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Iglesias pretende ser un comisario político en el Gobierno de Sánchez

Pablo Iglesias repite que para garantizar que los acuerdos y pactos de Gobierno con el PSOE se cumplan, él tiene que ser ministro y tener competencias adecuadas al control que debe ejercer.

Iglesias pretende ser un comisario político en el Gobierno de Sánchez
Sánchez e Iglesias, buena relación personal. / Archivo
Sánchez e Iglesias, buena relación personal. / Archivo

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Es doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Es profesor titular de la Universidad de Vigo y periodista. Autor de 25 libros sobre temas de Derecho de la Comunicación, Protocolo y Comunicación institucional, es profesor invitado en diversas universidades de Europa y América. Está en posesión de diversos premios como periodista. El Ministerio de Defensa le otorgó la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco como historiador militar. @mundiario

Lo expresan él y los suyos con tanta claridad que no deja lugar a dudas. Pablo Iglesias, que repetidamente advierte - aludiendo al incumplimiento por parte del PSOE de los asuntos que pactaron en su día para apoyar los Presupuestos- que quiere estar en el Gobierno para que no se aparte de la línea pactada (en el caso de convenir lo que proceda para investir al Doctor Sánchez), el presidente al que quiere secundar.

Procediendo de quien procede, no deja de traer el aroma del viejo estalinismo de libro. Pareciera que Iglesias quiere ser como una especie de comisario del KGB que vigile, como antaño, que los dirigentes, entonces militares, sigan la ortodoxia del partido. Tal cual. Curiosamente la figura del comisario político no nace en la Rusia Soviética, sino en la Revolución Francesa. Durante el período jacobino eran los rigurosos observadores de que se cumplieran los principios de la revolución dentro de los ejércitos. Tales comisarios eran delegados del Comité de Salvación Publica. En la época estalinista observaban especialmente que los mandos naturales del ejército no se desviaran de los postulados oficiales, pero en realidad ya procedían del comienzo de la Revolución en 1917.

En Vigo, durante la construcción de la flota cubana, yo conocí y traté al comisario político enviado por La Habana para evitar el aburguesamiento y la contaminación de los representantes del Ministerio de Pesca. Otro día cuento algunas cosas curiosas de aquel tiempo.

Da la sensación de que Iglesias se quiere reservar una figura parecida, salvando las distancias, con respecto al Gobierno del que quiere formar parte. Es natural que Iglesias imponga como condición para investir a Sánchez, no sólo los ministerios sociales, sino una vicepresidencia coordinadora de todos esos departamentos. Y conviene recordar que lo ha dicho una y otra vez: quiere estar dentro del gobierno para vigilar que los acuerdos se cumplan. O sea, que no se fía. No se conforma Iglesias con unas cuantas secretarías de Estado e incluso ministerios, quiere que se formule jurídicamente el compromiso de una coalición entre iguales, a que su partido está en retroceso y sólo podría volver a crecer, justamente del PSOE, al que quiere marcar de cerca.

¡Qué lejos quedan aquellos días en los que el Doctor Sánchez decía: “Pablo Iglesias, ese mentiroso! Ni antes, ni durante ni después de las elecciones pactaremos con el populismo. El populismo lleva a la pobreza, a las cartillas de racionamiento, a la pobreza y a Venezuela”. Palabras ésta confirmadas por Jordi Sevilla, presidente de Red Eléctrica de España, ministro de Administraciones Públicas del gobierno de España entre 2004 y 2007 (el mismo que iba a enseñar economía a Zapatero en dos tardes), quien con especial énfasis decía hace apenas nada que nunca se vería un gobierno de coalición PSOE-Podemos.

Iglesias planea pedir a Sánchez una vicepresidencia segunda con competencias en derechos sociales sin perjuicio de presencia en otros departamentos de materias relacionadas, como empleo. Se inspira en la figura de la vicepresidencia segunda que se negocia para los de Podemos en el gobierno de Ximo Puig en la Comunidad Valenciana. Y pese a sus malos resultados enfatiza que él se presentó a las elecciones para gobernar y que Sánchez tiene que saber que si quiere los votos de Podemos no cabe otra solución que un gobierno de coalición en el que Podemos controle los resortes esenciales de las políticas sociales y cuide de que el PSOE no se aparte de cumplimiento de los acuerdos. Está claro. @mundiario