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Igualdad: un derecho, no un regalo

La igualdad es un concepto que algunos partidos han convertido en mero elemento  decorativo de sus programas para acumular votos vacíos de contenido. 

 

Igualdad: un derecho, no un regalo
Igualdad de género.
Igualdad de género.

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Fernando Cueto

Fernando Cueto

El autor, FERNANDO CUETO, es colaborador de MUNDIARIO. Publicitario, consultor, escritor y bloguero. @mundiario

Las cosas que son interesantes, o al menos lo parecen, surgen en los momentos más inesperados, aquellos en los que no buscas más que pasar un buen rato en la compañía adecuada. Uno de esos momentos ocurrió este sábado, durante un almuerzo familiar donde la conversación iba y venía por diferentes derroteros hasta que se detuvo en la figura de dos mujeres pertenecientes a nuestra saga: una, Matilde de la Torre Gutiérrez, política, escritora y pedagoga; la otra, María Gutiérrez- Cueto y Blanchard, pintora. Ambas destacaron en su época por su talento, por su ambición y por un compromiso con la obligación de hacer lo que debían, sobreponiéndose a los prejuicios de una sociedad opresiva e injusta con las mujeres.

Conozco muy bien la historia de ambas y sé que ignoraron las dificultades y cuyas obras perduran en el tiempo por derecho propio. Algo que en estos días parece carecer de sentido.

Hoy nos empeñamos en reclamar una igualdad que no es una quimera, sino un derecho que hombres y mujeres estamos obligados a aceptar, no como obligación, sino por pura decencia, y la mejor manera de hacerlo es a través de la cotidianidad.

La igualdad debe dejar de ser una constante reivindicación y tampoco ayuda la actitud de la ministra del ramo, señora Montero, eliminando a los hombres para sustituirlos por mujeres. Igualdad no es venganza, no es rencor; es alcanzar, compartir, no eliminar. Matilde, Carmen, María, Gloria, Concha… Todas las mujeres que abrieron camino en un mundo que las relegaba lo hicieron apurando sus aptitudes para reivindicarse, no para apartar a un hombre. Ellas lucharon duramente en un entorno hostil para que la sociedad cambiase hacia un modelo razonable y equitativo en el que ambos sexos se reconociesen como igualitarios en derechos y oportunidades y lo hicieron creyendo en ellas.

No hay justicia sin igualdad pero tampoco hay igualdad sin justicia. Y esto es precisamente lo que ignoran muchos colectivos que enarbolan la bandera de una reivindicación que ha dejado de ser social para convertirse en zanahoria política sobre la que cimentar posiciones radicales. La confrontación no es el camino. La senda correcta es la que siguen miles, millones de mujeres en nuestro país que desempeñan su trabajo con dedicación responsable. Las mismas mujeres que no sacan pancartas ni corean consignas manidas. Lo veo cada día en mi entorno laboral, entre mis amigas y conocidas, en mi familia, en los medios de comunicación, en mi barrio, etc. Para ellas, para todas las mujeres que no pierden un segundo en reivindicar la igualdad, sino que simplemente la ejercen, mi respeto. Y, por qué no decirlo, mi gratitud. @mundiario