¿Se habla más del pasado que del presente?

Felipe González y Adolfo Suárez. / Marisa Flórez en El País
Felipe González y Adolfo Suárez. / Foto histórica de Marisa Flórez en El País
Nunca en estos cuarenta últimos años, que tantos ahora tratan de demonizar, había existido tanto encarnizamiento de posturas encontradas como en el presente. 
¿Se habla más del pasado que del presente?

Una de las actividades que no dan abasto en este tiempo de pandemia es la de búsquedas genealógicas. Y no tanto en rastreo de presuntos e inexistentes blasones ni de ADN que resuelva problemas genéticos, como por el simple placer de reencontrarse con el pasado, de saber de ascendientes remotos y conocer historias familiares.

Podría pensarse que esta especie de moda tiene que ver con la actual carencia de estímulos en una época de confinamientos, pero quizá vaya más allá, porque coincide en el tiempo con una especie de revival nostálgico que se percibe tanto en programas de TV como en chats informáticos que hablan más del pasado que del presente.

Sí que hay una razón biológica para tanta remembranza y es el envejecimiento acelerado de la población, a la que le quedan más añoranzas de épocas pretéritas que planes de futuro. Como dice la expresión popular, “cualquier tiempo pasado fue mejor”, ya que éramos más jóvenes, nos encontrábamos en plena expansión vital y ése, el que fuere, era nuestro momento histórico al que ya de mayores nos remitimos una y otra vez.

No hay razones para pensar, pues, que se trata de un hecho objetivo y verificable, que nuestro pasado personal y colectivo no estuvo lleno de problemas y hasta de tragedias, pero su evocación siempre es más amable que la realidad que nos tocó vivir.

Quiero, sin embargo, hacer una alusión más. Y ésta puramente objetiva: nunca en estos cuarenta últimos años, que tantos ahora tratan de demonizar, había existido tanto encarnizamiento de posturas encontradas como en el presente, tanto encerrarse en sus propias convicciones sin dar resquicio a ninguna otra postura, tanta fractura social que hace más apetecible plantarse en el pasado que adentrarse en un futuro cada vez más incierto y menos agradable.

Ojo, pues, a la posible moda de la nostalgia, que no es tan inocua como parece. Somos culpables de esta huida del presente en cuanto nuestro sectarismo actual nos hace más deseable un pasado menos lleno de antagonismos en tantos aspectos de la vida. @mundiario

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