La ira acumulada empuja hacia el populismo de izquierdas y derechas

Populistas de derechas.
Populistas de derechas.

Muchos se preguntan por qué el mundo se inclina hacia los extremos populistas, de donde sale tanto odio y deseo de venganza contra la clase política que gobernó hasta ahora.

La ira acumulada empuja hacia el populismo de izquierdas y derechas

Se dice que el mundo está cambiando como cambia el clima o el nivel de los mares, que toma un rumbo incierto hacia un populismo lleno promesas irrealizables tanto de izquierda como de derecha, y alguna gente se pregunta porqué, pero desde el punto de vista social las explicaciones son más sencillas de lo que parece. 

Desde nuestra guerra civil, cuando éramos un país de alpargata, España no hizo más que crecer, primero lentamente, luego más rápido desde el reconocimiento por parte de Estados Unidos, y ya aceleradamente en los años sesenta, cuando subimos al nivel de potencia mundial. Hay que ser muy mayor para recordar tiempos donde se hablase de recesión. El mundo entero siguió el mismo camino, el de la mejora permanente con minicrisis ciclicas del capitalismo como la del petróleo en el 74, o la del 92, nada que afectase seriamente a la economía familiar persistentemente. Durante ese tiempo se vivió un ciclo donde los nacidos después de la Segunta Guerra Mundial llegamos a convencernos que el mundo tenía un progreso contínuo, se lo creyeron hasta los bancos que convencidos de que los salarios seguirían subiendo permanentemente por encima de la inflación por muy alta que esta fuese y que las casas serían cada vez mas caras, un valor seguro, nos dieron tantos créditos  que el mundo entero estaba lleno de deudas.

Pero a finales del 2007 el mundo naufragó, todo se vino abajo y aquellos ahorros de toda la vida pasaron a valer la mitad, lo mismo si estaban en acciones o en pisos, esa casa donde vivia la gente humilde (o rica), ese sueño de vender su casa algún día para volver al pueblo y tener una vejez tranquila, se derrumbó, y lo que es peor, se siguió derrumbando hasta el día de hoy. Además de reducido el patrimonio de todos a la mitad, los funcionarios vieron reducidos su poder adquisitivo en un 13%, las pensiones de 9,5 millones de pensionistas vieron sus ingresos congelados, y los salarios castigaron duramente a una clase media sustituida por máquinas y robots, surgiendo una nueva generación, la de los mileuristas. Nadie se salvó, los que vivían de tener un piso alquilado vieron reducida su renta, los negocios y las pymes se quedaron sin créditos,  las quiebras se hicieron diarias y mucha gente perdió su casa porque las hipotecas se hicieron impagables. Unos volvieron a casa de sus padres y otros echaron mano de la pensión del abuelo. Unos emigraron, otros retornaron a sus países, y los más almacenaron ira, odio, ansias de venganza contra los que aparentemente eran culpables de la desgracia, los politicos que habían financiado ilegalmente a sus partidos, los que se habían lucrado, o simplemente los que se encontraban en una situación privilegiada.

Aunque no afectó a todos por igual, casi todos los habitantes de otros países fueron a peor, los mileuristas también están en Estados Unidos o en Alemania, también en Europa se incrementan las horas de trabajo, la edad de jubilación, o la amenaza del  paro, y entonces, cuando más desesperada está la gente, surgen nuevos mensajes desde nuevos partidos,  gente que dice saber quien es el culpable y le señala con el dedo. Por la extrema derecha llegan mensajes de que el problema está en la inmigración, en el terrorismo religioso, o en la falta de fronteras y aranceles, de que es necesario elevar la inversión productiva, los puestos de trabajo aun a costa de recortes sociales, y por otro extremo la izquierda con modelos fracasados, se torna populista y promete cosas atractivas, subir pensiones, salarios, prestaciones, rentas mínimas, y un largo etc., pero sin pragmatismo, sin que sus fuentes de ingresos para realizarlos resulten creíbles, o tengan alguna base para apoyarlos. Siempre sencillas fórmulas sin fundamento.

Es igual, la batalla ya ha comenzado, necesitamos culpables para dar salida a nuestra ira, necesitamos dar una patada al establishment para soñar, y si hay que votar a Trump se le vota como a cualquiera que se muestre destructivo del poder establecido, de la UE, y hasta del Estado. Alguna comunidad declarará la independencia (Cataluña lo hace de vez en cuando aunque dure uno o dos días), protestará Escocia el Brexit y estaremos revueltos un tiempo, pero la gente sensata, la que quiere líderes honrados, realistas, moderados, sin discursos demagogos, saben que el mundo estalló por la corrupción generalizada, por la falta de escrúpulos, de ética o de moral,  y encontrará la forma de que los partidos sean honrados, que no mientan, que controlen las desviaciones de sus banqueros y empresarios, y que dibujen un mundo que podamos ansiar, esté en el futuro cercano y sea alcanzable, con menos teatro, postureo, y lucha por el voto. El primer paso, la separación real de poderes, los aforamientos, el fin del fraude, reducción de cargos políticos remunerados a la mitad, y así hasta recobrar nuestra confianza.

La ira acumulada empuja hacia el populismo de izquierdas y derechas
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