La lección de Clara Campoamor para el feminismo moderno

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Clara Campoamor, recordada por Laura López Atrio.

Laura López Atrio, secretaria de Formación del Partido Socialista de Galicia, recuerda que el logro del voto femenino fue solo un primer paso, pendiente de ser continuado para la igual de los ciudadanos al margen del sexo.

La lección de Clara Campoamor para el feminismo moderno

La doctora Laura López Atrio, secretaria de Formación de la ejecutiva nacional del Partido Socialista de Galicia, ha sido la encargada de recordar y reivindicar a la diputada del Partido Radical Clara Campoamor que, en 1933 logró que, por primera vez en la historia de España, las mujeres pudieran ejercer su derecho al voto. La plataforma para esta conmemoración fue una conferencia en el Museo Manuel Torres de Marín, para conmemorar el 85 aniversario de aquel acontecimiento, que sigue siendo un referente para el movimiento feminista y punto de partida del resto de las reivindicaciones logradas y pendientes.

La exposición se tituló “O voto femenino: A súa influencia na sociedades española”. Tras una introducción de periodista Angel Carragal presentó formalmente el acto la directora del Centro de Información a Muller de Marín, Marían Sánchez Sanjorge.  A mí, e tocó referirme a la calidad humana e intelectual de la conferenciante, que además de maestra nacional y psicopedagoga, es Doctora en Comunicación, fue concejala de Educación del Ayuntamiento de Vigo, y a lo largo de su vida profesional y política destacó por sus capacidades docentes y de gestión, ahora confirmadas por sus nuevas responsabilidades. En ese sentido, por su compromiso personal, resaltó que era, sin duda, la persona más adecuada para esta conmemoración.

La Doctora Atrio dividió su conferencia en tres partes: En la primera hizo un recorrido por el significado que, para las mujeres de su tiempo, 1933, significó el esfuerzo de Clara Campoamor, quien hubo de enfrentarse a las incomprensiones dos otras dos diputadas, Victoria Kent, del Partido Radical Socialista, y Margarita Nelken, del PSOE, quien se opusieron a su propuesta por entender la mujer no estaba madura para el ejercicio del derecho al voto y se corría el riesgo de que, bajo la poderosa influencia del clero, éste se orientara hacia las opciones conservadoras y reaccionarias. Superado ese riesgo, en el breve periodo que fueron las elecciones de la Segunda República, la españolas se equipararon a todos los efectos a los hombres y marcó un hito en la historia de España. Ello confirmó –dijo Laura- que no había nada que esperar.

Era realmente paradójico que en aquel tiempo se permitiera a las mujeres españolas ser parlamentarias, ocupar un escaño en el Congreso de los Diputados, pero no podían ejercer su derecho a voto en las urnas. Es decir, gozaban del derecho al sufragio pasivo, pero no el activo. El 1 de octubre de 1931, las Cortes Republicanas aprobaban el derecho de las mujeres a elegir a sus representantes políticos que se estrenaría el 19 de noviembre de 1933.  Por paradojas de la historia, en esas elecciones perdieron su escaño las dos diputadas enfrentadas: Clara Campoamor y Victoria Kent. Hace años, tuve ocasión de entrevistar en Vigo al líder de la CEDA Gil Robles, a quien pregunté si, como temían las izquierdas el voto femenino habría de favorecerle, pero reconoció que siendo en parte cierto, no como denunciaron sus oponentes, pese a su victoria. En las provincias donde existían partidos agrarios y fuertes cacicazgos éstos recogieron no pocos votos orientados por los confesionarios.

Laura López Atrio, al recordar la polémico de Clara Campoamor y Victoria Kent insistió en que la visión de la primera confirmó que sí era tiempo de que todos los ciudadanos fueron iguales sin importar su sexo. Las elecciones de 1933 proporcionaron escaño con cinco mujeres diputadas: Margarita Nelken, —la única que revalidaba su plaza—, Veneranda García Blanco, María Lejárraga y Matilde de la Torre, todas ellas del Partido Socialista, y Francisca Bohigas, de la CEDA.

La larga noche de piedra

En la segunda parte, Laura López, hizo un exhaustivo análisis del retraso que supuso el franquismo, ilustrando su exposición con anécdotas de su propia vivencia como maestra, la influencia y poderes de la Iglesia, la reducción de su papel en todos los órdenes de la vida civil, a la que se dedicó la Sección Femenina, de tan graves repercusiones en la propia vida laboral y la pérdida que en ese terreno suponía el propio matrimonio. En esta línea, puso especial énfasis en recordar la quiebra de derechos civiles y patrimoniales que padeció la mujer española en todos los órdenes, de suerte que el propio matrimonio conllevaba ser reducida a una mera acompañante del marido, subordinada en todos los sentidos.

Por último, la conferenciante trazó la serie de logros que supuso la recuperación de la democracia en torno a la dignidad social de la mujer, e hizo un recorrido por los avances que detalló minuciosamente desde entonces, gracias a los gobiernos de progreso; pero considerando que, en ese camino hacia la plena equiparación entre los dos sexos, queda importantes pasos que deben ser dados, en los terrenos de la cultura, las prestaciones sociales, la sanidad, la dignidad personal en todos los ámbitos, especialmente en el labor y en la incorporación de la mujer en todas las parcelas de la vida económica social y política. De modo especial insistió en la necesidad de políticas más activas en el ámbito de la educación, la previsión y el apoyo social contra la lacra de la violencia machista, terreno especialmente sangrante en España.

La ex concejala de Educación de Vigo desarrolla en este sentido una ingente labor formativa, como parte de sus responsabilidades dentro del PSOE de Galicia, en orden a extender el conocimiento y la sensibilidad de las fuerzas políticas y la sociedad toda sobre los aspectos pendientes en orden a la plena homologación de Derechos entre el hombre y la mujer y las nuevas demandas del rol que deben jugar las féminas en el siglo XXI. @mundiario

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