Iglesias menosprecia el abuso de menores en Baleares y tensiona al Gobierno en inmigración y agricultura

Pablo Iglesias. / Anamaría Tudorica
Pablo Iglesias. / Anamaría Tudorica
El vicepresidente Iglesias y la ministra de Trabajo animan a los agricultores, en la estela de Torra, a “apretar más”, dejando en evidencia al ministro de Agricultura y al Presidente del Gobierno, ocupados en Bruselas, donde se discute en serio y la demagogia no vale, en salvar la política agraria.
Iglesias menosprecia el abuso de menores en Baleares y tensiona al Gobierno en inmigración y agricultura

Se proyecta en los cines españoles una notable película, “Adu”, sobre la emigración de los menores africanos hacia Europa. Se desarrolla en tres planos que se entrecruzan, el de los menores y su odisea, el de los guardias a cargo de la misión imposible de impedírselo en la frontera y el de los europeos capaces de defender a los elefantes pero incapaces de entender el drama humano que los acompaña. No descubriremos la historia, notable, ni el final, pero sí el último fotograma que casi pasa desapercibido. Cuando uno de los menores es finalmente atendido en un centro de acogida, vestido y alimentado, se acerca a la puerta y mira al exterior, para ver a otro joven inmigrante esnifando de una bolsa de plástico. Es su posible futuro.  La atención material, que no afectiva, cubre a  12.000 menores, que al llegar a los 18 años serán abandonados más o menos a su suerte.

Mientras, el vicepresidente segundo del Gobierno, señor Iglesias, ha levantado la voz ante la pretensión del Ministro del Interior de poner orden en la política de inmigración, aceptando el veredicto de los Tribunales europeos y tratando de contener la llegada indiscriminada hacia la frontera española que es además la frontera comunitaria. De nuevo el discurso teórico y el alejamiento de los problemas reales.

En paralelo el señor Iglesias ha protagonizado una intervención parlamentaria sonrojante. No sólo por el lenguaje tabernario utilizado que al no ser corregido por la Presidencia de la Cámara, será pronto imitado, sino sobre todo por el contenido de su discurso. Le interpelaban algunos grupos de la oposición por los casos de menores baleares tutelados que son prostituidos, una situación que se remonta a varios años atrás y que se encuentra en los tribunales tras las denuncias de esos mismos grupos en el Parlamento isleño. En éste, el Gobierno balear rechazó asumir responsabilidades políticas a pesar de que varios profesionales fueron despedidos por conducta impropia. Nadie ha dimitido ni ha sido destituido, se ha impedido una Comisión de investigación y todo se ha fiado a la vía judicial. Las muchas informaciones publicadas en la prensa regional y algunas en la prensa nacional, son sencillamente escandalosas, por omisión flagrante, falta de control y desinterés de los responsables administrativos.

El señor Iglesias optó por atacar  a las diputadas interpelantes y obviar cualquier referencia al problema. El problema real de las personas más débiles, que tienen cara y nombre, menores de edad, procedentes de familias a las que se les ha retirado la custodia, asumida por las instituciones que supuestamente saben mejor que los progenitores lo que les conviene a sus hijos, no interesa al señor Vicepresidente. Prefiere el discurso habitual, bronco y demagógico, antes que el problema real. Es mejor pontificar sobre el derecho de asilo o el rechazo a la prostitución que abordar el problema de personas concretas. Parece que el discurso de género no afecta a esos desdichados menores cuyo futuro está ya delineado en lo fundamental.

Porque si el discurso de las interpelantes era inaceptable, la respuesta no debía de ser ponerse a su nivel, sino al contrario elevar el nivel del debate, razonar, argumentar, ofrecer datos. Nada de eso hizo el señor Iglesias. Pretendía dos objetivos distintos, el primero competir o tapar al Presidente del Gobierno con un discurso barriobajero y por ello mediático. El segundo incrementar la confrontación con Vox, para que uno y otro se retroalimenten, tapando las posiciones sensatas de la mayoría del Gobierno. De esto va la batalla y por eso  tanto el propio Iglesias como la ministra de Trabajo animan a los agricultores, en la estela de Torra, a “apretar más”, dejando en evidencia al ministro de Agricultura y al Presidente del Gobierno ocupados en Bruselas, donde se discute en serio y la demagogia no vale, en salvar los temas duros de la política agraria, desgraciadamente más difícil de lo que la facción demagógica del Gobierno está dispuesta a admitir.

Los gestos importan. La comisión de seguimiento del pacto de gobierno fue convocada para discutir la política de inmigración, porque lo pidió Iglesias, pero no fue convocada para discutir las actitudes de éste en temas que afectan al género, a la política de familia y a la política social, todas ellas del ámbito de Unidas Podemos. Una forma de aceptar que tiene vía libre en sus áreas mientras que las otras están sometidas a censura. @mundiario

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