La guerra en Ucrania enfría la recuperación económica de España

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el mandatario de Ucrania, Volodimir Zelenski, en una reunión en diciembre. / Pool Moncloa
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el mandatario de Ucrania, Volodimir Zelenski, en una reunión en diciembre. / Pool Moncloa

El malestar social que comienza a detectarse en todos los lugares todavía no ha encontrado su expresión pública. En el nuevo orden Europa juega poco, siempre a la sombra de EE UU.

La guerra en Ucrania enfría la recuperación económica de España

Las apocalípticas imágenes de la destrucción que Rusia provoca en un país pacífico como Ucrania son probablemente un mensaje para terceros países: cualquier intento de alterar el actual mapa estratégico puede dar lugar a represalias como las que ahora vemos. Es un mensaje para países limítrofes como Finlandia, Suecia, Georgia o Rumania entre otros. Rusia parece haber superado la tensión entre las dos visiones que han dominado su estrategia internacional desde hace siglos: integrarse más en Europa o considerar que el mundo eslavo debe mantenerse alejado de los valores occidentales. Putin y su entorno han hecho una opción por esta última visión y la población no parece estar en contra de forma significativa.

La guerra debe tener un final pues su coste económico, humano y de reputación es insostenible por mucho más tiempo. Las opciones para finalizarla pasan por la partición del país, la neutralización militar (renuncia a entrar en la OTAN, redimensionamiento de su capacidad militar a cambio de permitir la entrada en la UE) o una mezcla de ambas pues es difícil que Rusia renuncie a Crimea y a los territorios del Donbas. La creciente intervención en el plano diplomático de los líderes de los principales países debería permitir lograr un acuerdo que hasta ahora ha sido infructuoso. La gran capacidad de resistencia y la voluntad de combatir demostrada por Ucrania debería evitar acuerdos demasiado onerosos como han jalonado la historia del siglo pasado, sirvan Checoslovaquia en 1938 y la división de Bosnia en 1995 como ejemplo negativo.

Consecuencias para España

Las consecuencias de la guerra afectan ya a nuestra economía. Si desde los últimos meses del pasado años veníamos asistiendo a la escalada del IPC que ya a comienzos de este año se situaba en el 7% rompiendo con tres décadas de inflación contenida, la guerra ha impactado en las importaciones agrarias, en el precio de los combustibles y de la energía así como en mayores dificultades para el tráfico internacional. Ya no es sólo que el alza de precios comprometa salarios y pensiones, sino que sitúa a determinados sectores ante situaciones límite. El paro de los autónomos del transporte, ninguneados por el Gobierno a pesar de haber paralizado sectores productivos como el lácteo, es un primer aviso. La manifestación de agricultores y ganaderos el segundo. La presión sobre los costes de producción en determinadas industrias está amenazando con una inflación de dos dígitos a corto plazo.

Los llamamientos del Gobierno para conseguir un pacto de rentas entre los agentes sociales o un pacto político más amplio, hasta ahora han sido desoídos. Con el PP inmerso en un proceso de animación de sus bases para justificar el cambio de liderazgo, los acuerdos son imposibles en el plazo inmediato. La maniobra gubernamental de allanarse a las tesis de Marruecos aprovechando la sombra mediática de la guerra del Este no ha gustado en Argelia, lógicamente pues es el principal valedor del Frente Polisario, tampoco en Unidas Podemos y nada en el PP. Que sea inevitable para mantener unido el frente OTAN no disimula que es un giro copernicano en una política que ha durado casi medio siglo con distintos Gobiernos.

incertidumbre electoral

Todo lo cual se traslada a la incertidumbre electoral. El CIS, tan controvertido durante los últimos años ha aprovechado la confusión para reconocer que medía poco y mal a Vox y para compensarlo ha disparado las opciones del PSOE. Es decir el elector iría camino de optar entre el Presidente del Gobierno o una alternativa liderada por Abascal. Anotemos que las demás encuestas publicadas no dibujan ese escenario.

El malestar social que comienza a detectarse en todos los lugares todavía no ha encontrado su expresión pública. Si la inflación devora los escasos incrementos de salarios y pensiones en una nueva devaluación real de la capacidad de compra, las actitudes electorales podrían experimentar vuelcos significativos. Estamos en una situación muy lábil, fuertemente condicionada por la evolución de la guerra en Ucrania y los movimientos de alianzas geopolíticas que se están definiendo, donde Europa juega poco y siempre a la sombra de los intereses de Estados Unidos. @mundiario 

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