Juan Guaidó comienza a evaluar ajustes en la estrategia contra Maduro en Venezuela

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El presidente interino de Venezuela y expresidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó. / El Nacional
Aunque la UE no seguirá apoyando a Guaidó como presidente interino, lo hará como líder opositor, pero eso no es garantía de un compromiso de Bruselas con más y nuevas sanciones contra la dictadura de Maduro.
Juan Guaidó comienza a evaluar ajustes en la estrategia contra Maduro en Venezuela

Venezuela no ve luz. La magnitud de la crisis en el país más inestable de América obliga a repensar la hoja de ruta que su mermada dirigencia política no ha sabido canalizar ni diseñar para lograr un desbloqueo al conflicto de poder que hoy tiene a Venezuela sumida en un profundo desgaste económico y social. Ahora que todos los espacios institucionales han sido dominados por la élite totalitaria y militarista del chavismo, son pocas las opciones que le quedan a la oposición venezolana para seguir adelante en su intención de lograr ese momentum por el cual se ha esforzado, error tras error, durante siete años, a fin de sacar a Nicolás Maduro del Gobierno por su responsabilidad directa en la hiperinflación, la pobreza, la migración, la represión, las violaciones a los derechos humanos y la desigualdad.

Y es que en medio del limbo jurídico, constitucional y político en el que ha caído el líder opositor Juan Guaidó, quien ha dejado de ser considerado por la Unión Europea como presidente interino de Venezuela, la oposición y sus aliados internos debaten cómo crear una estrategia eficaz que fuerce al régimen de Maduro a negociar su salida del poder, pues una salida no política podría más bien atrincherar aun más a la cúpula chavista en el Palacio de Miraflores, la sede del Gobierno en Caracas. 


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La dirección de la oposición venezolana debate los ajustes a la estrategia contra el régimen de Nicolás Maduro tras perder el control de la Asamblea Nacional, la única institución que presidía, con la que ganó la legitimidad y una plataforma diplomática que le valió el reconocimiento de 60 países, los cuales formaron una coalición internacional contra Maduro para fomentar la imposición de sanciones por parte de Europa y Estados Unidos para presionar al régimen venezolano a negociar o entregar el poder.   

La nueva situación ha obligado a los dirigentes Juan Guaidó y Leopoldo López a aceptar las críticas para evaluar el alcance de los daños que la arremetida política del Gobierno chavista sobre la Asamblea Nacional opositora y sobre su capacidad para movilizar a la población con protestas civiles ha causado en la el liderazgo y la unidad de lo que un día fue una coalición de partidos que pudo haber puesto en jaque al régimen, pero nada más lejos de la realidad actual. 

Los líderes del partido opositor Voluntad Popular, la cuna política de Guaidó y López, insisten en que esta es “una decisión tomada para afianzar el compromiso unitario”. Guaidó emplazó este jueves a Henrique Capriles, excandidato presidencial, María Corina Machado y otros dirigentes distanciados a que “respondan al último llamado de la patria”.

Sin embargo, el Gobierno interino de Guaidó ha cometido el grave error de caer en la burocracia, razón por la cual más de 80 millones de dólares del stock financiero de su administración por más de US$400 millones, derivados de las confiscaciones de capitales del Departamento del Tesoro de EE UU al Gobierno de Maduro, han sido destinados a gastos burocráticos y a financiamientos de las giras diplomáticas de Guaidó y sus aliados, lo cual no ha servido para generar un resultado político dentro de Venezuela, pues Maduro sigue enclaustrado en Miraflores tomando el control militar cada vez más férreo de un país que realmente no gobierna, sino que solamente maneja con la mira puesta en evitar un estallido por la gravedad de la crisis. 

Entonces, en medio de esa burocracia, el ahora ex presidente interino de Venezuela creó el llamado Centro de Gobierno, que coordinaba Leopoldo López (exiliado en España), uno de los soportes de la estrategia nacional e internacional de la oposición venezolana en estos años, pasa a convertirse en una dirección ampliada, un consejo político integrado por los partidos democráticos que apoyan a Guaidó, que como anterior jefe de la Asamblea Nacional se proclamó presidente interino en 2019 y fue reconocido por casi 60 países.

El problema es que esa estructura de partidos no tiene capacidad de generar movilización en Venezuela por los enormes costos sociales y políticos de la represión sistemática de Estado, controlada por Maduro. Esos partidos solo se limitan a comunicados, ruedas de prensa y llamados pseudodiplomáticos a Maduro para que abandone el poder, lo cual no se equipara con el mecanismo de control militar tan sólido que el régimen mantiene en Venezuela.

Entonces, la táctica de Guaidó se centra en crear una especie de “gobierno encargado de alcance internacional” para hacer lobby ante las grandes potencias con el fin de acelerar la imposición de nuevas sanciones o se emita un ultimátum diplomático de Washington y Bruselas para que se busque la mediación rumbo a una eventual mesa de negociación entre el chavismo y la oposición en aras de una transición que solucione la crisis económica del país de manera progresiva.  

Aunque la UE no seguirá apoyando a Guaidó como presidente interino, lo hará como líder opositor, pero eso no es garantía de un compromiso de Bruselas con más y nuevas sanciones contra la dictadura de Nicolás Maduro, pero sí posiblemente con un intento de mediación diplomática de Europa para que el régimen ceda posiciones y acepte una salida negociada por la recuperación del país. La mayor parte de la oposición venezolana mantiene e insiste en que la presidencia interina seguirá en funciones. Entretanto, el futuro de Venezuela sigue siendo muy incierto. @mundiario

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