¿La sinceridad de Montoro entra en contradicción con el positivismo de De Guindos?

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.
"A río revuelto ganancia de pescadores y entre tanta brecha tampoco sé si por arte de la oportunidad saltarán otras formaciones políticas que intenten recoger nuevas siembras (...)".
¿La sinceridad de Montoro entra en contradicción con el positivismo de De Guindos?

Mientras desayuno comienzo a procesar cuál "caja registradora" datos y noticias que leo y escucho en los medios de comunicación. Y cuando creo que tengo todas las piezas colocadas en mi tablero, paso página y me encuentro en cuestión de segundos con nuevas oquedades, exabruptos y un montón de lagunas, imposibles casi de descifrar.

No me rindo y comienzo de nuevo "mi partida" contra los "kasparovs" de turno. En mi adicción al análisis y a escudriñar la realidad -una manía pejiguera como otra cualquiera-, intento reinterpretar las líneas y los silencios para salir de tanta zozobra. Pero me encuentro sumida en un mar de dudas. Así, para empezar, me pregunto si estamos preparados para "tanto ataque de sinceridad". O si es que de repente los gurús se han vuelto estupendos decidiendo ponernos dos tazas o se trata de una de esas estrategias maquiávelicas que tenemos que rezar cual penitencia por habernos gastado lo que no está aún escrito. Y en este revoltijo de ideas ando, intentando disipar varias incógnitas como, por ejemplo, si el PSOE está chamuscando nombres y apellidos para luego sacar de la chistera a "el tapado".

Me pregunto si la bocanada de sinceridad de Montoro no entra en contradicción con el positivismo de De Guindos. O si Albert Rivera se llevará el gato al agua en las próximas elecciones catalanas.

Entre tanto interrogante se me antoja saber si los sondeos que dan unos abultados datos a IU en estos momentos son un espejismo o IU recogerá más cosecha de la que sembró, dada la ausencia del liderazgo de su adversario natural, el PSOE.

Puesta a poner interrogantes, no sé si Rosa Díez "repetirá curso" o mandará repetir sin tregua palabrotas malsonantes en el encerado.

Con tanto dilema, me he perdido el capítulo de si se van a lanzar al ruedo político nuevos rostros, como el de esa señorita, Ada Colau, que ha cogido el regustillo al protagonismo que no tuvo cuando ejercía papeles secundarios en esas series que no la dejaron pisar alfombras rojas.

A río revuelto ganancia de pescadores y entre tanta brecha tampoco sé si por arte de la oportunidad saltarán otras formaciones políticas que intenten recoger nuevas siembras.

Otra de las incertidumbres que me asaltan es saber hacia donde se inclinará la balanza de los pequeños empresarios que han puesto el cerrojo.

La misma duda me cabe en el caso de averiguar hacía que partido dirigirán "su furia" los nuevos parados. O si los escraches beneficiarán a los partidos de izquierda o otras formaciones políticas más proclives a manifestar su indignación en silencio.

Puesta a adivinar movimientos, me gustaría saber si la corrupción afectará a todos los partidos por igual o cargarán "la mano" sobre la última, la más "in".

En cuanto a la desafección de la calle para con la clase política no sé si se va a traducir en abstención o el ciudadano se refugiará en nuevas caras.

Y aprovechando que el Manzanares pasa por Madrid y a pocos kilómetros de Zarzuela, me he puesto a "bucear" por esos jardines en los que o se debe respirar un aire tan puro que Su Majestad se recupera repetinamente o le está mandando un mensaje a su heredero diciéndole "no por mucho madrugar amanece más temprano".

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero yo dudo que haya tiempo para curar tantas heridas.

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