En el independentismo catalán y gallego se desliza cierta comprensión con Putin

Una imagen de la guerra de Ucrania. / RR SS
Una imagen de la destrucción de Ucrania.
En sus comentarios en redes sociales dejan caer paralelismos y analogías entre sus ideas y el derecho de las regiones separatistas de Ucrania.
En el independentismo catalán y gallego se desliza cierta comprensión con Putin

Pese a la conmoción que produce el sacrificio del pueblo de Ucrania, especialmente agredido por Putin en su población civil más vulnerable y la pavorosa destrucción de un país, sin dejar de sentir esa emoción, cabe intentar analizar las causas y concausas que nos han conducido a esta situación. De manera harto simplista, algunos analistas acusan a Estados Unidos de ser el responsable de la agresión de Rusia, país al que no le quedó otro remedio que empezar en defensa de las minorías pro rusas de parte de Ucrania, antes masacradas por el Gobierno de Kiew, ante la indiferencia occidental. La Unión Europea y la OTAN serían meras comparsas seguidora o manejada por Norteamérica en función de imponer su hegemonía militar y económica. De otro lado, se comenta que Occidente no mostró la misma solidaridad y escándalo en otros casos en que las poblaciones civiles sufrieron el mismo acoso que las de Ucrania, ya sea Palestina o Irak. Y eso es cierto. Por último, sectores del nacionalismo no ocultan en sus comentarios una cierta comprensión hacia Putin, estableciendo imposibles paralelismo entre la causa que defienden y las regiones pro rusas de la nación ahora masacrada. Rusia, como país cercado, no habría tenido más remedio que defenderse. Se ha llegado incluso a manifestar que hoy en día la OTAN no tiene razón de ser porque enfrente ya no está el “Pacto de Varsovia” y que no existe enemigo.

El origen inmediato de esta guerra está en el reconocimiento por parte de Putin de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y de Lugansk, en el Donbás, al Este de Ucrania, cuyas poblaciones estaban siendo acosadas por el gobierno central. Y eso está siendo manejado en España por ciertos sectores del independentismo catalán y gallego de forma muy evidente. Para mandar sus tanques Putin invocó “sus acuerdos” con Donetsk y Lugansk que prevén “la defensa común contra la agresión externa y el derecho a utilizar la infraestructura militar de cada uno”, de ahí que haya rusos que dicen que para las poblaciones de estos territorios la invasión es “una liberación”. Pero el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, acusaba a Rusia de violar “la soberanía e integridad territorial” de su país, al tiempo que advierte no logrará modificar las fronteras internacionalmente reconocidas de Ucrania. La brutal forma de invadir este país ha supuesto la condena internacional y por ello no parece fácil un acuerdo que ponga fin a la guerra, cuya factura no sólo pagan los pueblos ucraniano y ruso, sino todos los europeos. Pero es indispensable ya.

Ahora resulta más que evidente que Zelenski, que ha reconocido que, al menos de momento, esa adhesión a la OTAN no será posible, se precipitó al pretenderla. Y Rusia se sintió cercada.  Pero, sobre todo, está la cuestión del Donbásm una parte del país conocida históricamente por sus minas de carbón, limítrofe con Rusia y que está poblada en su mayoría por rusoparlantes desde tiempos de la Unión Soviética. Y en ese territorio ha corrido ya la sangre de ambos lados, en la guerra que en 2014 dejó 14.000 muertos. La cuestión estriba ahora en si aparte de la renuncia a formar parte de la OTAN, Ucrania aceptará la segregación definitiva del Donbás o si se podrá articular una solución intermedia y volver al equilibrio que se esperaba de la firma en febrero de 2015 de los acuerdos de paz de Minsk entre Ucrania, Rusia, Francia y Alemania.

El papel de la comunidad internacional

Es evidente que todo acuerdo que pudiera producirse entre Rusia y Ucrania tendrá que ser respaldado por la comunidad internacional y que la factura de esta guerra ya está siendo elevada para todos y que lo será más porque, entre otras previsiones, habrá que reconstruir Ucrania, cuya población está condenada a una larga pobreza según anticipan los analistas más rigurosos. Además, en el fondo de todo, aunque Putin diga que no pretende volver a la etapa soviética, sus actos parecen dar a entender que nunca creyó que Ucrania fuera un verdadero estado desgajado de la URSS que lo creara y que su acercamiento a Occidente y a sus instituciones era un proceso antinatural que agredía a Rusia dentro de lo que fue parte de la misma. En todo caso, es preciso detener esta locura. De momento, Rusia ya ha logrado que Ucrania renuncie a formar parte de la OTAN, que fue su primera demanda. Conviene recordar que Rusia nunca ha renunciado a ejercer cierta tutela efectiva sobre aquella parte de la antigua URSS como ya ocurriera con Georgia en 2008, que fue invadida igualmente, pero con menos violencia y se reconoció la independencia de las Abjasia y Osetia del Sur. En ese sentido, a Putin le ha costado digerir que alguna de las naciones que forman parte de la URRS como las repúblicas bálticas o países que fueron del Pacto de Varsovia estén ahora en el otro bando. Pero hay que parar esta guerra que a ha lanzado fuera de su país a tres millones de personas y condenado al resto a una precaria situación de asolación y muerte. @mundiario

En el independentismo catalán y gallego se desliza cierta comprensión con Putin
Comentarios