La corrupción ya se llevó por delante a los grandes partidos políticos en Italia

El presidente del PP y del Gobierno de España, Mariano Rajoy.
El presidente del PP y del Gobierno de España, Mariano Rajoy.
"PP y PSOE deberían ser los primeros interesados en el rearme ético de la vida pública. O ellos acaban con la corrupción, instalada en sus entrañas, o la corrupción los barre del mapa".
La corrupción ya se llevó por delante a los grandes partidos políticos en Italia

Nada han más corrosivo para la democracia que la impunidad con la que actúan y se mueven los corruptos. Y nada hay más indignante y desmoralizador para la sociedad que la defensa complaciente que de ellos hacen sus colegas de partido que, como dicen muchos jóvenes, tienen un morro que se lo pisan.

La secuencia es siempre la misma. Si la corrupción es ajena se denuncia y si es propia, se tapa. Si el imputado es de los nuestros "acabará demostrando su inocencia", pero si es del partido de enfrente, "debe asumir su responsabilidad de inmediato".

En teoría todos dicen respetar las decisiones judiciales, pero con frecuencia van demasiado lejos en sus manifestaciones, como hicieron dos altos cargos del PP y del PSOE que acusaron a los jueces que instruyen sus casos de corrupción de "abrir una causa general" contra sus partidos, curiosa y llamativa "unidad de criterio en lo universal", que diría un nostálgico. En lugar de asumir responsabilidades por conductas indecentes, echan la culpa a los jueces "que nos tienen manía".

Suele decirse que "el país puede con todo", que tiene fortaleza para superar todos los contratiempos. Todos, menos la corrupción que está dejando una huella imborrable en esta sociedad atribulada, harta de crisis, de recortes y de los políticos, como indica la encuesta del CIS. Es difícil sostener el argumento de que la mayoría son honrados y decentes, que seguramente lo son, con tantos casos abiertos -Bárcenas, ERE, Gürtel, ITV, Nóos, Palau, Pokemon, Campeón...- que ocupan mucho espacio en los medios de comunicación.

Estos días recobraron actualidad los casos Bárcenas y ERE, prototipos de la corrupción política, que aún tienen un amplio recorrido hasta llegar al fondo de cada uno de ellos. Nada volverá a ser normal en el Partido Popular mientras no aclare todas las circunstancias por las que su extesorero acumuló tanta fortuna y todo lo que rodea los fondos que recibía el partido. Y nada será igual en el Partido Socialista mientras no aclare las "transferencias financieras" de decenas de millones en Andalucía, que fueron un dispendio continuado y fraudulento de fondos públicos.

PP y PSOE deberían ser los primeros interesados en el rearme ético de la vida pública. O ellos acaban con la corrupción, instalada en sus entrañas, o la corrupción los barre del mapa político como anticipan los sondeos de opinión. Y como ocurrió en Italia en la operación Manos Limpias.

La corrupción ya se llevó por delante a los grandes partidos políticos en Italia
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