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MUNDIARIO

La historia no está escrita para siempre

La experiencia que estamos viviendo demuestra la importancia de lo público y del papel regulador que deben desempeñar las administraciones.
La historia no está escrita para siempre
Comunidad Europea. / Pixnio
Comunidad Europea. / Pixnio

Suso Veiga

Profesor y columnista.

¿Cuántas personas imaginaban, hace 40 días, que íbamos a estar viviendo una crisis sanitaria de esta envergadura? ¿Y cuántas pensaban, en aquel momento, que el actual jefe del Estado iba a confirmar las graves irregularidades financieras cometidas por su padre en los últimos años?

Cuando explotó la crisis financiera del 2008, apareció una determinada terminología en el ámbito económico para ilustrar la supuesta capacidad de los técnicos a la hora de gestionar semejante destrozo (a pesar de la evidencia de que las escuelas oficiales del pensamiento económico no habían sido capaces de prever la existencia de aquella grave recesión). Una de las expresiones más utilizadas fue la del “test de estrés”: denominación usada para describir la capacidad teórica de respuesta de las entidades financieras ante la evolución más negativa posible del escenario económico general.

Si tomamos prestada esa metodología para el panorama que está originando el coronavirus, podemos abrir un catálogo muy amplio de interrogantes. Para comenzar en el propio campo sanitario: ¿qué capacidad tiene el sistema público para atender un problema de esta dimensión, después de la erosión padecida por las políticas de reducción de gasto tanto en lo relativo al volumen de personal como en lo que se refiere al equipamiento de las distintas unidades? Y muy conectado con esto, encontraríamos otro motivo de preocupación en los importantes déficits registrados en el universo de la investigación científica, convertida en uno de los parientes pobres de los presupuestos de las administraciones públicas.

Las instituciones políticas –autonómicas, estatales, europeas– también están sometidas a esta singular prueba. Aunque habrá que esperar al final de la crisis para extraer conclusiones más precisas, hay algo que ya puede ser subrayado: la actuación de los órganos dirigentes de la actual UE ha sido muy poco congruente con el papel que esperaban muchos hombres y mujeres del continente. Este comportamiento deficiente puede comprometer el propio futuro del club europeo: si ante una situación extraordinaria no existe una respuesta de la misma naturaleza, amplios sectores sociales pueden cuestionar la utilidad del aparato institucional vigente y buscar refugio en otras entidades más próximas (estatales o subestatales).

La experiencia que estamos viviendo demuestra la importancia de lo público y del papel regulador que deben desempeñar las administraciones. ¿Van a admitir esta lección los fundamentalistas del mercado como vector prioritario del orden económico y social? ¿Se van a crear, en el tejido social, los anticuerpos necesarios para no permitir la repetición de las lesivas políticas de austeridad practicadas desde hace más de una década en los países centrales del capitalismo mundial?

Mientras aguardamos las respuestas a estas –y otras– trascendentales preguntas, reconozcamos, frente a las distintas modalidades de determinismo, que la historia no está escrita para siempre. @mundiario