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MUNDIARIO

¿Qué hacen otros países europeos con la libertad de expresión?

Los efectos que cause o pueda causar la apologia del terrorismo es uno de los elementos para evaluar la reacción que merece quien traspasa los límites razonables de la Libertad de Expresión, derecho preferente, pero no absoluto.

¿Qué hacen otros países europeos con la libertad de expresión?
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El estilo musical de rapero podría no gustar en Europa

Fernando Ramos

Periodista y profesor.

Uno de los argumentos que manejan a su favor los partidarios del rapero Pablo Rivadulla Duró, que usa artísticamente el nombre de Pablo Hasél, parte del principio de que la Libertad de Expresión del cantante no tiene límites y por lo tanto protege todas sus creaciones, y que no sólo no han de ser objeto del reproche penal, sino de cualquier otra restricción ya sea social, ética o estética. Es un punto de vista. Pero que elude que el historial de Rivadulla como ciudadano no es precisamente ejemplar y ha ido sumando condenas de tribunales ordinarios por hechos variados y no sólo por el contenido de su repertorio por enaltecimiento del terrorismo, sino por actos que no pertenecen al ámbito de las libertades censuradas, sino de otros casos de incorrección social y penal, como causar lesiones, agredir y rociar con un líquido de limpieza a un periodista, y  por agredir a un testigo en un juicio contra un agente de la Guardia Urbana de Lérida. O sea, que hay mucha tela que cortar.

Su caso, ceñido estrictamente al uso de la Libertad de Expresión –aunque resulte difícil abstraerse del conjunto de su comportamiento—nos plantea en el viejo debate de si ésta es o ha de ser absoluta, sin límite alguno, ya se ejerza de palabra, escrito o cantando.

Y en este caso, como suele ser recurrente, se invoca otros marcos jurídicos de referencia, indicando que el reproche penal que ha recaído sobre Pablo Rivadulla, no tendría cabida en naciones democráticas europeas. ¿A no? ¿Se imagina alguien que en la democrática y civilizada Suecia se aceptaría que un rapero dedicara una canción al asesinato de Olof Palme y mostrara su simpatía por su asesino como la cosa más natural del mundo? ¿Se imagina alguien que en el Reino Unido pasara como algo normal una canción que exaltara a los autores de los repetidos atentados de islamitas extremistas que ha sufrido la ciudad de Londres? ¿Qué les parecía a los italianos que un rapero ridiculizara el asesinato de Aldo Moro y elevara un canto a los actos de las Brigadas Rojas que lo secuestraron? ¿Cabría invocar la libertad de expresión? Pero hay más: ¿Podrían acogerse a la primera enmienda unos norteamericanos que hicieran una canción dedicada a los asesinos de los hermanos Kennedy o a la mafia? Y en Francia, ¿se le ocurría a alguien cantar a los terroristas que asesinaron a varios miembros de la revista satírica Chalie Hedbo. ¿Toleraría Israel que un rapero hiciera una copla humorística dedicada al asesinato de su primer ministro Yitzhak Rabin?  Y, por no seguir, ¿les haría gracia a los alemanes que un rapero rememorara las acciones de la banda Baader-Meinhof? una de las activas organizaciones terroristas más activas de la Alemania Occidental, que durante su actividad fue responsable de, al menos, 34 asesinatos, entre ellos la del Subsecretario de estado del Ministerio de Asuntos exteriores Gerold von Braunmühl. Aparte de la prohibición expresa de todo lo relacionado con el nazismo.

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El rapero frente a un micro.

Sin embargo, parece que en España se debe admitir bajo el manto de la libertad de expresión aludir al asesinato de Carrero Blanco, proponer atentar contra dos ex presidentes del Congreso de los Diputados, alabar la memoria de un jefe del GRAPO o las excelencias de los actos de ETA, sin ir más lejos.

La naturaleza de la sanción

Podemos discutir, pues, si la libertad de expresión ha de ser ilimitada o la naturaleza de la sanción que ha de merecer o no quienes lo sobrepasen. Y se puede argumentar que la privación de libertad, como corresponde a otros delitos, sea o no la medida adecuada, y que cabrían otras formas de sanción social, sin duda.

La falta de antecedentes lo salvó de entrar en la cárcel, tras su primera condena por exaltación del terrorismo. En su repertorio encontramos alabanzas a ETA y los GRAPO, a los que pida que vuelva a la acción y atenten directamente a personas concretas, como José María Aznar, Patxi López o José Bono como “merecedores” se objetivo de ambas bandas. Al confirmar las dos primeras condenas de Hasél, el Tribunal Supremo dejó establecido que el invocado ejercicio de la libertad de expresión entraba en conflicto con otros derechos constitucionales, de modo que debido a la influencia de los contenidos del rapero sobre sus seguidores era evidente que podían causar que a alguno se le ocurriera poner en práctica lo que de modo tan explícito sugería.

La amplia difusión de sus contenidos, tanto en sus actuaciones, tuits o el youtube y el resto de las redes sociales insisten siempre en el mismo sentido: el enaltecimiento de la violencia terrorista. El repertorio es variadísimo. Llegó a pedir “la pena de muerte para las infantas patéticas” o afirmar que “Los GRAPO eran defensa propia ante el imperialismo y su crimen…..¡Merece que explote el coche de Patxi López”. A otro expresidente del Congreso, José Bono dice que había que clavarle un piolet en la cabeza.

En su defensa, Hasél argumentó que cuando fue acusado de injurias al rey, donde el repertorio es variadísimo, “el sólo decía la verdad”, en alusión a la conducta de Juan Carlos I y a la propia implicación de la infanta Cristina en el caso Noós. En este caso, dadas la serie evidencias sobre el comportamiento del rey honorífico, sería la parte menos grave o discutible de sus actos. Pero aparte de todo esto, es que las letras de Rivadulla no dejan de penetrar en otros territorios insólitos, socialmente rechazables en la sociedad presente, como cuando canta cosas como éstas: “La ilusión es una fulana demasiado cara. Voy a tener que violarla”. Y otras peores.

Los razonamientos del Supremo

Resulta interesante y clarificador analizar los razonamientos del Tribunal Supremo con relación a las sucesivas sentencias que fue confirmando con relación a la conducta de rapero, tanto en los casos de enaltecimiento del terrorismo como de injurias a la Corona. El Supremo admite que el delito de exaltación/justificación de terrorismo puede adentrarse en la zona delicada de la sanción de opiniones, por deleznables que puedan ser consideradas, y, lo que es más delicado, pueden entrar en conflicto con derechos de rango constitucional como son los derechos de libertad ideológica y de opinión”. (…) Pero algunos de los mensajes incluidos por Hasél en sus vídeos encajan claramente en el delito de enaltecimiento porque constituyen un discurso de odio. Las rimas del rapero son, en opinión del tribunal, alabanzas de acciones terroristas que no cabe incluir dentro del derecho a la libertad ideológica “en la medida en que el terrorismo constituye la más grave vulneración de los Derechos Humanos de aquella comunidad que lo sufre”.

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Partidarios de la libertad sin limites

Por otro lado, el alto tribunal a concluido que determinados mensajes publicados por el rapero  “tienen un indudable carácter laudatorio de las organizaciones terroristas (GRAPO, insurreccionalismo GAC...) y miembros activos de ellas…(…) Esta conducta va más allá de la expresión de coincidencia con objetivos políticos, o camaradería nacida de vínculos ideológicos, simpatía o de la mera crítica social, y que comporta una alabanza, no ya de los objetivos políticos sino de los medios violentos empleados por las citadas organizaciones terroristas y por sus miembros y contienen una incitación a su reiteración que genera un elevado riesgo real de que alguno de los múltiples seguidores en las redes sociales del acusado los intente repetir. No queda la conducta amparada por la libertad de expresión o difusión de opiniones invocada por el acusado y su defensa, en el entendido de que a los fines del terrorismo resultan extraordinariamente útiles y valiosas las aportaciones de quienes, como el recurrente, ensalzan las acciones, justifican la violencia y expresan simpatía frente a la eliminación física del disidente”.

En suma, el Supremo considera que las expresiones de Hasél “exceden del derecho a la libertad de expresión u opinión, y exceden y traspasan la línea divisoria en el marco de expresiones que puedan herir o importunar, en palabras del TEDH a las instituciones, o sus representantes, para entrar en el ámbito del ilícito penal. El hecho probado descrito en las expresiones citadas incluye estas expresiones que no pueden consentirse en una sociedad donde el respeto deba ser la forma de actuar correcta y sus excesos en la medida declarada probada no puede ser admitido bajo ningún amparo. No hay crítica o queja a la monarquía o sus miembros, o incluso a su línea de actuación. Hay frases injuriosas y calumniosas que no pueden tener amparo en la opinión personal del que les expone en red social de amplia difusión”.

Como ETA no mata, no hay delito al invocarla

Los partidarios del rapero, para disculpar sus excesos recurren a argumentos tan peregrinos como afirmar que, “dado que ETA ya no mata, referirse a ETA no puede seguir siendo un delito de exaltación del terrorismo. Es solo una cita histórica.”. Ciertamente, el debate sobre los límites de la libertad de expresión no tiene fin. Algunos de los juristas de mayor prestigio que han escrito al respecto, especialmente con respecto a la despenalización de algunos supuestos abusos que pudieran cometerse en ese sentido, apuntan a que antes de meterse con el Código Penal es preciso un debate muy meditado y, sobre todo, no legislar en caliente y sobre un solo caso. Y en ese sentido se recuerdan otros habidos en España, como un concejal de Madrid que hizo bromas sobre el holocausto o las mutilaciones de Irene Villa, víctima de un atentado de ETA.

Precisamente, sobre este asunto, que aparece en el centro del debate sobre el caso del rapero ahora en prisión, se refiere, según la doctrina europea, a sus efectos; es decir, que tal apología invite, sugiera o aliente provocación a la comisión de un delito de terrorismo, o sea, que ha de valorarse ese riesgo. Pero también no sólo su colisión con otros derechos y libertades, sino con los propios valores de la sociedad donde tal apología se produce y el respeto a las propias víctimas de los actos citados.

Y cuando se invoca a Europa, ¿hacia dónde se apunta? ¡Cuidado con la frivolidad! En la mayoría de los países occidentales se han producido casos relacionados con los límites de la libertad de expresión, pero las soluciones han sido variadas. Francia suele imponer sanciones administrativas, sobre todo en las controversias suscitas por obras artísticas. Y en este país se produjo una controversia con respecto a su ley de seguridad global con respeto a la difusión de imágenes de las fuerzas de seguridad. En Alemania está terminantemente prohibido hacer apología del fascismo y del nazismo y la sátira con este asunto se vigila de cerca. En 2016 el cómico Jan Böhmermann fue denunciado por el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan tras publicar un poema en el que se burlaba de él. Llegó a consderarse pena de cárcel para él por "difamar a un jefe de estado extranjero", pero finalmente fue absuelto tras haberse prohibido varios versos de su escrito.

Curiosamente en España, la ministra portavoz, María Jesús Montero, tras reafirmar la voluntad del Gobierno de despenalizar (o rebajar, que no quedó claro) la apología del terrorismo, confirmó que en cambio si se mantiene el propósito de incluir en el Código Penal la apología del franquismo. Es decir, que no tendrá efectos penales alabar a ETA o al GRAPO, pero sí a Franco.  El Gobierno utiliza términos ambiguos para justificar la reforma como dotar a la norma de “proporcionalidad” o en sintonía con el marco europeo, la doctrina del Constitucional y la del Tribunal Europeo de Derechos Humanos porque "estos excesos verbales en el marco de expresiones artísticas y culturales deben quedar al margen del castigo penal".

¿Significa eso que determinados excesos van a quedar impunes? Y si se despenalizan ¿a dónde irán? ¿Pasarían a merecer solamente sanciones administrativas”? De todos modos, una parte de la doctrina discrepa y cree que despenalizar determinados excesos no será bueno para la sociedad por su efecto multiplicador en otros ámbitos, o sea, que todo vale y que no existen límites para nada. @mundiario