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Huelgas, democracia y el juego de las Siete y Media

España está fascinando al mundo con su sonora y sonada huelga de los taxis. Hay que reconocer que resulta exótico que no sean los ciudadanos los que paren a los taxis, sino los taxis los que paren a los ciudadanos.

Huelgas, democracia y el juego de las Siete y Media
Taxis. / Mundiario
Taxis. / Mundiario

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Javier González Méndez

Javier González Méndez

El autor, JAVIER GONZÁLEZ MÉNDEZ, es columnista de MUNDIARIO, donde hizo popular la serie de artículos titulada Suspiros de Expaña, que dio paso a Crónicas desde Babia y ahora a DIARIO DE PEREIRA. Es periodista y analista político. Tiene amplia experiencia como corresponsal político de importantes diarios y tertuliano de radio y televisión. @mundiario

SOSTIENE PEREIRA la fascinación que vive estos días con la huelga de taxis en este otro pedazo más grande de la península ibérica. Permanece sentado en la roída butaca de su decadente salón lisboeta y contempla extasiado la paradoja urbana que España le está ofreciendo al mundo: no son los ciudadanos los que paran a los taxis, sino los taxis los que paran a los ciudadanos. Pereira, que como todos ustedes saben padeció el hambre democrático del derecho a la huelga durante el salazarismo, o sea, como sus homólogos españoles durante el franquismo, no es nada sospechoso de oponerse a ese modelo de reivindicación laboral y gremial que se consagra y se protege en todas las Constituciones que se precien, pero es uno de esos escasos tipos que nunca está dispuesto a comulgar con ruedas de molino. Una vez más le echa huevos, con perdón, se desmarca de la parsimonia de alcaldes, ministros, gobernantes en general que ven venir las cosas, se echan para atrás y las dejan pasar, y decide llamarle al pan, pan y al vino, vino.

Huelgas con rehenes

Sostiene Pereira, ya digo, que el espíritu del sacralizado derecho a la huelga se basa en el principio social de que intransigentes empresarios, intolerantes responsables administrativos y toda una sociedad en general eche de menos los servicios que prestan a una comunidad los distintos y distantes colectivos que deciden ejercerlo. Pero ocurre que la cosa ha ido degenerando, no sé si como consecuencia de la dichosa evolución de las especies, y el éxito de una huelga se mide en la actualidad por el número de inocentes ciudadanos a los que se está jodiendo. Con esta de los taxis, por ejemplo, el éxito o el fracaso mediático y político no depende del “qué”, el “quién”, el “cuando”, el “dónde” y el “por qué”, sino de él “cuántos” kilómetros de han sido cortados y ancianas y ancianos, mujeres y hombres y niñas y niños han sido tomados como rehenes.

Estar jodidos o estar jodiendo

Nadie como Cela, inconscientemente, describió la diferencia entre una huelga civilizada y una huelga asilvestrada. Si los 10 mil y pico taxistas barceloneses y los más de 15 mil madrileños se quedasen en casa, con sus taxis consecuentemente aparcados en sus respectivos garages, en las calles de esas dos ciudades se podría escuchar a muchos ciudadanos compungidos exclamando resignadamente: ¡estamos jodidos! Pero, claro, con los taxis colapsando las principales vías de circulación y sus conductores sembrando un clima de tensión y de violencia susceptible de ser considerado desproporcionado, más tarde o más temprano los inocentes ciudadanos acaban o acabarán exclamando: ¡nos están jodiendo! Eso es lo que quiso dejar claro el Premio Nobel gallego, oye, cuando su célebre replica a un Presidente del Senado que le acusó de estar dormido:

-¡Oiga usted: no estoy dormido, estoy durmiendo…!

-Pues ya me explicará usted la diferencia…!

-Pues eso, que no es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, como no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.

Pereira sostiene que, si los taxistas mantuviesen una huelga como dios y la ley manda y como los gobernantes deben supervisar, los ciudadanos estaríamos sencillamente jodidos. Pero, claro, como los unos se están pasando tres pueblos y los otros les permiten amablemente, cordialmente, electoralmente, que practiquen el libre albedrío, resulta que los sufridos contribuyentes nos levantamos y nos acostamos con la sensación de que nos están jodiendo.

La democracia y las Siete y Media

Está claro que gobernar un país, una comunidad, una ciudad, no es para cobardes. Que se sepa, es voluntario, y consiste en cumplir y hacer cumplir las leyes, como juran, prometen o acatan por imperativo legal, je, esos señores y señoras que tanto se afanan para acabar tomando posesión de sus ilustres cargos. En democracia, como en las Siete y Media, Pereira y un servidor nos atenemos al iluminado y luminoso diagnóstico que le dejó en herencia a la humanidad Pedro Muñoz Seca en La venganza de Don Mendo:

Don Mendo

Es que tu inocencia ignora
que, a más de una hora, señora,
las siete y media es un juego.

Magdalena

¿Un juego?...

Don Mendo

...Y un juego vil
que no hay que jugarlo a ciegas,
pues juegas cien veces, mil,
y de las mil, ves febril
Que o te pasas o no llegas.
Y el no llegar da dolor,
pues indica que mal tasas
y eres del otro deudor.
Mas ¡ay de ti si te pasas!
¡Si te pasas es peor