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MUNDIARIO

Las lecciones de los maestros depurados necesitan atención

Un Centro de Documentación y encuentro para cuantos quieran mejorar el sistema educativo de todos ayudaría a crear un relato común compartido.

Las lecciones de los maestros depurados necesitan atención
A derradeira leición do mestre (La última lección del maestro). / Castelao, 1945. Oleo sobre lienzo. Centro Galicia de Buenos Aires
A derradeira leición do mestre (La última lección del maestro). / Castelao, 1945. Oleo sobre lienzo. Centro Galicia de Buenos Aires

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Manuel Menor

Manuel Menor

El autor, MANUEL MENOR, es analista de educación de MUNDIARIO. Licenciado en Historia y doctor en Pedagogía, ha enseñado Ciencias Sociales en Secundaria. @mundiario

La última lección del maestro es un cuadro de Alfonso Rodríguez Castelao que sirvió de matriz para un sello de la II República en 1939. Esta especie de “Guernica” del desastre infligido por el franquismo a la educación española abre un libro reciente de FE-CCOO (Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras) con motivo de su 40º aniversario. El intento republicano de reducir el analfabetismo –especialmente alto en el mundo rural y entre las mujeres- y dotar al sistema educativo anterior de modernidad científica y pedagógica fue erradicado violenta y sistemáticamente. La grisura resultante motivaría, más tarde, el brote de la rama sindical de Comisiones para los trabajadores de la enseñanza.

La depuración

Al entrar en una ciudad, los victoriosos golpistas depuraban a todos los funcionarios del Estado, con especial esmero si eran profesores o maestros. El protocolo a seguir, heredero de un pasado pródigo  en censores, se oficializó en las páginas del BOE  desde noviembre de 1936, afinado, entre otros, por José María Pemán. Estos reinventados afanes produjeron a sus inspiradores grandes beneficios, pero generaron múltiples daños y damnificados, en particular a la ILE y a la Junta de Ampliación de Estudios (JAE). Profesores eminentes de su Instituto Escuela (IE) tuvieron que exiliarse y su memoria fue sepultada hasta tiempos recientes. La dirección de los centros que el IE tenía en Madrid -en Hipódromo y Retiro-, fue encomendada a gentes que odiaban sus currículos y objetivos fundacionales; sus nuevos nombres -Ramiro de Maeztu e Isabel la Católica-  simbolizaron la ejecución de idearios educativos opuestos. Así lo ordenó el ministro Pedro Sainz Rodríguez el 04.04.1939, quien suprimió de paso siete de los Institutos de Enseñanza Media que entonces tenía Madrid.

La grieta

Las pérdidas ocasionadas a la educación pública con estos y otros procedimientos del miedo y la sospecha generaron una brecha que, en aspectos no superados  después de 1978, sigue motivando quejas pese a casi ochenta años transcurridos. La universalización del derecho a la educación –entendida la escolarización hasta los 14 años- tardó cincuenta en ser posible y, ampliada en los 90 hasta los 16, todavía soporta rémoras ralentizadoras de que los logros de la democratización interna de las aulas, sus currículums y metodologías sean generalizados, o que los  modos de atención a la enorme diversidad de alumnado existente y a las necesidades urgentes  que plantea la información, estén al alcance de todos los ciudadanos con la dignidad que merecen, mientras se sostiene una discriminación manifiesta entre centros educativos que reciben recursos del Estado y se facilita que crezca la privatización educativa como negocio. 

De la brecha cultural que en los años 30 del siglo XX se provocó en la enseñanza pública, son bien conocidas las pérdidas de maestros y profesores, la degradación a que fue sometida la profesión docente en muchos aspectos o cómo se incrementaron privilegios que nunca serían corregidos ni en años de crisis. Además, gracias a la colaboración de investigadores de disciplinas diversas, se han podido recuperar muchas historias personales que debieran servir de modelo al profesorado actual y a quienes tienen la responsabilidad de la gestión educativa. Entre muchas otras, una cuyo puzzle de datos es hoy inteligible y memorable, es la del maestro pacense Francisco Romero Carrasco, catedrático de Matemáticas en la Normal de Segovia, amigo de Machado y Blas Zambrano. Ocupado en la buena educación del alumnado que tuvo encomendado, fue asesinado y enterrado en la Fosa de los Maestros (en Cobertelada, Soria).

Ahora que en Cuelgamuros se hará un memorial democrático,  ¿no sería pertinente que Educación creara -entre las urgencias de lo posible- un “Centro Documental de la Historia Educativa de la España Actual”? Los interesados en la “mejora” de la enseñanza difícilmente colaborarán lealmente en lo que falta por hacer si no parten de compartir el conocimiento de lo que se ha perdido. @mundiario