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MUNDIARIO

¿Qué ha quedado del 15M después de nueve años?

Nueve años después los sueños que se esbozaron durante unos días se esfumaron tan rápidamente como fueron creados, dejando huérfanos de ilusión a millones de personas.

¿Qué ha quedado del 15M después de nueve años?
Concentración del 15-M en Sol, en Madrid.
Concentración del 15-M en Sol, en Madrid.

Fernando Cueto

Publicitario y consultor.

Mayo de 2011. Escucho en la radio que un grupo de estudiantes acampados en la Puerta del Sol de Madrid en protesta por la situación que se vivía en el país, fueron desalojados con violencia. Me invade la indignación y decido ir a pesar de que avisan que la policía va a impedir la entrada a la plaza.

No me importa, un vínculo emocional me une a ellos. Voy y me doy cuenta de que cientos, miles de personas han pensado lo mismo que yo.  Somos tantos que los agentes se ven desbordados, incapaces de detenernos. La Puerta del Sol está a rebosar. Me abro paso hasta un sitio en el que pueda tener la máxima visión de lo que ocurre, mi altura facilita las cosas. Ya no son un grupo de estudiantes, ahí estamos representados toda la sociedad española: jóvenes, mayores, trabajadores, parados, pijos, progres y, sobre todo, ciudadanos corrientes, gente normal unida por sentimiento común de que algo no iba bien. Se genera ilusión, tanta que las consignas, coreadas por miles de voces, surgen espontáneas. Leo carteles con mensajes ingeniosos que recuerdan a aquellos de mayo del 60 francés: "Cuando se apagan las farolas brilla Sol”, ”Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”, ”Yes, we camp”, ”Manos arriba, esto es un contrato”. Resulta emocionante formar parte de un gran movimiento. Madrid inspira al mundo. En las principales ciudades se replica lo que ocurre en España, en la Puerta del Sol.

El movimiento 15M, como todos los movimientos que aspiran a ser autogestionados, tenía los días contados.

En algún momento aparecen banderas comunistas y la multitud comienza a abuchearlas hasta conseguir su retirada. Al contrario del movimiento francés, muy influenciado por  el marxismo y el anarquismo ácrata, este no es un movimiento político, sino social. No va de ideologías, va de indignación ante lo que está sucediendo en el país, de unirse contra el miedo al presente y la incertidumbre del futuro inmediato. La ausencia de lo que nos separa nos une con fuerza… durante un tiempo. El movimiento, como todos los que aspiran a ser autogestionados, tiene los días contados. Las asambleas que se crearon como la pólvora, fomentando una estructura horizontal donde la máxima era la ausencia de liderazgos individuales, pasa con el transcurrir de los días a asambleas de barrio  que anticipan el inevitable fin. Participo en algunas y compruebo que son controladas por elementos próximos a la extrema izquierda. Desencanto y frustración. El movimiento va perdiendo su sentido inicial. La ideología fagocita los sueños de transformación iniciales y aplasta cualquier atisbo de oposición. Los radicales triunfan, los moderados perdemos.

Nueve años después de aquella explosión espontánea de protesta no queda más que un pálido recuerdo de lo que pudo ser. Ni siquiera Podemos, “la mayor expresión política” que surgió de aquella crisis, en palabras de Pablo Iglesias, se parece en lo más mínimo. Podemos anuló la utopía asamblearia real y fue poco a poco sustituyendo la organización horizontal por una férrea estructura vertical a la antigua usanza, depurando para ello a los miembros fundadores al principio y al resto del núcleo duro que le ayudó en el primer paso después. Hoy ejerce de líder absoluto de un partido que se aprovechó de la ilusión colectiva  para obtener el provecho político que deseaba. El 15M enfermó de utopía solo, Podemos lo remató. @mundiario