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Sin equidad, la excelencia adultera el sistema educativo público

Solos o no en el Universo, tratamos, en exceso, de modular la individualidad diferencial. Los acentos dualizadores pautan conductas antidemocráticas.

Sin equidad, la excelencia adultera el sistema educativo público
Patio de un colegio.
Patio de un colegio.

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Manuel Menor

Manuel Menor

El autor, MANUEL MENOR, es analista de educación de MUNDIARIO. @mundiario

Según un estudio reciente de Oxford, sería imposible que existiera vida en el Universo. Estaríamos, pues, solos en la Tierra. Sin embargo, aunque no hay evidencia de que haya vida inteligente, tampoco la hay de que no exista en otras estrellas de esta u otra galaxia.  Sí hay evidencias, en cambio, de que el ser humano ha sido un animal depredador, carroñero incluso, e inquietantes son las señales de que sigue con esa querencia.

Durante millones de años vivió de la depredación de frutos silvestres, la pesca y la caza. Solo desde el Neolítico, cuando empieza a colaborar con la Naturaleza tras la invención de la agricultura, cesa ese sistema único: sería hacia el 10.000-8.000 a. C. En todo el tiempo anterior, incluido el Paleolítico Superior, que data en Europa del 40.000 a. C., en que llega aquí el Homo Sapiens después de un amplio recorrido espacial y evolutivo, se alimenta similarmente a otros animales.  A Lucy, el fósil del Australopithecus afarensis encontrado en Etiopía el 24.11.1974 por el paleontólogo Donald Johanson, le calcularon 3, 2 millones de años. Había andado erguida y tenía los pies similares a los nuestros; se distinguía de otros primates, pero su árbol filogenético tenía detrás varios tipos de homo, homínidos y hominoideos, hasta llegar a los primates de hace 60 millones de años, también ascendientes de simios actuales. Este cronograma hace comprensibles –que no justificables- comportamientos que emergen cuando esas habilidades primeras entran en conflicto con la civilidad que la cultura  ha creado para dulcificar el trato entre los seres humanos, eso que a Aristóteles le hacía apreciar la vida en la Polis, antecedente de lo que hoy llamamos civismo: las formas de respeto, filantropía y humanidad que evolucionaron para ser –hace bien poco-  reconocidas como Derechos humanos universales y principios constitucionales democráticos.  

Depredadores y selectos

Cuanto contradice su aprendizaje arrastra indicadores de la brutalidad: fuerza, abuso, y afán de dominar a otros u otras; actitudes con gestos de chulería,  patriarcalismo, misoginia y griterío triunfalista, que suelen venir acompañados de ignorante grosería. O de hipócrita  gestualidad supuestamente “culta” cuando, hostil a toda humanidad, pregona –a solas o en manada- exitosos daños a los más débiles. Leopoldo II de Bélgica (1840-1909), con sus andanzas coloniales genocidas en el Congo, ejemplifica a la perfección toda la canallada que la historia humana, antes y después, ha soportado. Pero ¡ojo al presente! La xenofobia que Europa tolera hoy con los refugiados –contradiciendo sus tratados como UE- también, ya que en cada ser humano anida, al decir de Sartre, que “el infierno son los otros…”. 

Los demás son la medida y el límite de nuestra propia libertad y personalidad, el desafío constante de nuestros encuentros y desencuentros como humanos. Solo en su descubrimiento y cultivo reside la construcción de una moral colectiva que mejore la convivencia: ese aprendizaje relacional es la obligación de la buena educación –igualitaria- a que todos los ciudadanos tienen derecho. No puede ser, por tanto, que la vida en sociedad continúe siendo, a la altura de 2018, una permanente riña de patio de colegio. Urge que desaparezca esa competitividad que la última expresión del acomodaticio art. 27CE, la LOMCE, promueve como estímulo depredador de los más selectos de la tribu a modo de bandera  de una educación pública de calidad.

Un chico de 19 años, Francisco Tomás y Valiente, nieto del expresidente del Tribunal Constitucional asesinado por ETA, al recibir un “premio de excelencia” de la Comunidad de Madrid acaba de alegar, como sentido de la enseñanza, que “la prioridad no podemos ser aquellos que obtenemos resultados considerados como excelentes, sino aquellos que tienen más dificultades…, porque otro elemento esencial de la calidad educativa es la equidad”. ¡No cabe mejor acotación al soliloquio de los investigadores de Oxford, extraterrestres como muchos gestores de nuestro sistema educativo! @mundiario