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El tribunal y la sospecha de plagio, dudas sobre la tesis de Sánchez

La adecuación del tribunal y el uso de fuentes y referencias y su tratamiento generan las dudas de mayor calado en el doctorado de Pedro Sánchez.

El tribunal y la sospecha de plagio, dudas sobre la tesis de Sánchez
La tesis de Pedro Sánchez.
La tesis de Pedro Sánchez.

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Es doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Es profesor titular de la Universidad de Vigo y periodista. Autor de 25 libros sobre temas de Derecho de la Comunicación, Protocolo y Comunicación institucional, es profesor invitado en diversas universidades de Europa y América. Está en posesión de diversos premios como periodista. El Ministerio de Defensa le otorgó la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco como historiador militar. @mundiario

Son varios los aspectos a considerar objetivamente, en torno a la controversia desatada sobre la tesis doctoral de Pedro Sánchez en una universidad incursa en una polémica por la presunta falta de rigor y solvencia en torno a la expedición de alguno de sus títulos y el modo de obtenerlos, lo que evidentemente influye en la impresión o el ambiente que envuelve a este caso.

En el de Sánchez, como en cualquier otra tesis, hay que evaluar su contenido, su tratamiento, el manejo de fuentes, las citas, el desarrollo, las conclusiones y la propia adecuación y competencia del tribunal. Y lo cierto es que los datos que van trascendiendo ofrecen algunos elementos a considerar.

Una tesis es un trabajo original de investigación; es decir, una aportación novedosa al conocimiento, a la cultura o a las ciencias. Si bien este es el principio, cabe que se elaboren tesis de investigación novedosa o pura; pero, sobre todo en las ciencias sociales, cabe elaborar tesis recopiladoras que reúnan, procesen, ordenen y relacionen conocimientos dispersos. El objeto ha de ser establecer coincidencias y contrastes para llegar a nuevas conclusiones.

No parece que Sánchez pueda ser considerado un investigador en estado puro, sino un mero recopilador que recoge y sintetiza lo ya sabido, si bien lo analiza, relaciona y compendia para llegar a unas determinadas conclusiones que en realidad es un nuevo discurso de obvios lugares comunes.

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Sánchez defiende en el Congreso la licitud de su tesis.

La cuestión del plagio

El problema que esta tesis presenta se relaciona con el plagio o utilización ilícita de documentos, textos, cuadros y materiales anteriores y de otros autores y fuentes. El hecho de que se cite a sí mismo, si corresponde a artículos publicados en revistas científicas cualificadas no me parece anormal. Pues si cita a otros autores no veo razón para que no se cite a sí mismo.

El uso de cuadros de informes, separatas o publicaciones oficiales es legítimo en dos casos: cuando se cita adecuadamente la fuente de dónde han sido tomados, pero sin abusar de su uso, o bien cuando el cuadro se relabora de nuevo, colocando al pie la indicación “elaboración propia a partir de…". Pero recortar y pegar es mero plago, abuso y uso indebido.

Si Sánchez hizo una tesis de retales era el tribunal quien debería haberlo detectado y rechazado. Y ahí surge otro problema, al que más abajo me refiero: la adecuación del tribunal. Tema peliagudo.

El asunto de las citas está claramente establecido por las diversas normas al uso sobre en el trabajo intelectual, ya sea cita larga, corta, directa o indirecta. La fuente tiene que ser clara, precisa e identificada. En este caso, el uso de comillas o sangrado y cuerpo adecuado para diferencias el texto propio del ajeno tiene que ser diáfana. Pero los pícaros y tramposos juegan con ello, a veces de forma infantil.

No es lo mismo, si fuera el caso, si Sánchez se limitó a apilar como novedosos artículos suyos publicados anteriormente (cosa distinta de la cita puntual de una publicación anterior en apoyo de una aportación novedosa que escribir ex novo un texto nuevo).

Evidentemente, no se admite volcar tal cual el contenido de cualquier otra cosa vieja y publicada. Ahora bien, si una vez aprobada y juzgada la tesis, se publica un libro aprovechando su contenido no tiene nada de anormal. Es, diría lo deseable, pero exige la reelaboración y tratamiento del texto para convertir la tesis en libro propiamente y eso no es publicarla tal cual.

Si para publicar un libro a partir de la tesis, si Sánchez cuenta con otra persona; se hace constar el origen de los materiales, las aportaciones de uno y otro o se deja claro la parte de cada uno tampoco es irregular. Pero sí lo es si ahora aparece una tercera persona compartiendo literalmente textos de la tesis de Sánchez en la que no ha participado. ¿O sí? Esa es la duda, el riesgo y la sospecha.

Dudas sobre el tribunal

En la Universidad pública, para formar parte de un tribunal, y hablo por mi experiencia, cada candidato propuesto, ya sea titular o suplemente, debe poseer y presentar un currículum cuyo contenido denote que está capacitado y tiene los conocimientos adecuados para juzgar la tesis.

No se puede negar que es frecuente que en ocasiones no se respete esta lógica exigencia y se lleve al tribunal a personas del círculo de amistades del director de la tesis, quien por cierto también es juzgado cuando se enjuicia al doctorando. En el caso del tribunal de Sánchez han surgido dudas de esa adecuación, con evidencias tan rechinantes como uno de los doctores que juzgó al aspirante apenas llevaba dos meses como doctor él mismo.

La responsabilidad del tribunal es enorme. Hace años, yo mismo presidiendo un tribunal en la Universidad de Sevilla, acordé con el resto de los vocales y la secretaria devolver su tesis a una doctoranda porque el contenido de la misma carecía de madurez para ser estimada, cosa que su director entendió. La tesis volvió a ser presentada meses después y sólo mereció la calificación de notable.

Volviendo al asunto de Sánchez, como cualquier otro doctor tiene el deber de depositar la tesis en el Repositorio del Ministerio de Educación, pero conserva plenamente su derecho a permitir el acceso a la misma bajo determinadas condiciones. Pero no tiene obligación de publicarla si no quiere.

Lo más habitual fue que una tesis doctoral fuera de 600 a 700 páginas. Pero es un dato convencional. Las tesis no se miden al peso. Puede ser una excelente tesis con 200 páginas, y en ese sentido, la tendencia es que las tesis sean cada vez de menor página, concentrándose en la substancia esencial. La de Sánchez puede ser una buena tesis con sólo 300.

De todos modos, aparte de lo dicho, parece que la tesis del presidente del Gobierno fue lo que en términos taurinos se denomina una faena de aliño. Es decir, el trámite final para salir del paso. Pero hasta las faenas de este tipo hay que hacerlas bien y conforme a las reglas. @mundiario