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El hombre que pudo ser Fraga

Fue Meilán el padre intelectual del concepto nacionalidades históricas y el que logró introducir en el texto constitucional la fórmula que permitía el acceso a la autonomía por la vía rápida a aquellas regiones que había plebiscitado un proyecto estatutario antes del estallido de la guerra civil

El hombre que pudo ser Fraga
José Luis Meilán Gil. / Mundiario
José Luis Meilán Gil. / Mundiario

Si en la primavera de 1989 José Manuel Romay Beccaría no hubiera logrado convencer a Manuel Fraga, entonces eurodiputado, para que aceptase ser el candidato de Alianza Popular (hoy PP) a la presidencia de la Xunta, el líder y principal referente de la derecha gallega probablemente podría haber sido José Luis Meilán Gil. Dicen que Meilán estaba dispuesto a emprender una nueva etapa de su dilatada trayectoria política, esta vez centrada en su tierra, y desde aquí servir al Estado cuya compleja estructura territorial contribuyó a construir. Su nombre salía a colación en casi todos los cenáculos en los que se planteaba abiertamente la necesidad inaplazable de ensayar en Galicia, para luego exportar a toda España, lo que el propio Fraga dio en llamar la "mayoría natural". Se vivían por entonces los tiempos de la hegemonía total del socialismo felipista.

Con Don Manuel entre Madrid, Estrasburgo y Bruselas, el jurista coruñés era el preferido por los sectores más conservadores de la sociedad gallega de entonces a la hora de encabezar la operación para desalojar de San Caetano al tripartito (PSOE-Partido Nacionalista Galego-Coalición Galega), encabezado por el socialista Fernando González Laxe, que a su vez había accedido al gobierno dos años gracias a una moción de censura propiciada por "el primer tránsfuga de la democracia española", como etiquetaron en aquellas fechas al hoy reputado profesor y analista político José Luis Barreiro Rivas. 

Víctima colateral de aquella moción fue Mariano Rajoy, a quien el popular Fernández Albor había nombrado vicepresidente de su gabinete tras el denominado "barreirazo", la dimisión en bloque de la mayoría de los conselleiros al fracasar su intento de forzar la salida de Raxoi de un presidente que, en su opinión, no estaba a la altura del cargo y constituía una rémora en el proceso de construcción del autogobierno. Esa fue la primera vez que Rajoy conoció los devastadores efectos del éxito de una iniciativa política como la que muchos años más tarde lo apartaría de La Moncloa.

A esas alturas, a finales de los años ochenta, Meilán era, como Fraga, un prestigioso profesor universitario –catedrático de Derecho Administrativo– con una prolija hoja de servicios políticos, que arrancó en el tardofranquismo y culminó con altos cargos en los gobiernos centristas de la Transición hasta desembocar en un destacado papel en la elaboración y aprobación de la Constitución y del Estatuto de Galicia. Como diputado de la UCD de Suárez, la fuerza hegemónica del momento en España  y aquí, a él se debe en buena medida que la comunidad gallega no fuera relegada a una autonomía de segunda en relación con Cataluña y el País Vasco.

Fue Meilán el padre intelectual del concepto nacionalidades históricas y el que logró introducir en el texto constitucional la fórmula que permitía el acceso a la autonomía por la vía rápida a aquellas regiones que habían plebiscitado un proyecto estatutario antes del estallido de la guerra civil, aunque no llegaran a constituir gobiernos autonómicos, como había sido el caso de Galicia. Su actitud denotaba un galleguismo pragmático y moderado, alejado de los nacionalismos identitarios, que le había llevado a crear a la muerte de Franco el Partido Galego Independiente (PGI), uno de los principales ingredientes de aquel potaje político que fue siempre la UCD gallega. El PGI era el competidor directo en Galicia de la Reforma Democrática fundada por Fraga en esas misma fechas.

La inesperada debacle de la UCD en las primeras elecciones autonómicas, las de 1981, y el desastre total de las generales del 82, llevaron al profesor Meilán a retirarse de la primera línea, aunque no abandonó del todo la actividad política. Un PGI resucitado acabará integrándose en la plataforma Coalición Galega que, con apoyo de los catalanes de CIU y en el marco de la "Operación Roca" para resucitar el centro liberal y reformista, dió la gran campanada en 1985, al lograr once diputados en el Parlamento gallego. Meilán Gil se desentendió de aquella aventura, que acabó en la moción de censura contra Albor, para centrarse en la actividad académica.

Superando rivalidades y una evidente falta de sintonía personal y política, en 1990 Fraga, que acababa de aterrizar en la Xunta, nombra a Meilán Gil rector de la recién estrenada Universidade da Coruña, tras destituir abruptamente al progresista José Antonio Portero Molina. Trece años ocupó el despacho rectoral. En esa larga etapa la relación fue estrechándose. Si bien nunca llegó a ser ni de lejos un "fraguista", Meilán compartía con Don Manuel buena parte de sus propuestas para perfeccionar el Estado de las Autonomías sin comprometer la unidad nacional, como la Administración Unica, la Conferencia de Presidentes, etc. Quienes les conocieron y trataron dicen que fueron dos animales políticos en cuyas cabezas privilegiadas cabía perfectamente el Estado, ese Estado con mayúsculas que le daba sentido a su vocación de servicio público. @mundiario