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Iglesias no marca la estrategia: lucha por sobrevivir y cambiar el centro de gravedad

Según avance la legislatura, habrá muchos más intentos de Iglesias por desmarcarse. Pero en los primeros pasos tendrá que hacerlo con mucha prudencia, porque tampoco tiene la correlación de fuerzas suficientemente favorable como para romper la baraja. / Réplica a José Luis Gómez.
Iglesias no marca la estrategia: lucha por sobrevivir y cambiar el centro de gravedad
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / Twitter
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / Twitter

El artículo de José Luís Gómez, editor de MUNDIARIO, sobre Pablo Iglesias como estratega del Gobierno cayó en mi pensamiento como una auténtica bomba de racimo. Por su impacto y por las múltiples derivaciones que sugiere. Así que me he sentido tentado de entrar en la polémica, o en el diálogo. Pero para no embarullar las cosas, merece la pena responder a sus planteamientos no con un solo artículo, sino con varios, que vayan recogiendo cada aspecto de sus tesis. Habrá temas donde no tenga más remedio que estar de acuerdo, y otros en los que me sentiré obligado a mantener mi discrepancia. Si esto anima al autor a contestar, igual logramos suscitar un debate que en periodismo últimamente no es usual, pero que en otras ocasiones tuvo su atractivo y utilidad.

No creo que Pablo Iglesias esté marcando la estrategia del Gobierno. Cierto que su coalición ha introducido en el acuerdo de gobierno elementos que marcan más fuertemente la inclinación social. Y que, en algunos debates internos, su grupo y algunos ministros o ministras socialistas, han hecho más hincapié en ello, frente a posiciones más liberales, o más conniventes con las orientaciones de Bruselas, que no podemos olvidar que tiene una tendencia más conservadora. Pero la afirmación no va exactamente por ahí, sino por el empeño de Iglesias de inclinar la tendencia del Gobierno más hacia una alianza decidida con los sectores independentistas –vascos o catalanes– que con Ciudadanos, que por su teórica posición centrista podría aportar una conveniente transversalidad, al menos en la negociación de los presupuestos del Estado, y en otras derivadas que pudieran emerger de esa negociación.

Fracasos en Galicia y Euskadi

Iglesias viene de sufrir una derrota importante en Galicia, donde su intento de abrir una tercera vía en el seno de la izquierda ha sido un fracaso estrepitoso. Y de reducir casi a la mitad su representación en Euskadi. Todo ello coincidiendo con una ruptura casi irreparable en Andalucía, precedida de la escisión madrileña y de sus escasos resultados electorales. Sabiendo además que en sus alianzas en Cataluña Podemos casi no aporta más que el segundo apellido. En ese contexto, su presencia en el Gobierno es de hecho su clavo ardiendo, aun con la conciencia de que es imprescindible para facilitar la gobernanza.

También es cierto que estar en minoría en una coalición, sin experiencia de gobierno previa, y con unas atribuciones casi simbólicas, es algo que abrasa a cualquiera, y le obliga a tratar de hacerse valer, impostando incluso sus aportaciones y sus iniciativas. Es verdad que tiene la suerte de haber aportado una excelente ministra de Trabajo, que además ha visto reforzada su posición por un buen hacer en tiempos de pandemia, y por el logro de haber sido una de las piezas claves del Gobierno en la concertación social. Pero Yolanda Díaz está en estos momentos por encima Iglesias, de Podemos y hasta de Izquierda Unida.

Con ERC y Bildu

Por eso Iglesias ha forzado la máquina de negociar fuerte con ERC y Bildu y aparecer como el hacedor del voto de estas formaciones contra las enmiendas a la totalidad de los presupuestos. Por cierto, una iniciativa que ya era hora que tomara, ya que en otros momentos –a pesar de sus prescripciones en ese sentido– jamás había logrado. Él ha pretendido ponerle la carga de la alternativa entre izquierda y derechas, si es que cualquier grupo independentista –aunque lo lleve en sus siglas– puede realmente ser de izquierdas. Y aparentemente ha cerrado el paso a Ciudadanos. Aunque aún queda toda la negociación de enmiendas, y un mes por delante para intentar acuerdos a diferentes bandas. Y en esa labor, Pablo Iglesias tiene poca cancha. Por eso ha tratado de reforzar su posición con la enmienda conjunta sobre desahucios con Bildu y ERC.

En contra de su táctica cuenta la transversalidad que Sánchez necesita, y la propia armonía con el PNV, de la que tanto el presidente del Gobierno como el PSOE no quieren prescindir por nada del mundo.

Intenta descollar

Iglesias no marca estrategia: lucha por su supervivencia, intentando descollar y cambiar el centro de gravedad. Es cierto que ha hecho una jugada hábil, pero le queda mucho juego a Pedro Sánchez y a todo su equipo para tratar de abrir caminos a la transversalidad, y ahora que Iglesias se los ha atraído, podría buscar esas vías sin perder el voto de ERC y Bildu. Independientemente de que tiene más bazas para negociar con ERC  que el propio Iglesias. Incluido el propio Govern de la Generalitat tras las próximas elecciones catalanas. Algo de lo que también se habla y que no habría que descartarlo a la ligera.

Según avance la legislatura, habrá muchos más intentos de Iglesias por desmarcarse. Pero en los primeros pasos tendrá que hacerlo con mucha prudencia, porque tampoco tiene la correlación de fuerzas suficientemente favorable como para romper la baraja. Y si es hábil sabrá que, al menos por este año, hay mucho espacio en unos presupuestos con dotación suficiente como para hacer políticas de las que necesita sacar rendimientos. @mundiario