Las lenguas, campo de batalla del nacionalismo

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El radicalismo catalán sueña con la ruptura de España

Lo que llaman federalismo cultural es una concesión más a la voracidad exclusivista del nacionalismo. Las opciones de las familias o de la iniciativa privada son proscritas.

Las lenguas, campo de batalla del nacionalismo

En 1492 Antonio de Nebrija recoge en el prólogo a su Gramática una idea que ya había sido formulada anteriormente pero que tras él queda acuñada como lema: “La lengua, compañera del Imperio” con resultados comprobables en la inmediata colonización de América. Los nacionalistas modernos, herederos de Herder, defienden esa visión de la lengua como instrumento principal de hegemonía política y lo aplican con menosprecio de la opinión de los ciudadanos. Cataluña y País Vasco han dedicado extraordinarios esfuerzos a imponer lo que llaman normalización lingüística que en realidad es la hegemonía absoluta de la lengua propia, en las Administraciones y servicios que de ella dependen, en el espacio público y a través de la presión en muchos ámbitos privados. Baleares camina ya por la misma senda.

La sentencia del Tribunal Supremo elevando la actual cuota de enseñanza en castellano hasta el 25% del horario académico no es la primera y no será la última en ser desobedecida como ya han anunciado urbi et orbi los dirigentes catalanes. En la misma semana Bildu, a cambio de apoyar los Presupuestos del Gobierno estatal, consigue que la señal de la televisión vasca en horario infantil sea incluida en la oferta televisiva de Navarra, mientras las autoridades de esta última, cuya autonomía de decisión ha sido groseramente invadida, guardan silencio cómplice. Por las mismas fechas en Mallorca se insta al uso exclusivo de la lengua mallorquina para atender a los ciudadanos. Pablo Casado, que lleva una racha de errores encadenados, reclama “un 155 lingüístico” para suspender la autonomía catalana en la materia. El Gobierno central endosa a la Justicia el cumplimiento de la sentencia citada.

La semana anterior el Ministro de Cultura daba a entender que un nuevo federalismo cultural podría facilitar el desguace de las colecciones estatales para dar satisfacción a demandas de sus socios territoriales. La dimisión de la Directora General de Bellas Artes, acosada por los Directores de los Museos estatales, llevaba al Ministerio a desmentir dicho proyecto.

En el modelo cultural de los países occidentales, con la excepción del Reino Unido y de Estados Unidos, la cultura ha pasado a ser una actividad fuertemente dependiente de los poderes públicos. Museos y bibliotecas, teatro y música, salas de exposiciones y otras instituciones son dirigidas por empleados de las instituciones, financiadas con transferencias del presupuesto y dirigidas estratégicamente por cargos políticos. Sólo instituciones culturales de gran tamaño y prestigio han logrado autonomía para gestionar sus recursos y servicios. Las instituciones controlan los recintos, orientan el gusto del público a través de las diferentes programaciones, realzan o censuran determinadas manifestaciones y establecen las condiciones de contratación con la producción privada de espectáculos. Aunque sigue existiendo un circuito privado de producción y exhibición tanto en el teatro como en la música moderna o en las artes plásticas, es minoritario frente al abrumador predominio de la oferta pública.

En la enseñanza acontece algo similar. Su organización está minuciosamente regulada y supervisada por los poderes territoriales. En ocasiones se permite que los centros concertados y los centros privados disfruten de una mayor autonomía pero siempre de forma tácita. Para los partidos nacionalistas, pero también para los partidos estatales, la enseñanza es campo preferido de confrontación desde hace décadas. En las Comunidades con lengua propia los nacionalistas tratan de imponer el monolingüismo relegando la lengua castellana a la consideración de lengua extranjera. Al tiempo se hacen complicadas construcciones teóricas, sin base científica alguna, para justificar que las familias carezcan absolutamente de capacidad de elección sobre la educación de sus hijos. La televisión pública juega un papel similar en defensa del monolingüismo.

En otras palabras, el Gobierno central, desde hace muchos años viene haciendo dejación de funciones en aspectos que ayudan a conformar los sentimientos de pertenencia a una comunidad. Bajo la idea sobreentendida de que la fortaleza de la lengua común no necesita medidas de apoyo, se ha dejado en manos de los partidos nacionalistas la creación de comunidades artificiales pero que en las siguientes generaciones tienden a la homogeneidad. El modelo seguido cuenta con precedentes en países como Israel.

Como consecuencia de lo antedicho, los titulares de los Ministerios de Educación y de Cultura carecen de influencia real sobre las políticas de ese nombre. Ni se dan las condiciones para la cooperación entre Administraciones ni existe voluntad de impulsar la iniciativa de los ciudadanos, reconociéndoles mayores derechos educativos o facilitando el mecenazgo cultural. En aras de la libertad abstracta se restringen las libertades concretas.

Con frecuencia, ante la carencia de ideas políticas propias, se asume el discurso de los nacionalistas. Por ejemplo, la Xunta de Galicia ha considerado que los ciudadanos no deben leer a Pardo Bazán en su idioma de forma que en la muestra que estos días se exhibe con motivo de su centenario, todos los textos de la escritora han sido traducidos al gallego. Si algún lector riguroso protesta se le brindan unos folios desordenados con los textos originales. Casado no se entera como le ocurre con las misas. @mundiario

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