El juez envía a prisión a Romillo, el empresario de criptomonedas que financió a Alvise
El titular del Juzgado Central de Instrucción Número 4 de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, ha decidido enviar a prisión provisional y sin fianza a Álvaro Romillo Castillo, conocido en redes como Cryptospain o Luis Crypto, tras confesar que financió la campaña la campaña a las elecciones europeas del líder de Se Acabó La Fiesta (SALF) Luis Pérez, Alvise. La medida llega en medio de acusaciones de estafa, blanqueo de capitales y organización criminal por un total de más de 260 millones de euros.
El arresto de Romillo, ejecutado por la UCO de la Guardia Civil con colaboración de la Agencia Tributaria, evidencia un entramado financiero que se extendía por medio mundo: cuentas en Portugal, Reino Unido, Albania, República Dominicana, EE. UU., Singapur, Bélgica, Tailandia y Hong Kong. Según explican fuentes jurídicas al diario EL PAÍS, se localizaron movimientos de dinero en el extranjero de hasta 29 millones de euros.
Romillo se convirtió en una figura popular en redes sociales gracias a su promesa de rentabilidades del 20 % anual con inversiones en obras de arte virtuales, oro, y bienes de lujo. Sin embargo, las investigaciones apuntan a que estas ganancias eran solo un señuelo para desviar fondos hacia su propio patrimonio, dejando a 2.700 inversores atrapados en un “chiringuito financiero”, como lo definió la CNMV.
El empresario ha declarado que su intención siempre fue devolver el dinero y colaborar con la justicia. No obstante, sus explicaciones sobre pagos en efectivo y un chalé de 800 metros cuadrados con un alquiler de 20.000 euros al mes han generado escepticismo en el juez y la fiscalía.
Un entramado global de lujo y engaño
La UCO ha desentrañado un complejo entramado de sociedades pantalla, múltiples cuentas bancarias internacionales y movimientos financieros opacos que sugieren una estrategia deliberada para esquivar impuestos en España. Además, el magistrado ha remitido indicios de un posible delito de alzamiento de bienes, después de que Romillo transfiriera sociedades a personas de su entorno cercano.
Más allá de la estafa millonaria, este caso revela la fascinación que ejercen las figuras mediáticas en el mundo de las inversiones. Romillo, que reconoció no tener estudios financieros, supo utilizar su popularidad digital para atraer inversores y construir un imperio basado en promesas incumplidas.
Contradicciones y versiones que generan dudas
Durante su declaración, Romillo mostró inconsistencias que aumentan la sensación de engaño. Afirmó haber perdido todos sus móviles en un robo, pero luego admitió tener tres terminales; declaró haber sido víctima de ladrones que se llevaron 36 relojes de lujo y dos millones de euros en criptomonedas, pero ocultó que conservaba 12.000 euros en efectivo para seguir viviendo y viajando. Estas contradicciones refuerzan la percepción de que su narrativa sobre la devolución de fondos es, como mínimo, parcial.
Ahora bien, el hecho de que Romillo financiara la campaña de Alvise añade una dimensión política al escándalo. No se trata solo de un fraude económico, sino de la infiltración de dinero de dudosa procedencia en la esfera política, lo que pone en entredicho la transparencia de los procesos electorales y la responsabilidad de los partidos al aceptar fondos de origen cuestionable. @mundiario