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MUNDIARIO

Una ruidosa minoría de jóvenes gallegos y vascos dan una triste lección de democracia

Los líderes políticos tienen la misión de dar ejemplo de respeto por el contrincante y ser el referente moral en el que fijarse; de no ser así, la violencia adolescente irá envenenando a la sociedad.
Una ruidosa minoría de jóvenes gallegos y vascos dan una triste lección de democracia
Jóvenes en A Coruña manifestándose contra un acto de Vox. / TW
Jóvenes en A Coruña manifestándose contra un acto de Vox. / TW

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Judith Muñoz

Judith Muñoz

La autora, JUDITH MUÑOZ, es escritora y periodista. Fue coordinadora general de MUNDIARIO, donde actualmente es adjunta al Editor. Fue redactora del periódico Xornal de Galicia y también formó parte del equipo del periódico La Voz de Galicia y de la agencia Quattro Idcp. Es autora del libro de poesía Anhelo. @mundiario

Piedras, botellas, bengalas, insultos… con estos protagonistas, ajenos al espíritu democrático, han sido recibidos los políticos de Vox en zonas del País Vasco y Galicia. Un puñado de jóvenes, algunos de los cuales no tienen edad para votar, fueron quienes alzaron estos símbolos antidemocráticos y violentos, ataviados en repetidas ocasiones con la bandera del movimiento LGTB, como si eso les legitimase para actuar de manera execrable, justamente cuando este movimiento pretende ser el reflejo de la no discriminación. Se trata de una ruidosa minoría que ha dado estos días una triste (anti) lección de tolerancia en las calles de España. Porque todos sabemos que la democracia hace tiempo que dejó de ejercerse con piedras e insultos y el voto en las urnas, libre, es la mejor arma para cambiar políticos o impedir que otros alcancen el poder. Todo lo demás es denunciable, a pesar del clamoroso silencio general de los medios de comunicación hacia estos graves sucesos.

En A Coruña la policía tuvo que realizar cargas policiales contra estos jóvenes para que miembros de Vox y simpatizantes pudieran entrar en el mitin que se celebró en Palexco; en Ferrol la fuerzas policiales también tuvieron que intervenir para proteger de piedras e insultos a aquellos que se dirigían a escuchar el mitin. En Vilargarcía de Arousa se pudieron oír lindezas como “españoles hijos de puta”. Rocío de Meer, diputada del Congreso por Vox, fue alcanzada por una piedra en Sestao (Vizcaya), lanzada por un grupo de adolescentes que intentaron silenciar mediante la violencia el acto de este partido, suceso que alcanzó más relevancia si cabe después de que el portavoz de Podemos, partido político en el Gobierno, lanzase el bulo en redes sociales de que el ataque había sido falso. Luego se demostró, incluso respaldado por la prensa afín a la ideología de la izquierda, que lo suyo era la mentira y la agresión una triste realidad.

Ejemplos, en definitiva, de la bajeza moral de algunos jóvenes de este país que jamás tuvieron que reivindicar su derecho al voto ni su derecho a nada porque, afortunadamente, lo tienen todo.

La realidad es que en las últimas elecciones nacionales, Vox fue votado en Galicia por el 7,8% por los gallegos (114.834 votos) y en el País Vasco por el 2,43% (28.659). La realidad es que no defender las políticas nacionalistas de ciertas comunidades autónomas es legítimo; acabar un mitín con el himno de España no es ilegal ni violento; defender la lengua española es otra opción… Nada de ello puede derivar en un intento de silenciar a un partido político que se ha ganado con el voto de más de tres millones y medio de ciudadanos en toda España su derecho a proponer otras opciones de gestión política.

Las urnas se abren en Galicia y País Vasco este domingo 12 de julio con otras opciones (PP, PSOE, Podemos, BNG...) en pie de igualdad democrática y los jóvenes con edad para votar tendrán la oportunidad de expresarse eligiendo a su partido favorito, pero las piedras y los insultos no representan nada ni a nadie. Si ellos no lo saben, deberán ser los líderes del resto de partidos quienes den ejemplo de respeto por el contrincante y sean el referente moral en el que fijarse. @opinionadas en @mundiario