El Gobierno ignora el centenario del Desastre de Annual

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Las terribles imágenes de la derrota. / Mundiario.
Llama la atención que un Gobierno que gusta de reescribir la historia pase de largo en el centenario de un episodio como la derrota de 1921.
El Gobierno ignora el centenario del Desastre de Annual

Resulta sorprendente que un Gobierno tan dado a reescribir la historia haya pasado por alto, al menos hasta el momento, un mero recuerdo a los 13.000 soldados, de ellos unos 2.500 marroquíes al servicio de España, que perdieron la vida en la derrota de Annual, ocurrida hace 100 años, que tanto iba a influir posteriormente en los sucesos políticos del país y que, a la larga, precipitó, tras la dictadura de Primo de Ribera, la anulación de los efectos del expediente Picasso y la vergonzosa actitud Alfonso XIII y de los generales y oficiales incompetentes (pero también con ejemplos de dignidad y heroismo)  que, tras conducir a sus soldados a la derrota, en algunos casos los abandonaron e incluso compraron sus vidas a los rifeños.

El Archivo Histórico Nacional custodia en la Sección de Fondos Contemporáneos una importante documentación relativa a la guerra del norte de África en el año 1921. Entre ella es destacable el famoso “Expediente Picasso”, pero junto a él y de igual o mayor importancia se encuentran las causas que el Consejo Supremo de Guerra y Marina instruyó contra el Mando por los sucesos de la Comandancia General de Melilla en los meses de julio y agosto de 1921 y contra varios militares por la pérdida de Tizza en septiembre del mismo año. En la Dictadura de Primo de Ribera el famoso expediente desapareció, pero volvió a ser hallado durante la II República, para volver a aparecer milagrosamente en 1990, entregado al Tribunal Supremo, éste lo depositó finalmente en el archivo público donde se guardan los elementos esenciales de la historia de España.

El general de división Manuel Fernández Silvestre había sido nombrado comandante general de Melilla el 30 de enero de 1920, comenzando una serie de actuaciones militares con el fin de avanzar y asegurar las posiciones de la zona oriental del Protectorado español en Marruecos. Fernández Silvestre tenía como objetivo la toma de Alhucemas para lo cual en el mes de junio de 1921 realizó varias acciones encaminadas a ello y que dieron lugar a la pérdida del Monte Abarrán. Consecuencia de ello fue una creciente hostilidad en el espíritu de las comarcas ocupadas, así como un desaliento dentro de las tropas españolas. A ello se añadieron las dificultades de comunicación con los distintos puestos, lo que hacía que los aprovisionamientos no fueran regulares y que el abastecimiento de agua costara muchas bajas (las aguadas se hacían fuera de las posiciones, por lo que cada vez que se iba a buscar los tiradores rifeños abatían a los soldados españoles, hasta el extremo de que, en alguna posición, los pobres reclutas tuvieran que beber su propia orina)”.

El osario común y el cenotafio de Melilla.

El osario común y el cenotafio de Melilla. / Fernando Ramos. 

 

Los oficiales que abandonaron a sus soldados

Las cosas fueron de mal en peor al ir cayendo las posiciones, muchos oficiales abandonaron a sus soldados en los llamados “coches rápidos” y otros, como el coronel Aráujo Torres compraron su vida a los sitiadores, en tanto sus soldados eran degollados. El episodio se produce en la posición de Dar Quebdani, sitiada por los rifeños. El coronel Araujo Torres, el jefe de mayor rango presente, y sus oficiales deciden rendirse y pagar 5.000 pesetas a sus sitiadores por su vida y ordenan a sus soldados que dejen las armas. Estos lo hacen. Los asaltantes ocupan la posición y pasan a cuchillo a los inermes defensores que han sido abandonados por sus jefes.

La negligencia de los mandos del Ejército Español en todo este episodio alcanzó tales niveles, con terribles consecuencias que, por Real Orden de 4 de agosto de 1921 el ministro de la Guerra encomendó al general de división Juan Picasso González la incoación de una información gubernativa, conocida como “Expediente Picasso” que fue entregado el 18 de abril de 1922. Mientras se llevaban a cabo los procesos contra el Mando y los militares implicados en los sucesos de Melilla en 1921, las Cortes, durante la legislatura de 1922-1923, acordaron solicitar la información gubernativa instruida por el general Juan Picasso con el fin de exigir responsabilidades ministeriales, evaluar el grado de suficiencia de los tribunales militares y analizar el régimen político militar del protectorado en Marruecos. Pero todo lo paró el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923. No se retomó la investigación hasta la llegada de la Segunda República, cuando las Cortes Constituyentes nombraron una nueva Comisión de Responsabilidades. Todas las actuaciones fueron remitidas al Tribunal Supremo, pero ahí se acabó la historia a partir del golpe de Estado del 18 de julio, y del Expediente Picasso no volví a saberse nada.

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Prisioneros españoles tras la derrota. / Archivo 

Pero en esta historia hay otros elementos vergonzosos, como el hecho de que Alfonso XIII animara las ocurrencias del general Silvestre, que le era muy leal, como expresiones como ¡Olé los hombres!, o que mientras los soldados españoles morían en el Rif él rey se fuera a un balneario de putas de lujo que frecuentaba en Francia, por no decir su comentario sobre “qué barata está la carne de los cobardes”, que se le atribuye, cuando supo lo que el empresario vasco Horacio Echevarrieta pagara Abd el-Krim por el rescate de los prisioneros supervivientes.

La fosa común de Melilla

En el cementerio de Melilla un cenotafio recuerda a los soldados españoles que perdieron la vida en aquella campaña y sus restos yacen en una fosa común con una placa con los lugares de la derrota, donde fueron recogidos sus restos. Si han llegado hasta aquí, les diré que si puedo escribir este artículo se debe a que mi abuelo, el soldado de Infantería Luis Ramos Fariñas fue uno de los supervivientes porque estaba agregado al Regimiento Alcántara por sus conocimientos para curar las heridas y rozaduras del ganado y que se encontraba en retaguardia con los maestros herradores y pudieron llegar a Melilla milagrosamente, junto con otros 200 que se prepararon para resistir el asalto final. @mundiario

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