Está bien hablar de Murcia y de Madrid pero se volverá a hablar de Cataluña

Pere Aragonés. / ERC
Pere Aragonés. / ERC
El gran problema de España sigue siendo Cataluña por la complejidad de su tensión política interna pero también por el peso de su economía.
Está bien hablar de Murcia y de Madrid pero se volverá a hablar de Cataluña

Está bien que se le preste atención a Murcia. Es una comunidad uniprovincial importante, con una gran ciudad –su capital– al frente. Como lo es que los medios se fijen en la Comunidad de Madrid, donde antes era importante su ayuntamiento y ahora lo es el gobierno autónomo. Tanto, que atrae la mirada del líder de Podemos, Pablo Iglesias, ahora candidato a la presidencia madrileña, aunque para ello tenga que abandonar una de las vicepresidencias del Gobierno de España. Murcia y Madrid, en parte también Castilla y León, han eclipsado estos días el protagonismo de Cataluña, a punto de estrenar gobierno, en su caso independentista. Pero cuando baje la espuma de Murcia y de Madrid seguramente se seguirá hablando de Cataluña.

Cataluña es el motor económico de España, por su aportación al PIB, pero sobre todo es su gran motor industrial. No es nada nuevo. Otra cosa es que pueda seguir siéndolo.

El independentismo cuenta con hacer de Cataluña un nuevo Estado próspero en Europa, al considerar que España no le entiende y además que es una rémora para sus intereses políticos y económicos.

Desde el unionismo se ven las cosas de manera radicalmente distinta y se confía en el encaje de Cataluña en España, ya sea mediante una nueva fórmula federal asimétrica o manteniendo el statu quo.

El sueño independentista no parece viable, al menos a corto plazo, pero las consecuencias de su posición no se hacen de rogar: forman parte del presente y amenazan el futuro económico: el suyo, tal vez en primer lugar, pero también el de España en su conjunto.

Lo visto en Seat, el motor industrial de Cataluña desde el franquismo, no solo fue surrealista sino que puso de manifiesto que es difícil superar semejante ridículo por parte de todos. Queda mal el Rey de España, porque el máximo representante del Estado en Cataluña –léase también el Presidente de la Generalitat– ni le habla; queda peor aún el Presidente del Gobierno, porque el socio que le apoya para estar en la Moncloa ni acude a saludarle, y quedan también fatal aquellos que medio gobiernan en la Generalitat porque no solo ofenden con su actitud al jefe del Estado y al Presidente del Gobierno sino también a la multinacional alemana propietaria de Seat.

Es algo simbólico –nadie dejará de comer por ello estos días en Cataluña ni en España– pero es algo que tendrá consecuencias, políticas, económicas y empresariales: el lío de Cataluña no será sostenible.

Por desgracia, no es el único problema. Al margen de que la estabilidad política y económica de España sigue tambaleándose, son cada vez más los frentes donde el problema catalán condiciona todo tipo de asuntos, que en algún momento sí afectarán a las cosas de comer, si es que no lo han hecho ya.

La financiación autonómica, caducada y a expensas de que Cataluña quiera renegociarla

Un ejemplo próximo es el de la financiación autonómica, caducada y a expensas de que Cataluña quiera renegociarla. Otro es la gestión –eficaz– de los fondos europeos, una oportunidad que ni Cataluña ni España pueden permitirse el lujo de tirar por la borda. Y así, infinidad de cosas, que o bien están paralizadas o ralentizadas en España debido al conflicto político que se vive en Cataluña.

¿Qué condiciona más todo esto visto desde España? Sin duda, la falta de un modelo de Estado compartido por el PSOE y el PP. Tan surrealista es la situación que el PSOE gobierna en España aliado con ERC, que es el partido que abandera la independencia de Cataluña, y que por ello menosprecia gobernar con el PSC, la marca catalana del PSOE. Es decir, quienes en Cataluña se miran por encima del hombro se besan a escondidas en Madrid.

¿Y qué condiciona más el panorama visto desde Cataluña? Sin duda, la falta de votos. No hay votos suficientes para imponer ninguna de las tesis confrontadas, de ahí el bloqueo político. El tiempo parece jugar a favor del independentismo, que confía en las futuras generaciones, pero tampoco puede olvidarse que la gente sigue comiendo todos los días y que la Cataluña próspera de los años 90 y 2000 no existe.

Si los independentistas mantienen su pulso y España no construye un acuerdo, la economía seguirá resintiéndose y máxime con la pandemia. Al tiempo.  @J_L_Gomez

Ni entre los líderes de países en guerra...

Hay cosas que son de buena o de mala educación. El plantón de la Generalitat de Cataluña al jefe del Estado, al Presidente del Gobierno y a la cúpula de Seat y su grupo propietario, Volskswagen, es un gesto de mala educación, no solo de falta de cortesía. Pero es también una prueba de la falta de respeto institucional que se vive en España. Lo visto en Seat, donde se presentaba un gran proyecto de electrificación, es algo que no sucede –hoy– ni entre los líderes de países en guerra.

Todo ello en medio de una pandemia gestionada de manera disparatada, donde caben incluso las tonterías de la presidenta madrileña. Pero no solo. Todos lo sabíamos: los Presupuestos Generales del Estado para 2021 estaban, por ejemplo, fuera de la realidad pero se aprobaron igual, seguramente por la creencia de que en España, hagas lo que hagas, nunca pasa nada. La improvisación está llegando a tal extremo que España no solo sabe gestionar sus cuentas sino que no sabe invertir el dinero que medio le regalan. @mundiario

––––––– PROTAGONISTAS –––––––

> Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.- Los presidentes que tuvieron éxito político y económico en España no fue a costa de los deméritos de otros, sino de sus propios valores. Es verdad que en España no hay alternativa, pero no por ello es menos cierto que el país no funciona.

> Pablo Casado, líder de la Oposición.- Si España estuviese en una fase de estabilidad política, con un partido fuerte en el Gobierno, no sería grave que el de la Oposición tardase un tiempo en recomponerse. Ya pasó algo así. Pero la situación de España exige que haya alternativa democrática.

> Nadia Calviño, ministra de Economía.- Probablemente es la única que se salva de la parte socialista del Gobierno; en la otra está Yolanda Díaz, y para de contar. Pero Nadia Calviño no acaba de trascender su papel de tecnócrata: precisa dimensión política y no dilapidar los fondos europeos.

> Antonio Garamendi, presidente de la CEOE.- Vasco y empresario de pura cepa, es una persona seria y dialogante. Un buen líder empresarial para tiempos de paz. Pero le ha tocado una época difícil –muy difícil– donde su buen talante resulta insuficiente para recomponer ciertas cosas. @mundiario

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