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MUNDIARIO

Al hilo del 22-M, ¿a usted le salen las cuentas del famoso ático de Ignacio González?

En la plaza de Colón de Madrid, la indignada dignidad de varios cientos de miles de ciudadanos ha logrado enlazar con lo más noble de nuestra historia democrática.

Al hilo del 22-M, ¿a usted le salen las cuentas del famoso ático de Ignacio González?
Ignacio González. / rtve.es
Ignacio González. / rtve.es

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José Luis Martín Palacín

José Luis Martín Palacín

El autor, JOSÉ LUIS MARTÍN PALACÍN, es analista político de MUNDIARIO. Fue director general de Tráfico, subsecretario de Interior y secretario general de Comunicaciones del Gobierno de España. Ex columnista de Xornal de Galicia. @mundiario

El sábado 22 de marzo, en la Plaza de Colón me dediqué a observar miles y miles de caras del 22M. Observar el rostro y la mirada de las personas nos da mucha información sobre su actitud, sobre su forma de ser, sobre su humanidad. En ellas reconocí una casi idéntica semejanza con los miles y miles de caras que apoyaron y consolidaron, con sus movilizaciones, esa Transición que estos días muchos han glosado con motivo del fallecimiento de Adolfo Suárez.  Miles y miles de caras, de cerebros y de corazones, de un pueblo honrado, trabajador, solidario, justiciero y con unas irreprimibles ansias de libertad.

Vi esas mismas o similares caras en las manifestaciones de Recoletos, en el 76 y 77, y en tantas y tantas calles de España, reivindicando “Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía”. Similares, y las mismas, que llenaron también la plaza de Colón cuando el entierro de los Abogados de Atocha, y el Paseo del Prado para rechazar el golpe de Estado. Y similares a las que han compuesto las enormes colas para dar el adiós al primer presidente de la Democracia. Siempre reivindicando y sosteniendo la bandera de la Dignidad: miles y miles de personas de un Pueblo que siempre ha mantenido con orgullo el título de ser pobre pero honrado, y amante de la Libertad.

Dejando al margen los insultos de señoritos que no son pobres, muchos de los cuales está por demostrar que sean honrados: no sé yo, señor Ignacio González, cómo le salen las cuentas del famoso ático... Dejando a un lado los mezquinos intentos de obstrucción ordenados desde el Interior del señor Fernández Díaz con el demorado registro de autobuses que marchaban a Madrid. Olvidando, por despreciables, las portadas de determinados medios dirigidos por mediocres aduladores del Gobierno. Obviando la maraña de más que minoritarias reacciones violentas y la controvertida y hasta dudosa acción policial… El sábado la Indignada Dignidad de varios cientos de miles de Ciudadanos enlazaba con lo más noble de nuestra Historia Democrática.

Pero enlazaba también con otra endemia histórica de España. Me preguntaba el sábado con tristeza infinita dónde estarían –y qué pensarían- en esas horas dirigentes de la Izquierda española, dirigentes de los Sindicatos mayoritarios… Dónde y qué los diputados y senadores de nuestra Democracia Representativa. Una vez más esa española puñalada de la histórica y literaria sentencia de Mío Cid: “…qué buen vasallo si oviese buen señor…”. Una vez más las dos medias naranjas de nuestro Sistema Democrático (los representantes y los representados) viviendo el desencuentro. Y una vez más, ante unas elecciones para entrar en una Europa que ahoga los intereses de nuestro Pueblo, grupos y grupos, candidaturas y candidaturas, que dispersan el voto y la fuerza de la Izquierda social y, en definitiva, fomentan la abstención.

Nuestra situación es tan precaria –por más que Rajoy trate de enmascarar con macrocifras parciales: el paro, la deuda y su famoso déficit empeoraron- que más del 90% de los manifestantes del sábado, y más del 90% de los asistentes a todas las “mareas” de los últimos dos años, aceptarían sin duda un programa de mínimos, favorecedor de la unidad. Un programa común, capaz de llevar una voz mayoritaria a Europa para lograr una Europa Social frente a la Europa de los mercados y los especuladores. Y más del 50% de los abstencionistas también se sumarían. Pero no se ha hecho ni el esfuerzo de buscar una aproximación.

Mientras el pueblo se une en la calle para defender su Dignidad, para clamar por soluciones, los propietarios de las siglas –todas ellas legitimas, por supuesto- son incapaces de traspasar sus propios límites organizativos y sus propios prejuicios, para buscar juntos alternativas capaces de vertebrar la Izquierda. La Izquierda y todos aquellos amplios sectores progresistas que rechazan unas políticas que amenazan con destruir la Europa Unida, y con echar abajo nuestro Estado Social de Derecho.

Un Estado Social de Derecho puesto en pie a partir de una Transición Democrática que supo vertebrar los muy variados intereses de nuestra Sociedad, para lograr un marco real de convivencia y de progreso.