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MUNDIARIO

¡Habla, pueblo, habla!

Habla, pueblo, habla / Tuyo es el mañana / Habla y no permitas que roben tu palabra / Habla, pueblo, habla / Habla sin temor / No dejes que nadie apague tu voz. / Referendum para la Reforma Política – Diciembre de 1976 (año I d. Franco)
¡Habla, pueblo, habla!
Adolfo Suárez, en la campaña de las elecciones que abrieron la democracia en España.
Adolfo Suárez, en la campaña de las elecciones que abrieron la democracia en España.

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Javier González Méndez

Javier González Méndez

El autor, JAVIER GONZÁLEZ MÉNDEZ, es columnista de MUNDIARIO, donde hizo popular la serie de artículos titulada Suspiros de Expaña, que dio paso a Crónicas desde Babia y ahora a DIARIO DE PEREIRA. Es periodista y analista político. Tiene amplia experiencia como corresponsal político de importantes diarios y tertuliano de radio y televisión. @mundiario

Incluso al Rey le produce urticaria la posibilidad de una convocatoria electoral, oye. Se lo confesó el otro día a los ávidos chicos de la prensa especializada en diagnósticos coronarios; se lo repitió a Pedro Sánchez al más puro estilo de aquel otro rey de los judíos a Pedro de Galilea: “apacienta mis ovejas”; hasta es posible que vaya declamándolo por los corredores de Marivent este teatral estío shakesperiano en el que algo huele a podrido en España. Pero ésta, la de Felipe VI, debería ser la opinión menos sospechosa entre ese tsunami nacional progresista, conservador, político, parlamentario, mediático, demoscópico, patronal, sindical, independentista, unionista, ¡dios los cría y ellos se juntan!, que barre por donde pasa cualquier apelación o incauta sugerencia a una nueva cita con las urnas. Al fin y al cabo, un Monarca se supone que permanece enrocado constitucionalmente ante cualquier movimiento de tierras pre y postelectorales, ¿no?, aunque en el árbol genealógico  de nuestra dinastía Borbónica, todo hay que decirlo, haya habido inquietantes excepciones de esas que confirman la regla.

Ahora, como te digo una cosa te digo la otra. Algo huele a podrido en este país cuando en esa jaula de grillos, con manifiesta discapacidad para formar gobiernos, se alcanza como por arte de magia un absoluto consenso para hacerle la cobra a las urnas. Por un lado no pactan y por otro no disuelven Las Cortes. Ni comen ni dejan comer, vamos. Y, sobre  todo, hay que ser caraduras para argumentar semejante paradoja en el nombre del pueblo, por el pueblo y, supongo, espero y deseo que sin el pueblo. O sea, sin este pueblo español para el que, si realmente  “la memoria histórica” es como una espinita clavada en su corazón, además de haber acumulado nostalgia de desaparecidos en las cunetas, sed de justicia retroactiva y ansias de desalojo de ese “okupa” por antonomasia en El Valle de los Caidos, debería mantener hambre de sufragios, de Colegios Electorales, de urnas, coño, de las que privaron a nuestros padres y abuelos durante cuarenta años.

No vale pues la disculpa de políticos que no quieren arriesgarse a perder su silla, de “aprietabotones” que no quieren perder su escaño, de vascos y catalanes que prefieren al chollo de Sánchez en mano que posibles aves de presa volando, de progres anticlericales suplicando por las noches, je: “virgencita, virgencia, mejor dejarlo como estamos” o de patéticos conservadores que se aferran a ser cabezas de ratón, no vaya a ser el diablo de que se conviertan en insignificantes cola de león.

Creo que es una falacia que el pueblo español pueda estar cansado de ir a votar. Fundamentalmente, porque tiene en su debe un déficit acumulado durante 40 años. Hombre, sí, lo que puede ocurrir es que esté hasta los cojones, con perdón, de acudir a las urnas, una y otra vez, a elegir al menos malo en vez de poder elegir al mejor. Pero, claro, si a éste pueblo, de verdad, con sus antecedentes históricos, le da pereza una nueva cita electoral de esas que permiten a los ciudadanos ser protagonistas de su historia, ¡apaga y vámonos, macho! Porque una democracia puede resistirlo casi todo, oye, metástasis catalanistas, avaricia PeNuVista, holligan mediáticos, tertulianos por cuenta ajena,  tontos útiles e ídolos de barro en los vértices de sus partidos políticos, burgueses disfrazados de populistas, proetarras con cara de no haber roto un plato, incluso diputados y senadores capaces de apretar el botón equivocado entre una amplísima y enmarañada amalgama de tres opciones: si, no o abstención. Ahora, si falla el pueblo, la gente, los millones de españoles anónimos tras los que se están escudando todos esos buitres del sistema, en España dejará de oler ha podrido. Simple y llanamente, se habrá podrido.

¡Habla, pueblo, habla! Las veces que le hagan falta a todos; no las veces que le hagan falta a unos cuantos, je, por motivos distintos y distantes. @mundiario