Condenar a un país a la miseria es un crimen que no prescribe jamás, tampoco en España

En España se van perdiendo empleos de forma constante, se ven abocados al cierre o a la reducción a su mínima expresión proyectos empresariales ambiciosos. ¿Tiene esto algún sentido?
Condenar a un país a la miseria es un crimen que no prescribe jamás, tampoco en España

Necesitamos  prescindir del símil tan socorrido de que un país es como un barco, con su capitán, su tripulación y sus pasajeros. Huyamos de esa idea porque la siguiente que asociaremos será tirarnos por la borda, por mucho que el agua esté fría y el mar infectado de tiburones.

Da la sensación de que desde las instancias gubernamentales y del partido de gobierno se intenta imponer el sopor, que las cosas ocurren según un orden natural preestablecido, que solo se puede hacer lo que se deshace ( la acción de gobierno solo se parece a una "desfeita" ). Todo es normal, suprimir servicios de trenes sin siquiera comunicárselo a los empleados de RENFE y menos a los pasajeros, lo normal, recomendarle a los abuelos que prescindan de tomar algunos medicamentos, normal, trescientos mil jóvenes emigrantes desde que empezó la crisis solo se trata de movilidad geográfica, somos más europeos que nadie y no nos sentimos extranjeros en ningún lugar, normal.

Se van perdiendo empleos de forma  constante, se ven ab0cad0s al cierre o a la reducción a su mínima expresión proyectos empresariales ambiciosos, se pierden otros más modestos en la indiferencia de la estadística, su última morada.

El sistema bancario está en la ruina, el caso de las preferentes y subordinadas no deja de ser una mera estafa para sustraer los ahorros de los ahorradores, esto no solo es un delito, define la calidad y la solvencia de la banca, condenada a una eterna desconfianza mientras sigan gobernándose con  estos  criterios de gestión y este respeto por sus clientes.

Este relato solo es una pincelada de lo que nos acontece cada día, el goteo de malas noticias es constante, solo el presidente del gobierno de España es optimista, sus ministros más contestados también, en su partido, investigado por financiación ilegal, comparten ese optimismo, aquí no pasa nada, pero pasa.

Fracasada la ilusión de que con ocupar el poder los problemas se solucionarían solos, los capitales dejarían de fugarse,  la grandeza de la marca de país emergería con fuerza,  los ciudadanos contrastamos cada día el país que  el marketing político intenta vender con la cruda realidad.  Es insoportable. Es intolerable. Se puede seguir ajeno a ello viviendo en la burbuja que cada responsable político     recrea para si. Las muestras de descontento no cesan. Hagan oídos sordos y después muestren sorpresa y perplejidad. Nadie se cree nada de lo que nos cuentan. La des-confianza, la antítesis del eslogan electoral tan remañido se instaló para quedarse. Pregúntense como piensan abandonar el poder, por que puerta de servicio escapar. No siempre el olvido funciona, a veces sucede que la gente comprende perfectamente lo sucedido y no perdona.  La sobre dosis de mentiras puede provocar el efecto contrario al buscado.  Condenar a un país a la miseria es un crimen que no prescribe jamás.

Condenar a un país a la miseria es un crimen que no prescribe jamás, tampoco en España
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