Hoy solo queda la Ley y solo después de la Ley cabe la posibilidad de un diálogo político

Cena del Rey emérito con Rajoy,  González, Aznar y Zapatero en Lucio. / Archivo
Cena del Rey emérito con Rajoy, González, Aznar y Zapatero en Lucio. / Archivo

¿Dónde están los ex presidentes vivos de la democracia, no tienen nada que decir ni hacer?

Hoy solo queda la Ley y solo después de la Ley cabe la posibilidad de un diálogo político

En esta hora crucial para Cataluña y para lo que España ha sido desde la instauración de la democracia, en este escenario de profunda fractura social y crecientes síntomas de catástrofe, la suerte de nuestro sistema democrático está en manos de un pelotón de dirigentes vacuos, mentirosos, bravucones y perversos.

Resulta inconcebible que tipos de la ralea de Puigdemont, títere de un político impúdico como Artur Mas, o como el escabroso Junqueras y cuantos estos días se erigen en voceros de un vil nacionalismo, logren llegar a donde han llegado y llevar a todo un país a donde lo han llevado.

Con ser graves los errores acumulados desde casi el principio del Estado de las Autonomías, de ninguna manera se justifica esta explosión de delincuencia institucional, que debió atajarse en sus primeras intentonas con la firmeza propia de un Estado de Derecho que se precie y el ejercicio de la alta política.

Hoy solo queda la Ley y solo después de la Ley cabe la posibilidad de un diálogo político en el que no pueden participar ninguno de los que están a uno y otro lado.

La dimensión del conflicto ha cobrado tintes dramáticos en la calle, ocupada por una masa activa e inconsecuente que secunda la acción delictiva y se presta –como tantas veces se han prestado las masas descarriadas– al engaño de esos falsos líderes que, con cierta habilidad y torpe permisividad, manipulan la realidad y emponzoñan la convivencia. Pero si reprobable es la actitud de los partidarios del secesionismo campante, al que se han sumado sectores como la jerarquía eclesiástica catalana –¡Dios mío, qué pastores tiene tu rebaño!–, también lo es la inhibición de esa otra parte de la sociedad, civil y pública, que permanece como ausente, como si su próxima estación estuviera en otra parte del planeta.

¿Dónde están los ex presidentes vivos de la democracia, no tienen nada que decir ni hacer? ¿Dónde están los cientos de ex ministros, dónde está la pléyade de cargos autonómicos y locales que, supuestamente, censuran el procés? ¿Y las organizaciones empresariales? ¿Y los grandes sindicatos? ¿No hay todavía suficientes motivos para que salgan a la palestra y den la cara por nuestra Verdad histórica, nuestra Unidad y nuestra Constitución?

En esta farsa figuran los dos tipos de cobardes que decía el escritor argentino Ernesto Mallo: los que huyen para atrás y los que huyen para adelante. Y, en medio, una multitud que no da crédito y no sabe qué hacer, tal y como ocurrió en alguna que otra ocasión de infausta memoria.

Hoy solo queda la Ley y solo después de la Ley cabe la posibilidad de un diálogo político
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