La cárcel no es para ricos

Un hombre tras las rejas. / Mundiario
Cárcel.

Al talego, hay que decirlo, también se fueron los ministros de Ansar. Pero la ergástula, aunque se sufra, debe mantener ciertas categorías, de no ser así esto se puede convertir en un sin dios.

La cárcel no es para ricos

El trullo es para la gentuza, entendiendo, lo segundo, como esa chusma formada por pobres, clases proletarias y clases medias de medio pelo. Secularmente, aquel que nació humilde tiene más probabilidades de caer bajo el distinguido mallete del juez de turno. No es que la Justicia juzgue al ciudadano, sino que los ricos juzgan a los pobres. 

Pero es cierto que en los últimos tiempos tal  relación de poder inamovible se desmorona y está en transformación: los ricos e importantes ciudadanos de gran cuenta, alta cuna y baja cama se van también a la cárcel. No digo aquella alcaldesa que vendió los pisos de los pobres a un fondo buitre extranjero y luego los pajarracos se lo regalaron a uno de sus hijos, esa supraélite neofascista es intocable en este país. Tampoco me refiero al honorable saqueador de Cataluña, que no hubo potencia estatal que lo prendiese, sino, entre otros, al Duque Salido o Empalmado o como fuera, todo un aristócrata chupando celda, un Segismundo de carne y hueso, capti principe miseriarum, vívido sueño del vulgo hecho realidad: todos somos iguales ante la Ley. Y al talego, hay que decirlo, también se fueron los ministros de Ansar, y el fontanero del partido de las gaviotas, cientos de imputados, más de mil, muchos de ellos, al fin, entre reja y ceja. ¿Brilla la esperanza?

Pero la ergástula, aunque se sufra, debe mantener ciertas categorías, de no ser así esto se puede convertir en un sin dios. Lo de arriba, arriba, lo de abajo, pues abajo. Democracia vale, pero igualdad la justa. O la injusta, depende de en que lado te tocó nacer. 

Al Duque Empalmado le pusieron una maco para el solo, no fuera que los presos apagaran sus fogonaduras con cariñosas atenciones a sus cuartos traseros. Trena sí, pero distinguida. Antes preso que sencillo. 

Pero la chirona dura tan poco para el rico como la alegría en casa del pobre. Es un airecito. Trincas mil euros, veinte años, si son cien millones, nada, en unos meses te ponen en la calle. Es la trena de Vacaciones en el mar. ¿Cuántos mangantes peperianos ya están de nuevo en su casa? Lo caro sale barato. El mundo del revés, como siempre.

Y hay algo peor: Cualquier desgraciado que caiga en presidio, una vez cumplida la condena sale a la calle y arrastra la etiqueta de expresidiario toda su vida, que será todo menos vida. Una cruz. Solo un apestado. El culo de la sociedad. Sin embargo, los mangantes de altura son rehabilitados de inmediato. Salen nuevos. Las élites arropan al ángel caído como si no pasara nada. Es uno de los suyos. No hay que hacer una tragedia por unos kilitos. Incluso en algunos casos las masas estúpidas los aceptan como héroes, promocionados por la telebasura y la prensa rosa que hace negocio. 

El espectáculo de esa gentuza indemne es una ofensa para la dignidad ciudadana. Un atentado contra los valores cívicos y las buenas costumbres, si de todo eso aún queda algo. Porque, al fin, este es el problema, la cultura del todo vale que la derecha cavernaria ha impuesto en España, igualando a todos y todo a la altura de sus miserables espíritus. @mundiario

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