Nochebuena en España: entre el hijo de Guzmán el Bueno y la hija de Juan Carlos I

La gesta de la Familia Real repudiando a Cristina en Nochebuena ha hecho repicar las campanas de España. Pero en cualquier hogar de familias plebeyas estarían doblando de pena y desconsuelo. ¡Somos unos cínicos!

Nochebuena en España: entre el hijo de Guzmán el Bueno y la hija de Juan Carlos I

La gesta de la Familia Real repudiando a Cristina en Nochebuena, ha hecho repicar las campanas de España. Pero en cualquier hogar de familias plebeyas estarían doblando de pena y desconsuelo ¡Somos unos cínicos!

Mucho discurso de Nochebuena, mucho espíritu navideño, y resulta que la Infanta Cristina forma parte de esos españoles que no han podido volver a casa por Navidad. Algo pasa en un país, su monarquía, sus dirigentes políticos, sus medios de comunicación, su sociedad, cuando todo Dios considera normal que a una presunta inocente, a un año vista de empezar a averiguar si es culpable, se le condene al exilio. Algo no funciona en la democracia española, cuando un pueblo que quiso derrocar a un Rey por practicar la caza de elefantes, lo saca ahora a hombros mediáticos por practicar la caza indiscriminada de infantas. Para que luego se queje Juan Carlos I de su contrastada fama de gatillo fácil, de disparar a todos, a todas y a todo lo que fortuitamente se le pone a tiro, como se sabe en Estoril, como se ha llevado a la tumba de la Catedral de Ávila Adolfo Suárez, como cría telarañas en cajones de revistas de papel cuché, como mantiene estos días el corazón partío de la Reina Madre Sofía, no me tires de la lengua.

Nada menos que el Rey, el Jefe del Estado de una sociedad demócrata, ha dejado en manos de su padre el amargo, exhibicionista y rentable cáliz de repudiar a su presunta hermana, todavía presuntamente inocente, de la noche de paz, noche de amor, en familia. Por cierto, en un país, el de ustedes y el mío, donde el deshonorable Pujol brindaba con cava y compartía el turrón con los suyos; donde Blesa teñía la blanca Navidad de su casa de color negro “tarjeta black”; donde Rodrigo, Rodrigo en España ya hay sólo uno, podía evitar el mal “Rato” que no ha podido evitar Doña Cristina; donde Chaves y Griñán, Dios los crió y ellos se juntaron, trincharon el pavo en casa, con la misma impunidad mediática con la que durante años cortaron el bacalao en Andalucía. En el mismo país en el que, ni siquiera a Josep Lluís Núñez, ex presidente del Barça, perito convicto y confeso en sobornar inspectores fiscales, le han dado con las puertas de su hogar, dulce hogar, en las narices.

Una democracia sin fondos de armario

Lejos de mí la funesta manía de quitar o poner Reyes, oye. Por no poner, confieso que llevo décadas renunciando a poner presidentes, a elegir entre partidos políticos, a leerme programas electorales de ciencia-ficción o a bailar con el resto de compatriotas esa friqui y monótona yenka ideológica genuinamente española, izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás, un, dos, tres…, con la que llevamos siglos intentando cambiarlo todo para dejarlo, al final, todo exactamente igual. Como decía Ortega, el esfuerzo inútil conduce a la melancolía, que viene siendo uno de los males congénitos de nuestra historia. Y a  mí, qué quieres que te diga, me parece inútil el sobreesfuerzo nacional en incongruencia individual y colectiva: el de un Rey y el de un pueblo; el de conservadores y progres; el de la opinión pública y el de la opinión publicada.

¡Coño!, si no estamos dispuestos a respetar el principio de presunción de inocencia, ¿para qué lo mantenemos? Hemos inventado la democracia de salón, el conjunto de libertades de farol, la tolerancia de boquilla, la constitucionalidad adaptable, la justicia relámpago de papel periódico, el jurado popular de 47 millones de mujeres y hombres con piedad o sin ella y el liderazgo prêt-à-porter, una especie de políticos/as que compiten en obsolescencia con la política de producción de Zara, dicho sea con ánimo de establecer odiosas comparaciones, naturalmente, que han dejado a este pobre país sin fondos de armario políticos, económicos, culturales y sociales.

Por ejemplo, y con todos los respetos para el Juez Castro: una incalculable masa de españolitos ha importado de la isla de Cuba a la isla de Mallorca un sucedáneo mediático, twittero, demagógico y cotidiano de “Castrismo” que debería herir la sensibilidad de los demócratas, suponiendo que en España existan ejemplares de esa especie en evidente peligro de extinción. Aquí, después de Franco y una vez culminado el denigrante magnicidio político de Adolfo Suárez, nos hemos dedicado a seguir a ciegas a frívolos Flautistas de Hamelín oficiales y civiles arrastrándonos hacia sus distintos y distantes límites de incompetencia. Su único y obsesivo fin de alcanzar el poder, ha justificado y sigue justificando los medios que han utilizado para conseguirlo: una democracia bastarda y decorativa de cartón piedra. Aquí, o sea, aquí, hemos tragado con un Pujol más de 20 años, nos ha faltado esto para levantarle un monumento a Rato, hemos elevado a los altares en Valencia a Camps, en Andalucía a Susana Díaz (la niña de los ojos de Chaves y Griñan), en Madrid a los chicos del coro de Esperanza Aguirre, consejeros, alcaldes, gente así, que estos días interpretan emotivos villancicos en centros penitenciarios.

El iceberg de la Infanta y la orquesta del Titanic de Pablo

Aquí, a lo largo y ancho de la geografía española, ha habido centenares de miles de vascos que han depositado su voto y su vida en manos de vascos que han encomendado su causa a los gatillos, el goma-dos y la muerte. Ha habido centenares de miles de gallegos que han contribuido a mantener, durante décadas, el parque jurásico de caciques bendecido urbi et orbi por Manuel Fraga. Ha habido y sigue habiendo andaluces dispuestos a seguir tropezando con la misma piedra de los EREderos de los herederos del socialFelipismo. Hay valencianos que ni siquiera después de la trama Gûrtel están dispuestos a admitir que rectificar es de sabios. Hay catalanes que siguen pensando que Barcelona es bona si la bolsa sona, al margen de que la única bolsa que sona en la actualidad en ese territorio es, casualmente, la de la familia Pujol y cía. Para mí que a los españoles la democracia nos confunde, como la noche confundía a aquel tal Dinio, ¿recuerdas?. Lo tenemos todo tan poco claro, que estamos dispuestos a aferrarnos a la cabeza de turco de la Infanta y al pedazo de madera de Podemos, como dos paradigmáticos referentes de un naufragio colectivo: la punta de un iceberg de corrupción y la música rayada de esa réplica de orquesta del Titanic que dirige Pablo Iglesias.

Un ex Rey reconvertido en Guzmán el Bueno

Los neorepublicanos son tan zotes, que le han servido en bandeja a la Familia Real la baza de marcarse un punto tutelando la renuncia de la Infanta. Los seudomonárquicos son tan ilusos, que piensan que con un jaque a la Dama este país va a aplazar sine die un jaque al Rey. Los neoinstitucionalistas son tan cobardes, que han decidido practicar el enroque con Felipe VI en el convulso tablero de ajedrez al que seguimos llamando España. Los neoindependentistas son tan contradictorios, que se tragaron el discurso de un Rey de un hipotético país extranjero, je, je, a ver qué decía de lo suyo. Y el pueblo, mi pueblo y el tuyo, Director, somos tan conmovedoramente gregarios, gente tan propensa a ir donde va Vicente, ¡tantos Vicentes!, que hemos equiparado la gesta del Rey padre entregando a su hija a la jauría humana, ¡todo por la causa!, a la gesta de Guzmán el Bueno lanzando un puñal para facilitarle a su enemigo el sic transit gloria mundi de su hijo.

La innovadora y sugestiva ruta turística de la corrupción

Con razón un amigo mío visionario ha empezado a cruzar los dedos para que Cristina de Borbón y Grecia y Borbón-Dos Contabilidades, perdón, Dos Sicilias, acabe entre rejas. No es monárquico, no es republicano, no es tonto, aunque no compra productos en esa firma en la que últimamente, por lo visto, compran los listos. Mi amigo, que no da puntada sin hilo, está diseñando una ruta turística de la corrupción. O sea, llevar a los guiris de cárcel en cárcel, con alcaldes, consejeros, tonadilleras, ex tesoreros, expresidentes autonómicos, ex banqueros, quizá ex Honorables, quizá ex Ministros con pijamas a rayas, a ver si me entiendes, todo ello con la hipotética guinda final de una Infanta. Hombre, si los alemanes exprimen el morbo del personal llevándoles de campo en campo de concentración nazi, y los franceses a través de las tumbas de Normandía donde siguen sonando los claros sollozos de los violines de Verlaine, y los ingleses cobran entrada en la Torre de Londres donde todavía se oye el zumbido de las hachas seccionando cuellos de reinas consortes, e incluso los yanquis han abierto al público Alcatraz para que los visitantes se hagan un selfie en las celdas, a mis escasas luces va a ser el único español no imputado que le va a sacar partido a eso de la corrupción.

Mi amigo tiene muy avanzadas las líneas maestras de tan innovadoras visitas guiadas, oye. Y únicamente me ha transmitido una duda metódica que le mantiene en vilo:

- ¡Mi problema, periodista, es acertar con el guía…!

Ya le he dicho yo que lo proponga al Pequeño Nicolás.

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