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MUNDIARIO

Las fronteras y el Covid-19

Pedro Sánchez ha llegado al coronavirus políticamente agarrotado por un conflicto territorial ante el que sus propios líderes han decidido abrir un paréntesis hasta que finalice la pandemia.
Las fronteras y el Covid-19
Quim Torra.
Quim Torra.

Domingo Sanz

Politólogo.

“El coronavirus no entiende de fronteras…”, repite Pedro Sánchez. La última vez, en un Congreso en el que los pocos diputados presentes estaban separados entre ellos por ríos de escaños vacíos. Por una vez para dar ejemplo. Paradojas de una “democracia ejemplar”. (Por cierto, y a pesar de que Felipe VI no pronunció la palabra “frontera” en su discurso del miércoles, acompañado por cientos de miles de cacerolas, la ministra de Exteriores ha insistido este jueves en la necesidad de defender el cierre de las fronteras exteriores, mientras afirma que “el virus no conoce fronteras”. Solo las interiores, por supuesto). “Me importan un rábano banderas y fronteras. Me importa la salud”, respondió Quim Torra, el presidente catalán que reclama una república independiente. “No seré yo quien defienda los argumentos de Torra de cerrar Cataluña, pero Sánchez debería utilizar argumentos más creíbles. No puede decir que el virus no atiende a fronteras cuando acaba de cerrar las de Portugal, Marruecos y Francia”, añade García Albiol, siempre del PP y con síntomas de coronavirus. Una parte de la frase del ex alcalde de Badalona es indiscutible, pero resulta demagógica cuando dice que Sánchez debería “utilizar argumentos más creíbles”. Porque tales argumentos no existen.

Urkullu, ladino, sí firmó el documento de todos los presidentes autonómicos con Sánchez, dejando solo a Torra en la defensa radical del confinamiento de Catalunya y Madrid. No obstante, Pere Martí cuenta que el Ejército español intentó tomar el aeropuerto de Bilbao, solo contra el coronavirus, de momento, pero ha tenido que retirarse antes de llegar porque el PNV ha obligado al lehendakari a llamar a La Moncloa para decir que “hasta aquí podíamos llegar”.

Ahora llega la información de que el ejército lo va a intentar este jueves con el Puerto y el Aeropuerto de Barcelona. Se veía venir. Torra protestará, pero esta vez Sánchez no retrocederá porque en realidad, quienes quieren mandar en Catalunya son los militares. Y al Gobierno le gusta asustar a según quién. Sobre el asunto “Coronavirus vs fronteras” el Gobierno de Sánchez ha perdido desde el principio la batalla de los argumentos porque se delata a sí mismo: en realidad, la frase completa dice “El coronavirus no entiende de fronteras ni de ideologías”.

¿Qué tendrá que ver una frontera, que es una barrera que permite separar físicamente a los portadores del virus, con una ideología, de las que puede haber tantas como personas en un vagón de metro abarrotado sin que nadie se contagie, por mucho que se roce? Pedro Sánchez ha llegado al coronavirus políticamente agarrotado por un conflicto territorial ante el que sus propios líderes han decidido abrir un paréntesis hasta que finalice la pandemia. Mientras tanto, ante la inesperada concentración de poder en los ministerios, lo que hace es reclamar su porcentaje de mascarillas. Y, puestos a centralizar, ya que existen la UE, la ONU y la OTAN, mejor hacerlo a nivel europeo, o mundial. Quizás España no estaría en el grupo líder de los países con peores resultados contra la pandemia.

Si el Gobierno está aconsejando a los ciudadanos que protejan narices y bocas con mascarillas cual fronteras, y que conviertan en aduanas las puertas de sus casas, lo que no puede es negarse a activar todas las barreras que sirvan para poner trabas a la expansión del bicho, especialmente aquellas que ya conocemos, como las que separan a comunidades autónomas, provincias o municipios.

El Gobierno ha demostrado una debilidad inaceptable ante la expansión desenfrenada del virus en su nicho más potente, Madrid, de donde han salido huyendo hasta personas tan protegidas como Aznar y Botella. Otro contencioso más de los que pueden terminar en Europa, pues la Asociación de Juristas Atenas ha decidido llevar al Gobierno de España ante el TEDH de Estrasburgo por no aislar Madrid.

Por último, y tal como era de esperar, Felipe VI solo buscaba su minuto de gloria, y lo que ha dicho no ha servido de nada. Hoy es casi un cadáver institucional ahogado en una porquería que le llega hasta el cuello. Sabe que la cuenta atrás hacia el final de la monarquía comenzará en cuanto se vaya relajando la crisis del coronavirus.

Regresarán entonces, y con toda su potencia destructiva, los avances en la investigación del fiscal suizo, las consecuencias de las iniciativas de Corinna contra las amenazas recibidas desde las cloacas españolas, el martilleo de las portadas de la prensa mundial, que desprestigian un poco más a España cada día y, para redondear, el conflicto con Catalunya, tras unas elecciones ante las que todo hace pensar que el independentismo, aliado o dividido, saldrá fortalecido. Salvo que el Covid-19 sí sepa de ideologías y elija diezmar a los de Torra, Junqueras y Puigdemont, pero no parece que sea esa su intención. @mundiario