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La desconexión de Cataluña exige hacer política, más allá del papel de la justicia

Ni hay govern en la Generalitat de Cataluña ni hay Presupuestros en España. Ni hay financiación autonómica. Alguien debería ponerse a hacer política con Cataluña. Ya lo dijo el expresidente Felipe González, y él algo sabe de estas cosas. ¿O no, Mariano?

La desconexión de Cataluña exige hacer política, más allá del papel de la justicia
Palacio de la Generalitat de Cataluña.
Palacio de la Generalitat de Cataluña.

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José Luis Gómez

José Luis Gómez

Fundador y editor de MUNDIARIO, también es columnista de la agencia Europa Press. Tertuliano de TVG y Radio Galega, colabora en La Región. Dirigió Capital, Xornal y La Voz de Galicia. Ex director editorial de Grupo Zeta. Autor del libro Cómo salir de esta. Coeditor del Anuario del Foro Económico de Galicia. Twitter: @J_L_Gomez

A menudo se insiste mucho en que la economía española puede tener problemas añadidos en 2018 si no se aprueban los Presupuestos del Estado, lo cual depende del PNV, que a su vez condiciona su apoyo a que se levante el artículo 155 en Cataluña, lo que exigiría la formación de govern en la Generalitat. Siendo todo esto cierto, y además complejo, puede no ser lo peor.

El problema ya no está solo en si hay Presupuestos prorrogados o nuevos Presupuestos, sino también en la financiación de las comunidades autónomas, algunas de las cuales –la Valenciana entre ellas– tienen graves problemas, del mismo modo que otras viven felices, instaladas en sus situaciones de privilegio: léase Navarra y el País Vasco.

En los últimos meses se han sucedido las reuniones de la comisión de expertos que estudió los posibles criterios a aplicar en la reforma de la financiación autonómica. No hubo un acuerdo unánime –tampoco se precisaba– para sentar las bases, pero sí un amplio consenso, tal vez más académico que político. También hubo ya reuniones políticas de nivel técnico, donde se respiró un clima parecido.

Nadie discute a estas alturas que la Comunidad Valenciana está mal financiada ni que el País Vasco y Navarra deberían aportar un poco más a la solidaridad. Tampoco que otras comunidades, como Galicia, quedarían encantadas si tras la reforma de la financiación autonómica siguen como están.

¿Dónde está entonces el problema? En Cataluña. Los catalanes –léase los que ganaron las últimas elecciones– no quieren participar en la reforma de la financiación autonómica: se sienten fuera del sistema. Ni siquiera entran a ver si podrían reducir su deuda mediante alguna fórmula de metabolización, por utilizar el argot del profesor Santiago Lago, uno de los expertos de la reforma de la financiación autonómica. Tampoco quieren hablar de criterios de financiación por habitante o del coste de la prestación de los servicios. No quieren hablar. 

El problema catalán llega a tales extremos –no siempre conocidos– que ni siquiera los académicos de Cataluña se paran ya en estas cosas. No quieren debatir en España.

Fuera de Cataluña, por el contrario, está muy extendida la idea de que el procés, una vez finiquitado, dará pie a una negociación económica y fiscal con Madrid, beneficiosa para la Generalitat. Una especie de relación bilateral que sin llegar al estatus del País Vasco y Navarra se parezca bastante. Es posible. Pero a día de hoy, ni siquiera están en eso. Una prueba más de la necesidad de que alguien debería ponerse a hacer política con Cataluña. Ya lo dijo el expresidente Felipe González, y él algo sabe de estas cosas. ¿O no, Mariano? @J_L_Gomez