Gris, camaleón, adulador, conseguidor, kamikaze, silente, chusquero, cacique, anodino...

Pablo Leis, en su sección 'Desde mi azotea de Brooklyn', en Facebook.
Pablo Leis, en su sección 'Desde mi azotea de Brooklyn', en Facebook.
La analista política de MUNDIARIO Asunción Soto García analiza hoy, uno a uno, los distintos tipos de políticos que 'sobresalen' en la escena política española y seguramente también de otros países.
Gris, camaleón, adulador, conseguidor, kamikaze, silente, chusquero, cacique, anodino...

Hay distintas clases de políticos. El primero, el denominado político gris. Ese personaje cuya primera impresión transmite indiferencia. El mismo que esconde su mediocridad ocupando puestos secundarios en cualquier lista electoral para tapar sus carencias. Eso sí, dispuesto a apretar el botón de la caja registradora sin más pena ni gloría que llenar algo su cartera y obtener el título de ex. A saber, ex-diputado, ex-concejal...

Otro de los habitantes de este planeta político es el camaleón, cuya única habilidad es la de cambiar de color y ser capaz de pasar por todas las tonalidades posibles con tal de mantener el sillón. Esta clase de especímenes se mueven con independencia entre los entresijos de la política hasta que el tiempo desnuda su abanico de colores y el propio clan se los traga.

Dentro de esta particular selva, el cazador también se puede encontrar con el político adulador, más conocido como 'el pelotas'. Este susurra al oído del jefe todos los chismorreos y le extiende a su paso cual vasallo las alfombras. También le lame la oreja y se traga todo escupitajo que decida soltarle para alimentar la vanidad y la soberbia del amo. Su servilismo está a prueba de bomba.

En el siguiente escalafón esta el conseguidor de votos, quizás el político más odiado por los partidos y el más querido por los votantes. Éste, como en las películas de intriga, es el que corre más peligro. Su destreza y maña para reventar las urnas le auguran momentos de gloria hasta que a las cúpulas llegan los rumores de amenaza. Es entonces cuando proceden a la siega hasta dejarlo descuartizado.

Tocado y hundido el conseguidor, el alto standing recurre a esa especie de político programado, es decir, el llamado técnico, quien, para susto de los votantes, se trata de un personaje al que ni un maremoto lo mueve de sus renglones. Inmerso en su cuadratura es incapaz de trazar ni una línea más que no esté dentro de su esquemático y simple cerebro.

Ni que decir tiene que la fusión del gran político es la combinación astral que se distingue especialmente por la inteligencia emocional. Pocos, todo hay que decirlo, consiguen aunar estas cartas.

En este planeta convive también el político kamikaze, generalmente este se autoinmola o bien por exceso de ambición o por desmedido celo por hacer de parachoques de su inoperante jefe de filas. En el primer caso su propia ambición es la que le rompe el saco, y en el segundo se lo acaba destrozando el rey de la manada.

Y siguiendo con el recuento llega el silente. Uno de los más peligrosos especímenes políticos. Sus pasos no se sienten, pero su detonaciones pueden estallar en el momento más inesperado contra aquel que ose ponerse en su camino.

También está el político chusquero que, por obra y gracia del Espíritu Santo y la conjunción interplanetaria de la vulgaridad, aparece en escena para convertirse en un profesional utilizando la picaresca. Sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, vive en esta jungla atiborrando sus cuentas de euros y poniéndolos a buen recaudo en Suiza.

Quizás el más conocido es el cacique pero sobran comentarios sobre la actuación de quienes construyen la telaraña para que por los siglos de los siglos se agarren a ella, padre, hijos, nietos y demás familia.

Ya en la cúspide nos encontramos con el líder anodino, rodeado de un buen equipo que tapa sus verguenzas, o el gran líder rodeado de una cúpula simplona. En este primer caso el líder anodino busca kamikazes capaces de inmolarse para tapar la ignorancia y carencias de 'number one'. En cuanto al segundo caso, el líder nato, inteligente, popular y coherente suele estar asistido en ocasiones por la mediocridad hecha persona. Evidentemente, si este último está ungido por la mano de la inteligencia de Goleman, y se apoya en los mejores, será no sólo el rey de la manada sino de los votantes.

Y en ellas estamos, no dejando escapar la joya de la corona. Al menos personalmente yo he encontrado alguno.

 

Gris, camaleón, adulador, conseguidor, kamikaze, silente, chusquero, cacique, anodino...
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