Janusz Korwin-Mikke: es usted el hazmerreir de medio mundo

Janusz Korwin-Mikke. / Mundiario
Janusz Korwin-Mikke. / Mundiario

Este fascista recalcitrante dijo que las mujeres somos más débiles y por ello tenemos que ganar menos que los hombres. Es bueno que esto ocurra porque ejemplifica y le pone rostro, nombre, apellidos y cargo, a todo lo que queda de monstruoso en la mentalidad machista.

Janusz Korwin-Mikke: es usted el hazmerreir de medio mundo

Korwin-Mikke, fascista recalcitrante, ha dicho en sede parlamentaria europea que las mujeres somos más débiles y por ello tenemos que ganar menos que los hombres. Es bueno que esto ocurra porque ejemplifica y le pone rostro, nombre, apellidos y cargo, a todo lo que queda de monstruoso en la mentalidad machista que todavía es predominante en nuestras sociedades, por muy europeas, avanzadas, cultas... que sigamos siendo. 

Es cierto que así se creyó y justificó hasta hace muy poco tiempo. Aún durante la Revolución Francesa se nos seguía considerando inferiores por formar parte de lo "natural". Es decir, por ser un mero recurso de la naturaleza para procrear y garantizar la supervivencia de la especie humana. Y ya está. Lo demás: lo racional, lo intelectual, lo social, no estaba hecho para nosotras, así que nos excluyeron de los valores de la igualdad, la justicia y la fraternidad. Los ilustrados de la época estaban convencidos de que así tenía que ser. Quedamos fuera del nuevo Contrato Social y se nos negó la condición y los derechos de la ciudadanía.

Los primeros movimientos feministas lo fueron a favor del sufragio y, progresivamente, promueven un cambio de conciencia para identificar las barreras que impone el patriarcado y "romper el techo de cristal" que va más allá de la igualdad legal para pretender la igualdad real

Desde entonces han pasado poco más de doscientos años en los que la Humanidad ha tenido grandes avances sociales, con la eclosión –incluso y pese a todo– del feminismo. O quizás, gracias a tamaña injusticia. Las mujeres quisimos votar y poder ser elegidas para participar de la "res publica". Se trataba de tener los mismos derechos y deberes que los hombres. Los primeros movimientos feministas lo fueron a favor del sufragio y, progresivamente, promueven un cambio de conciencia para identificar las barreras que impone el patriarcado y "romper el techo de cristal" que va más allá de la igualdad legal para pretender la igualdad real. En eso estamos, llamando a las cosas por su nombre y hoy está aceptado y normalizado identificar este tipo de comportamientos como violencia machista. 

Pero queda mucho camino por recorrer... Janusz Korwin-Mikke, el diputado polaco que excretó su ideología misógina, no es un espécimen tan raro. Lo más preocupante, en su caso, como en el de Trump, es que estén en esferas de poder político. Pero en los consejos de administración de las grandes corporaciones bancarias, armamentísticas, farmacéuticas, agroalimentarias... y en el comercio de la esquina de su casa, en el colegio al que van sus hijos, en la novela y en la serie de moda, o en cualquier canción que se cuela en nuestras cabezas casi sin que nos demos cuenta, está el mismo mensaje con diferentes vestiduras, pero con idéntica concepción.

Así que "ojo al dato", y gracias a Korwin-Mikke y a su exabrupto porque su repercusión nos dice que algo ha cambiado: estas manifestaciones, a día de hoy, provocan escándalo y repudio, incluso, de quienes en su vida privada se comportan igual que el susodicho. Es un síntoma de cambio innegable. Otro lo es el repunte de la violencia extrema con consecuencia de muerte –con métodos cada vez más brutales– que anima a algunos desesperados cuando ven que pierden lo que creían de su propiedad: una mujer que durante algún tiempo "fue suya". Porque no hay cambio social sin víctimas. Tampoco, sin identificación de los victimarios. 

Bienvenido al club de los machirulos violentos, Korwin-Mikke. Es usted el hazmerreir de medio mundo, pero maldita la gracia porque nos va a resultar difícil olvidar su cara a muchas de nosotras. Y a cada vez un mayor número de varones que lo ven como a un cobarde indigno que ensucia la condición de ser "hombre".

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