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MUNDIARIO

Interpolación a principios y límites 

La historia está plagada de mitos dinámicos. Y, desde su punto de vista, el del Partido Popular, se entiende perfectamente esta actitud. Pero quizás a la política no vendría mal “una mano de pintura”, en forma de principios y límites.

Interpolación a principios y límites 
Pablo Casado. / La Sexta
Pablo Casado. / La Sexta

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Pablo González Mariñas

Pablo González Mariñas

El autor, PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS, es colaborador de MUNDIARIO. Es político, profesor de Derecho Administrativo y escritor. Fue miembro del Partido Galego Independiente y diputado por la UCD en el primer Parlamento de Galicia. Tras ser uno de los fundadores de Coalición Galega, en 1985 encabezó la escisión del sector más nacionalista, que dio origen al Partido Nacionalista Galego. Fue conselleiro de la Presidencia y diputado por el BNG. @mundiario

Los argumentos críticos de la derecha española y gallega a sus adversarios políticos han venido centrándose “secularmente” en la división global de la izquierda, la partenogénesis de sus partidos, su cainismo interno y la inestabilidad de los gobiernos constituidos con estos componentes políticos.

Estas son, sin duda, verdades no sé si plenamente objetivas, pero sí difícilmente rechazables. Es más, no se puede negar que tal fisonomía explica en buena medida la impotencia de la izquierda y el nacionalismo para ganar el poder electoral, cuando menos en Galicia.

Pero cuando una sorprendente realidad socio-política nueva e impetuosa demuestra que es posible superar la división y consolidar un Gobierno “de izquierdas”, entonces se abandona por la derecha clásica todo asomo de coherencia argumental, de “criticismo kantiano”. Ya nada importa la estabilidad, aunque precaria, alcanzada, cuya endeblez se arroja a la cara de los actuales gobernantes, apodados ridículamente de Gobierno “Fran-Kens-Tein”, mientras se azuza parlamentariamente la presunta inestabilidad que se critica.

Bien sé que hay mucha diferencia entre Maquiavelo y el Santo Franciscano y que es moneda común en el circo político la confiscación acrobática de los argumentos del contrario. Pero hay ahí un grado notable de hipocresía, del que habría que medir su grado de soportabilidad social.

El Partido Popular, con la irrupción de un presidente con “plomo en las alas”, escorado hacia un extremo ideológico, con una importante fractura interna y con la presencia activa un consolidado rival como Ciudadanos, un competidor con presencia y cierta destreza dialéctica, ¿puede presentarse como garante de futura estabilidad política?

La historia está plagada de mitos dinámicos. Y, desde su punto de vista, el del Partido Popular, se entiende perfectamente esta actitud. “Bastaría lembrar –escribió Fidelino de Figueiredo– os suplicios impostos aos títanes que ousaran coaligar-se para guerrear Zeus”.

Pero quizás a la política no vendría mal “una mano de pintura”, en forma de principios y límites. @mundiario