La política española está siendo seguida con el mando a distancia igual que un culebrón

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España.
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España.

La política de este país se percibe con el mando a distancia como si fuera un culebrón venezolano o cualquier teleserie americana de esas que dejan a cualquiera abducido delante de la pantalla.

La política española está siendo seguida con el mando a distancia igual que un culebrón

Vivimos en un estado de ficción. La política de este país, desde que dejó de ser tal, se percibe con el mando a distancia como si fuera un culebrón venezolano o cualquier teleserie americana de esas que dejan a cualquiera abducido delante de la pantalla . Desde que Cristal arrasó con los índices de audiencia, manteniendo a casi toda la población pegada a la caja tonta, sacrificando incluso la hora de la siesta, parecía imposible que con cualquier otra historia pudiera llegar a conseguirse un éxito similar.

Sin embargo, este gobierno del PP ha traído a nuestros hogares un argumento con infinitos matices y una densa trama que se enreda por momentos para dar más emoción al personal. Cada día, desde hace meses, emiten un capítulo en los informativos de televisión o en papel impreso y comentamos lo increíble de tal o cual revelación o lo terrible de aquella venganza. Igual que Luis Alfredo luchaba por el amor de Cristina, mientras por el medio sobrevolaba la amenaza de la vengativa Marión, aquí los personajes se mueven por ambición y poder, girando en torno al protagonista principal que es otro Luis, esta vez Bárcenas, y demás secuaces.

Tampoco faltan escenas dramáticas como ingresos en prisión, declaraciones a través de plasmas, SMS comprometidos con chica de por medio, dinero negro transportado en bolsas de plástico para ser repartido luego en cajas de puros Montecristo, ni fuga de capitales a paraísos fiscales. La trama también ofrece momentos estelares de chantajes,  traiciones y muchos lobos con piel de oveja que, quiera usted que no, alimenta el morbo del auditorio.

En fin, que la cosa promete y que ahí estamos todos: millones de fieles espectadores y espectadoras apretando el mando a distancia a la hora convenida y apagándolo después para volver mansamente a nuestros asuntos. Una vez descargada la adrenalina y evadidos de nuestros problemas, solo nos queda pedirles un autógrafo.

La política española está siendo seguida con el mando a distancia igual que un culebrón
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