El juez deniega la libertad a Jordi Sànchez e impide que acuda a la investidura
El presidente del Parlamento catalán aplazó sine die el pleno de investidura de Jordi Sànchez. La defensa del encarcelado comunicó que presentará una demanda el próximo lunes ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pablo Llarena, el juez del Supremo, aceptó la tesis de la Fiscalía del Estado.
Jordi Sànchez sigue en manos de los jueces. El magistrado del Tribunal Supremo que instruye la causa por rebelión ha denegado, como era previsible, su libertad provisional, con lo que se impide que acuda a la investidura.
Algunos amigos me preguntan ¿cómo se entiende que la constitución de un gobierno por “soberana” decisión de un parlamento, pueda, en definitiva, quedar en manos de los jueces? ¿No contradice esta insólita situación el clásico principio de la división de poderes?
Pues bien, queridos lectores de MUNDIARIO, la respuesta es muy sencilla. No estamos ante un debate de ideas o de distintos planteamientos de legitimas posiciones políticas. Estamos ante la comisión de gravísimos hechos delictivos en los que aparece, entre otros, como responsable este candidato espuriamente propuesto así por el presidente del Parlamento catalán. Y estas son las reglas del juego democrático: los gobiernos y los parlamentos hacen política aprobando y ejecutando las leyes y las iniciativas politico-administrativas.
Y los jueces controlan el sometimiento de la Administración a la ley y el Derecho y enjuician y sancionan las conductas penalmente previstas. En esta fundamental función de los jueces se encuentran las decisiones que provisionalmente hay que adoptar para quien estando sometido a un procedimiento penal, conserva no obstante intacto su derecho a la presunción de inocencia, hasta que la sentencia definitiva lo desautorice o lo confirme. Es lo que sucede en el caso del parlamentario catalán Sanchez, investigado y sujeto a la medida cautelar de prisión preventiva por fundadas razones de riesgo de reiteración delictiva. Así de sencillo y así escrupulosamente democrático. @mundiario