Buscar

Los huevos de Enrique Peña Nieto

No nos confundamos, la condecoración a Jared Kushner muestran que el presidente de México rematará su sexenio con el mismo músculo con el que lo empezó.

Los huevos de Enrique Peña Nieto
Enrique Peña Nieto. / ruizhealytimes.com
Enrique Peña Nieto. / ruizhealytimes.com

Firma

Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

El autor, HÉCTOR ANTONIO MORALES, es colaborador de MUNDIARIO. Se formó en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. @mundiario

"Le vamos a dar la mentada medallita porque a mí me sale de ya saben dónde", debió pensar Enrique Peña Nieto al ser abordado sobre la Orden del Águila Azteca que planea darle a Jared Kushner, yerno de nada menos que de Donald Trump. Advertido por su memoria, que le habrá recordado que pasó los últimos seis años siendo carne de memes y burlas en Internet, rectificó y terminó diciendo que dará la orden porque "es atribución del presidente y se la quiero dar", que es básicamente lo mismo que lo anterior pero con ese lenguaje diplomático que tanto gusta a los periodistas para escribir sus encabezados (bueno, yo no, mea culpa).

Independientemente de qué, y sobre todo cómo dijo las cosas el presidente mexicano, lo cierto es que las críticas le han llovido de forma generalizada, como tan bien acostumbrado estará. Pero lo que a mí al menos me ha sorprendido es leer todos esos comentarios que la acusan de ser un servil, un entregado al iracundo temperamento del presidente estadounidense y un incapaz de defender su honor y el de su país. Un cobarde, pues. Y es en eso donde no estoy de acuerdo. Lo de Peña Nieto es algo que requiere, como se dice en casi toda Latinoamérica, huevos.

Huevos, porque durante un año, no, menos, como seis años, ha hecho un auténtico payaso de sí mismo (y esto lo digo yo que tengo a Jimmy Morales como presidente); ha liderado uno de los Gobiernos más corruptos que se recuerdan en México; deja al país con unos índices de violencia vistos probablemente solo en las peores pesadillas de la población; ha convertido a su partido, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la alegoría perfecta de la desfachatez y corrupción con escándalos como el de Javier Duarte, que pasó de ser su potencial heredero y gobernador de Veracruz a ser el rostro del cinismo político, y todo esto siempre con una sonrisa para las cámaras. Si a estos despropósitos le sumamos la frivolidad de su esposa, tan telegénica como él hay que decirlo, y los de sus ministros y su equipo más cercano, lo cierto es que Peña Nieto es alguien con huevos porque se niega a enterrar la cabeza bajo tierra y saldrá a rematar su sexenio con tamaña afrenta (la de la Orden del Águila Azteca para Kushner, aclaramos porque afrentas hay bastantes) a su gente, a su bandera, a su país, al tipo que ve en el espejo todas las mañanas.

No se confundan. Lo de Enrique Peña Nieto es el final perfecto a sus seis años como jefazo de Estado. El priísta se despide del país como solo alguien con huevos podía hacerlo, porque no crean, ser así de sumiso y sin personalidad está al alcance de pocos. México presencia sonrojado cómo quien los representa ante la diplomacia mundial da un guiño a la familia que les ha humillado públicamente y sin pelos en la lengua desde 2015, y sonríe para las fotos como si nada. Es que hay que tener huevos, lo sostengo.

Al menos estos seis años de pena ante el mundo se terminan el sábado con la toma de posesión de Manuel López Obrador como presidente. Eso sí, no hay que olvidarse que en ese acto estará como invitado especial Nicolás Maduro, porque hay costumbres que los políticos se niegan a cortar. @mundiario