo y construcción consensuada con los otros de los objetivos comunes. Es tener una concepción dialogada del futuro, del multilateralismo que debe regir el mundo. De la paz, como única manera de vivir, de los grandes compromisos para abordar una agenda internacional cada vez más amplia y trascendente en la totalidad de la vida y en la inmensidad del planeta.

Liderazgo es responsabilidad. Pensar más en el propósito de la empresa que en los beneficios, en el bien común de los stakeholders que en el interés crematístico de los accionistas. Responsabilidad es pensar en los otros, superar el sectarismo y contemplarse inmerso en el interés general y no en el interés del partido.

Hablamos de liderazgo en tiempos de la pandemia. Merkel ha liderado a su país en esta catástrofe en un país compuesto (federal) por comunidades (Länder). Los Estados Unidos han perdido el liderazgo internacional al renunciar a sus compromisos con sus aliados. Macron y Merkel han liderado en Europa un plan inédito, extraordinario, de recuperación en la crisis. América Latina no tiene líderes para enfrentar las gravísimas consecuencias socioeconómicas de la pandemia.

Hay demasiados consejos en los libros de autoayuda que no forjan liderazgos. Son jugadores de tiempos cortos, de un mundo pequeño, de espacios mezquinos, egoístas. Hoy, después de la Covid-19, el mundo es distinto. La gente quiere líderes que construyan y pacten, no que destruyan riñendo. Todos reclaman mejores servicios públicos y eso exigirá solidaridad. Hay que salir de la crisis y eso reclama esfuerzos fiscales colectivos. Hay que aprovechar las ayudas europeas y para eso hace falta que comunidades, empresas, universidades, engrasen su relación con el Estado de manera eficiente. Necesitamos un grado superior de responsabilidad. Todos, en todos los ámbitos de la vida. Responsabilidad individual y colectiva.

Necesitamos ser ese país que fuimos (La “Alemania del Sur” nos llamaron) para ganar el reto del futuro. Necesitamos liderazgos personales, en todos los estamentos, públicos y privados. Liderazgos sólidos, ejemplares, responsables, comprometidos. Liderazgos sostenibles. También eso. @mundiario

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