Una legión inmensa de ciudadanos sentirán el legado de Rajoy como una pesada losa

Mariano Rajoy, bajo la sombra de Angela Merkel.
Mariano Rajoy, bajo la sombra de Angela Merkel.

Mientras Rajoy fracasa en España, Berlín y su Reich todopoderoso monopolizan el trazo de la historia de una Europa que se deshilacha y en la que apenas contamos.

Una legión inmensa de ciudadanos sentirán el legado de Rajoy como una pesada losa

Mariano Rajoy va camino de compartir con pleno derecho, en relación a su labor gubernamental, el epitafio que los indignados romanos escribieron sobre la tumba del denostado papa Urbano VIII de la poderosa familia de los Barberini, cuyo emblema heráldico era una abeja: “engordó a las abejas y despellejó al rebaño”.

 

Urbano VIII se distinguió por sus actos de nepotismo, corrupción, purga de disidentes, imposición indiscriminada de impuestos, abandono de cualquier preocupación espiritual en aras de lo temporal y afán desmedido del poder político por cualquier medio. Tal comportamiento motivó la respuesta de los moradores de los estados papales: “quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini”, esto es, lo que no hicieron los bárbaros, lo hicieron los Barberini. En clave actual podría expresarse, “lo que no hizo la troika, lo está haciendo Rajoy”.

Cada día que pasa se acumulan sobre las espaldas más desfavorecidas las secuelas de una política diseñada al servicio de minorías económicas y financieras. Nuestros socios comunitarios observan atónitos al silencio del gobierno español ante las pautas que la señora Merkell impone en orden a sus intereses. Su incredulidad seguramente subió de tono al ver el fasto asiático de una variopinta representación político-deportiva mendigando la hipotética panacea de unos juegos olímpicos para una ciudad en bancarrota (más de 7.000 millones de deuda). La postulación de un país con más de 6 millones de parados. Con millares de familias desahuciadas.Tres millones de ciudadanos cruzando fatídicamente el umbral de la pobreza. Miles de niños con alimentación deficiente y el sector bancario intervenido. Donde la cacareada “generación mejor formada” parte al exilio laboral en aras de alcanzar posibilidades que aquí ni están ni se las espera. Y no vale recurrir al mantra de la demagogia para desautorizar los datos cuando, por vía de ejemplo, entidades como Cáritas, dan la voz de alarma.

Credibilidad perdida

El aval de credibilidad ante los llamados a decidir sobre los juegos debía aportarla en función de su cargo, el presidente del Gobierno. Perdida a pulso tras sus afirmaciones “Lo que no llevo en el programa no lo hago”. “Subir impuestos significa más paro y mas recesión”. “Nunca se ha salido de una crisis subiendo impuestos”. “Subir impuestos es apuñalar por la espalda a la clase media”.”No daremos un euro a la banca y jamás crearemos un banco malo”. “Meteré la tijera en todo menos en las pensiones, la educación y la sanidad”. “Yo no autorizaré el copago”. “Nunca abarataré el despido”. “Cerraré la mitad de las empresas públicas”…Si eso no bastase para socavar su fiabilidad, cabe recurrir a su desleal comportamiento como líder de la Oposición en momentos álgidos en que España se jugaba ser intervenida o en política antiterrorista.

Salvo sólida argumentación en contra, el Sr. Rajoy, en su condición de presidente del Gobierno, aparenta ser un mentiroso compulsivo. Que miente tanto a los españoles durante la campaña electoral como al Parlamento. Que incumple su pacto con los electores.  Que tiene papel principal, en la pantomima de la gran estafa que sufre España bajo el nombre de crisis. Papel en el que se desdobla su actuación en orden a lo que afecta a la organización política cuya dirección ostenta, y que las investigaciones practicadas apuntan se ha financiado de forma irregular mientras por sus venas corría el dinero negro, y la otra de ámbito general, donde autorizó el uso del dinero del común para salvar el pellejo de un poderoso sector privado, que pese a sus garantías,-las de D. Mariano- no devolverá al erario público,- a los ciudadanos- .el dinero con el que tapó sus miserias y mantiene sus pingues negocios.

El país real se hunde melancólico

Las trompetas de Jericó sopladas en La Moncloa anuncian el derrumbamiento de la crisis y almendros floridos en la economía. Pero es el país real el que se hunde melancólico ante el desplome del consumo de aquellos que han sido devaluados sin piedad y que cada día que pasa, los meses se les hacen más largos. Los escaparates en lugar de existencias muestran carteles de venta, traspaso o cierre. Innumerables proyectos empresariales agonizan. Bloques enteros de viviendas languidecen huérfanos o inconclusos. La batalla de las ideas pierde argumentos en una sociedad intimidada tras el interminable bombardeo de ablandamiento que alfombra la contrarreforma social y laboral que inunda de tinieblas el futuro. En tanto Berlín y su Reich todopoderoso monopolizan el trazo de la historia de una Europa que se deshilacha y en la que apenas contamos.

Anticipar el futuro puede pecar de atrevido. Pero no es arriesgado augurar que una legión inmensa de ciudadanas y ciudadanos sentirán el legado del señor Rajoy como una pesada losa sobre si… Si el señor Guerra decía en 1982 que tras el triunfo del PSOE   “a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió”, tras el paso de Rajoy,  con la mayor cuota de poder habida en democracia en sus manos (administración central, autonómica y local), el Estado de Bienestar, los derechos sociales, laborales y civiles, pulverizados sistemáticamente, serán una mera curiosidad histórica.

 

Una legión inmensa de ciudadanos sentirán el legado de Rajoy como una pesada losa
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