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La mayoría absoluta del PP en España, el peor camino para salir de la crisis

España tiene un gobierno sin proyecto que ha creado una situación de emergencia, que requiere un tratamiento extraordinario y urgente para sostener su propia estabilidad democrática.
La mayoría absoluta del PP en España, el peor camino para salir de la crisis
El presidente del Gobierno español.
El presidente del Gobierno español.

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José Luis Martín Palacín

José Luis Martín Palacín

El autor, JOSÉ LUIS MARTÍN PALACÍN, es analista político de MUNDIARIO. Fue director general de Tráfico, subsecretario de Interior y secretario general de Comunicaciones del Gobierno de España. Ex columnista de Xornal de Galicia. @mundiario

La mayoría absoluta de Mariano Rajoy ha sido el peor camino para salir de la crisis. El programa que presentó a las elecciones era de cartón piedra. Daba igual. Él sabía que no lo iba a cumplir. Todos –incluso los que le dieron la mayoría- sabíamos que no lo pondría en práctica. La de Rajoy fue una mayoría a la desesperada. Y menos de año y medio después de haberla obtenido, él mismo reconoce su fracaso, y nos augura que en los próximos dos años y medio consolidará la catástrofe. Según sus previsiones, nos arrastrará por la recesión durante su mandato: solo un año después de que haya salido del gobierno creceríamos al 1%; incrementará el paro en 1,3 millones de personas –ya ha consumido el primer millón- y nos dejará con una deuda pública equivalente al 100% del PIB.

Lo explican sus albaceas tras el consejo de ministros, sin que se les caiga la cara de vergüenza, mientras él –como un difunto cuyo testamento están leyendo- se queda ausente de la escena pública. Y parece como si nadie quisiera preguntarse de qué van a vivir durante el resto del mandato de Rajoy los 6,2 millones de parados cuya tercera parte no cobra subsidio alguno, y de los que cobran, el 10% lo que percibe son los 400 euros que suponen 13,35 euros diarios.

En el sombrío testamento de Rajoy, lo que se anuncia es que continuarán sustrayendo más y más de los bolsillos de la mayoría menesterosa en la que han convertido a la sociedad española. Ni una sola medida de presión fiscal a las grandes fortunas ni al capital especulativo. Ni una sola iniciativa para potenciar el empleo, ni para activar la economía, ni para hacer que fluya de verdad el crédito a las empresas. Ni siquiera un plan de choque para que quienes perciben subsidios no lo reciban como subvención, sino como retribución a cambio de alguna prestación laboral. Después de haber subido en un año la deuda pública al 84,1% del PIB (casi 15 puntos más que en 2011), Rajoy anuncia que acabará su mandato con un incremento de otros 15 puntos más. Una bola de nieve que necesita engordar para pagar sus propios intereses, y para compensar la parálisis económica. Y engrosada por el coste del rescate bancario.

Mala gestión, centrada en el único frente de una supuesta reforma estructural incapaz por sí misma de reactivar la economía. Enfoque descabellado, basado en una política puramente monetaria y financiera parasitaria: por ejemplo, una banca rescatada con el esfuerzo de todos se guarda o especula con el dinero recibido en lugar de recuperar su papel de prestamista. Una política errática que ha abandonado a su mala suerte a la economía productiva, sin una sola medida de apoyo crediticio o de refuerzo incentivador. Y una reforma laboral que ha pervertido la propia naturaleza de los empresarios, estimulándolos a pasar de emprendedores a especuladores, por el método no de fomentar innovación, competitividad y productividad, sino la mera disminución de costes de personal.

Si añadimos la fomentada quiebra de los derechos sociales, las restricciones al ejercicio de los derechos civiles, con la incriminación de todo el que pretende ejercerlos para oponerse a esa política de saqueo; y el deterioro del ejercicio democrático, sustituyendo el debate en la sede de la soberanía por el gobierno por decreto-ley… Encontramos un cuadro sombrío pintado por un gobernante tenebrista al que la historia –si lo recuerda- le dará el mérito de haber colocado bajo mínimos el Estado Social de Derecho, y de haber puesto en el camino de la miseria a una generación entera.

Es el legado de Rajoy: un gobierno sin proyecto que ha creado una situación de emergencia, que requiere un tratamiento extraordinario y urgente para sostener nuestra estabilidad democrática. Con tres posibles opciones: convocatoria de elecciones; un gran pacto de Estado, con un programa de choque a desarrollar hasta el fin de legislatura por un gobierno de concentración; o aunar el concurso ciudadano en una Iniciativa Legislativa Popular, con más respaldo que el de la mayoría absoluta, para exigir un referéndum alternativo antes de fin de año.