La gran ilusión de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez aclamado por los suyos.
Pedro Sánchez aclamado por los suyos.

Según el diccionario de la Academia Galega, «ilusión» podría definirse cómo «esperanza de conseguir algo a lo que se aspira o que se desea mucho» o «error de los sentidos o de la mente que consiste en tomar cómo real, o posible en el futuro, algo que no lo es».

La gran ilusión de Pedro Sánchez

El argumentario del PSOE marcaba en la regeneración y en la higiene democrática los motivos de una moción que golpeó a Mariano Rajoy y también a Ciudadanos. Pero lo cierto es que la sentencia de la Gürtel no aportó nada nuevo, y los números ya daban antes. ¿Qué pasó entonces?

El Pedro Sánchez que renació después del asesinato en el Comité Federal con el empuje de la militancia del PSOE tuvo que aguardar para hacerse con el control de la organización. Los números ya daban después de las dos convocatorias de elecciones generales, pero en aquellos momentos no disponía del control del partido. Ahora tiene que moverse. Tiene que tomar decisiones. O mantener la agenda compartida con sus socios de la coalición del 155, o apostar decididamente por un acuerdo de izquierdas que integre a los soberanismos. Nombramientos como el de Grande-Marlaska evidencian que, infelizmente, todavía no existe una decisión clara.

Los golpes de efecto de Pedro Sánchez son funcionales: la conexión con la onda feminista del 8-M en la formación de su gobierno, y todo lo vinculado con la recogida de refugiados muestra una ruptura con el pasado inmediato. Queda por ver si la imagen creada por Iván Redondo, cerebro de esta exitosa operación política, acerca cambios de fondo no sólo en políticas feministas o en el debate migratorio dentro de la Unión Europea, si no en las demandas materiales de la ciudadanía: pensemos en las movilizaciones en defensa de las pensiones y de las exigencias sindicales para derogar las recientes reformas laborales.

Para la izquierda, las guerras culturales no son una fortaleza a medio plazo. La derecha se siente más cómoda en esos marcos que en los debates sobre las condiciones de vida de la gente. O Pedro Sánchez consigue poner políticas que mejoren el día a día de la ciudadanía, o se verá atrapado en las movilizaciones y debates que pronto activará la derecha, como ya aconteció como elemento de desgaste contra J.L. Rodríguez Zapatero.

La asignatura pendiente más importante reside en establecer una cultura de cooperación en la izquierda. Las alcaldías de Manuela Carmena, Ada Colau, Xulio Ferreiro o Martiño Noriega evidencian que existen fórmulas de confluencia ciudadana percibidas como ganadoras por la ciudadanía. Pedro Sánchez no va a poder dirigirse nunca a un Gaspar Llamazares. No existe ya un espacio «a la izquierda» del PSOE, si no una disputa por la hegemonía del campo progresista que se va a mantener en los próximos años. El electorado progresista no entendería que esa falta de entendimiento volviese a dar oxígeno a PP y Ciudadanos.

Así llega la gran ilusión de Pedro Sánchez. El sueño materializado tardíamente de desalojar a Mariano Rajoy de Moncloa. Una pulsión de cambio que no entendería pasos atrás. Un remedio temporal al desangre electoral de la izquierda. Pero, sin asumir una agenda social avanzada y una lectura plurinacional del Estado, todo puede quedar en un mero espejismo. @mundiario

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