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MUNDIARIO

¡La Bolsa o la vida...!

La Europa del norte calvinista y el exhumanístico sur converso perdieron demasiado tiempo intentando salvar, simultáneamente, las Bolsas y las Vidas. Ahora, ya ves, en lo que atañe a tan pocos, apenas se recupera el ansiado color verde y, respecto a lo otro, lo que nos atañe a todos, se hace cada día más difícil rebajar el inexorable y luctuoso color negro.

¡La Bolsa o la vida...!
El dilema entre la Bolsa y la vida.
El dilema entre la Bolsa y la vida.

¿Por qué los gobiernos de Occidente han ido retardando sus drásticas medidas de contención contra la Covid-19, eh? Eso es lo que se pregunta el personal en italiano, en español, en alemán, en inglés, en francés y demás lenguas primermundistas, y con razón, mientras desde las ventanas de sus casas se contempla esta exótica primavera en la que hiberna la vida y, en una trágica paradoja, florece con exuberancia la muerte. Hombre, sí, puede haber razones para todos los gustos del consumidor: exceso de soberbia, incompetencia en los poderes ejecutivos, prioridad de las previsiones demoscópicas de intención de voto respecto a las alertas científicas de invasión de virus, fanatismos ideológicos y ensayos sobre las redundantes y frívolas cegueras mediáticas de los estómagos agradecidos a los que mandan, en contraste con los estómagos aspirantes a que se lo agradezcan los que quieren y quizá lleguen a mandar.

Así de primitivos, superficiales, manipulables y manipuladores hemos llegado a ser los actuales descendientes del paradigmático “Homo Sapiens” Incluso en estas circunstancias, en las que rueda el bombo de las siniestras e indiscriminadas Loterías Nacionales, seguimos plantando semillas de éxito, de heroicidad, de ambición, de oportunismo, de likes, de influenciers, de ingeniosidad on line, de santonismo mediático, de silenciosa avaricia, con la inconfesable esperanza de poder recoger la cosecha cuando acabe de rugir está marabunta microscópica ¡Que ni por esas escarmentamos, coño!, lo que yo te diga. Que, ahora mismo, con las excepciones que ustedes quieran cohabitando con el miedo a “si saldré de esta”, desde las cúpulas del Forbes hasta las bases de la pirámide, pasando por la erótica del poder, las garrapatas de la paja y el pesebre y los necios que clasifican a la sociedad en “los nuestros” y los otros, se sigue confirmando la regla de que en aguas revueltas ganancia de pescadores. Así nos va. Así seguirá yéndonos cuando el Coronavirus se canse de demostrarnos, un día tras otro, aquello que los siervos le repetían a los engreídos generales romanos cuando hacían sus entradas triunfales en Roma: “Momento mori” (Recuerda que morirás)

Pero, bueno, volvamos a la dichosa pregunta sobre el retraso de los gobiernos primermundistas en recurrir al discurso de Churchill, ¿recuerdas?, tras el ya evidente e imparable avance del Nazivirus: “ Lucharemos...” Digo yo que también se ha podido tardar tanto en declarar la guerra, estimados camaradas de cuarentena, porque los gobiernos europeos, infectados de sibilino y aditivo calvinismo, han titubeado ante el “trascendente” dilema inicial al que les ha enfrentado el astuto asaltante procedente de China: ¡la Bolsa o la vida!

Se ha perdido tanto tiempo en decidirse por la vida, que lo tienen, lo tenemos muy crudo para sacar ahora de la UCI a los seres humanos que han dado positivo y a los valores del IBEX que cotizan en negativo. @mundiario