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Guaidó encara el desafío de aglutinar a la oposición y movilizar a la calle

Tras su gira internacional, Guaidó ha prometido en su discurso nuevas movilizaciones de calle, pero el tiempo es un enemigo que lo encara, así también la desilusión de la ciudadanía agobiada por la extenuante crisis que atraviesa el país caribeño.
Guaidó encara el desafío de aglutinar a la oposición y movilizar a la calle
Juan Guadió. / Twitter @jguaido
Juan Guadió. / Twitter @jguaido

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Maira Perozo

Maira Perozo

La autora, MAIRA PEROZO, es periodista. Colabora en MUNDIARIO, donde también coordina MUNDIEDICIONES. Tiene experiencia en el área política, pero también como asesora y moderadora de programas de televisión. @mundiario

Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela, reconocido por más de 60 países, retornó a su país luego de una exitosa gira internacional, que le permitió mantener el liderazgo político opositor. Ahora bien, un año después de asumir la presidencia de la Asamblea Nacional y proclamarse como mandatario, Guaidó tiene el desafío de relanzar la estrategia del 2019 donde plasmaba un cese a la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, meta que no alcanzó y que ha generado decepción entre los opositores y divisiones en el seno de la coalición de partidos que adversan al régimen de Nicolás Maduro. Luego de ser agredido por grupos colectivos, -con la anuencia de los militares chavistas-, a su llegada al Aeropuerto de Maiquetía, Guaidó prometió movilizaciones de calle y la unidad de la oposición, pero el tiempo es un enemigo que lo encara, así también la desilusión de la ciudadanía agobiada por la extenuante crisis que atraviesa el país caribeño. Asimismo, pisa un escenario, donde el gobierno de Maduro, arrecia con la amenaza latente de llevarlo a prisión.

En esa línea, el presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, ha considerado, que el reto de Juan Guaidó es “hacer algo distinto a lo que no funcionó en 2019, como poner sobre la mesa una fuerza real para defender los derechos o mostrar un poder de presión más amplió (incluyendo aliados chavistas) para provocar una negociación de cambio”.

Es decir, León apuesta por que Guaidó y la oposición asuman el reto de concretar su oferta de cambio, y esto no se alcanza repitiendo lo que ya se hizo todo un año, sin resultados. "El éxito real no está en reanimar esperanzas, si estas no se pueden concretar en resultados. La gran incertidumbre es si Guaidó trae bajo la manga una nueva fuerza que le permita movilizar a una población, que hasta ahora luce agotada o una alianza internacional distinta, que incluye a los aliados del chavismo, para presionar una negociación política real que nos conduzca al rescate de los derechos políticos y ciudadanos. Si hay algo nuevo, que debemos ver en breve, el juego esta vivo y vale la pena jugarlo. Si en cambio, los logros son sólo ratificación de lo anterior y no hay espacios para nada nuevo, ni en la lucha ni en la negociación, sería absurdo y loco esperar un resultado distinto al que ya había y que es evidentemente malo. Esta es una realidad como un templo, que no intenta proyectar sino plantear los retos gigantes del futuro, que deseamos ver superados”, ha expresado en su red social el analista.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

¿Qué logró Guaidó? Tuvo exitos evidentes, que enervan a sus enemigos (dentro y fuera): Relanza su protagonismo político (que había sufrido desgaste luego de una lucha ardua sin lograr el sueño de la mayoría de la población: el cambio de gob); fortalece la simbología de su liderazgo nacional, refrendado por los principales líderes mundiales; afianza sus alianzas internacionales y renueva las esperanzas de cambio en la población venezolana. Todos estos objetivos cumplidos son positivos para él, para la oposición y para la lucha por el rescate de la democracia. Pero todo esto es también una obra de arte efímero, que se desvanece muy rápidamente, si Guaidó no trajo consigo algo distinto a lo que ya existía antes de salir. Algo que vaya mucho más allá de los discursos de respaldo internacional, que ya tenía; o el reconocimiento a su presidencia interina, que ya tenía; o la deslegitimación del gobierno de Maduro, que ya había ocurrido; o la agudizacion de sanciones generales, económicas y financieras que ya existían y cuyo fracaso es históricamente conocido y esperado. Guaidó y la oposición tienen el reto de concretar su oferta de cambio, y este no puede ocurrir haciendo lo mismo que ya se hizo todo un año, sin resultados. El éxito real no está en reanimar esperanzas, si estas no se pueden concretar en resultados. La gran incertidumbre es si Guaidó trae bajo la manga una nueva fuerza que le permita movilizar a una población, que hasta ahora luce agotada o una alianza internacional distinta, que incluye a los aliados del chavismo, para presionar una negociación política real que nos conduzca al rescate de los derechos políticos y ciudadanos. Si hay algo nuevo, que debemos ver en breve, el juego esta vivo y vale la pena jugarlo. Si en cambio, los logros son sólo ratificación de lo anterior y no hay espacios para nada nuevo, ni en la lucha ni en la negociación, sería absurdo y loco esperar un resultado distinto al que ya había y que es evidentemente malo. Esta es una realidad como un templo (más allá de las emociones y deseos), que no intenta proyectar sino plantear los retos gigantes del futuro, que deseamos ver superados. Foto: @dieguisimo

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Guaidó salió del país clandestinamente el 19 de enero y avanzó con una ambiciosa agenda de contactos y consultas que, “se fue profundizando y consolidó, además, compromisos concretos, que es lo más importante”, según Carlos Vecchio, líder de Voluntad Popular y designado por Guaidó como su embajador en EE UU. “En torno al país hemos estructurado una coalición internacional y tenemos ahora mucho más de lo que nos propusimos. Hemos dicho que solos no podemos, pero no estamos solos”, aseveró el político exiliado en EE UU.

En la agenda de Guaidó figuraron  los presidentes de EE UU, Donald Trump; el de Francia Emmanuel Macron; el primer ministro británico, Boris Johnson, y el canadiense, Justin Trudeau, y en España le recibió la ministra de Exteriores, Arancha González Laya; esto en paralelo al escándalo desatado días después, tras el paso de Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela, por el aeropuerto de Madrid muy poco antes de la visita que Guaidó hizo a España el pasado 24 de enero, durante la cual no fue recibido por el jefe del Gobierno español. @mundiario